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Full text of "Doloras y poemas por Ramón de Campoamor. Con un prólogo de Elías Zerolo"


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DOLORAS Y POEMAS 

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I 



EXMO. S. D. R.\MÓN DE CAMPOAMOk 



DOLORAS 

Y POEMAS 



DON RAMÓN DE CAMPOAMOR 

De la Academia Española 

CON UN PRÓLOGO POR 

DON ELÍAS Z ERO LO 



Tomo I. — DOLORAS 

Décimánona edición 



parís 
librería de garnier hermanos 

6 — CALLE DES SAIXTS-PÉRES — 6 

1892 






Es propriedad 



N0V3 1972 

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CAMPOAiMOR 



De cuantos escritores han enriquecido con sus pro- 
ducciones la literatura española contemporánea, uno de 
los que más ha ocupado la crítica es el insigne autor de 
las Dolaras y de los Pequeños Poemas. Algunos volú- 
menes se podrían hacer con los juicios y análisis de sus 
obras publicados en revistas y periódicos y al frente de 
las numerosas ediciones de las mismas. 

Bien ha merecido nuestro autor tal cantidad de tra- 
bajos críticos, algunos recientes, por más que desde 
hace ya mucho tiempo sea por todos reconocido el 
mérito incuestionable de su obra poética y especial- 
mente de sus Doloras y Pegúenos Poemas. Pues aunque 
él mismo lo dude, creyendo que sus ideas políticas más 
ó menos conservadoras puedan empecer á las simpatías 
de una gran parte de los lectores, es lo cierto que 
todos, blancos y negros, ahos y bajos, reconocen y 
admiran sus privilegiadas dotes : es un poeta profundo 
y popular á la vez, que ha logrado formar escuela. 

Suele dejarse arrebatar el vulgo por unos cuantos 



VIH CAMPO AMOR 



golpes de efecto y algunos pensamientos intencionados 
ó atrevidos, sobre todo si halagan las ideas generosas 
que por lo regular constituyen sus aspiraciones, asi 
como aplauden los doctos lo sutil del ingenio y la 
riqueza de la forma y la delicadeza y originalidad de los 
pensamientos; pero si ambos, el vulgo y los críticos, 
coinciden en reconocer por largos años el mérito de un 
autor, es que el sentimiento y el análisis, el corazón y 
la cabeza hallan sus producciones humanamente perfec- 
tas. Campoamor ha tenido la suerte, para regocijo de 
las letras patrias, de vivir lo bastante para ver plena- 
ipente confirmado este juicio : el más alto galardón á 
que puede aspirar un escritor. 

Pero además del público español, existe al otro lado 
del Océano el que compone la gran familia hispano- 
americana, que habla nuestro idioma, que lee — y por 
cierto más de lo que se cree — nuestros autores más 
estimados y que, juez imparcial, sabe conceder el pre- 
mio de honor á los que á él se hacen acreedores. 
Público que, apartado de nuestras contiendas políticas," 
nada influyen éstas en sus juicios; aunque no le sean 
indiferentes, como tampoco á nosotros las suyas, que 
por algo pertenecemos á la misma familia. Allí unen en 
un mismo aplauso los nombres esclarecidos de Cánovas 
del Castillo y Pi y Margall, Menéñdez Pelayo y Caste- 
lar, Emilia Pardo Bazány Valera, Pereda y Pérez Gal- 



CAMPOAMOR IX 



dos, por no citar otros, y allí tiene en fin Campoamor 
entusiastas admiradores, allí es también popular. Por lo 
demás, nadie niega seriamente en España el talento al 
que de veras lo tiene, sean cuales fueren sus ideas poli- 
ticas ó religiosas. No es éste defecto que tenemos los 
españoles; el que si tenemos, y en grado heroico, es 
el de considerar nuestros hombres inferiores á muchos 
extranjeros, sin duda porque éstos, por regla general, no 
olvidan hacer el articulo para la exportación, como si se 
tratase de recomendar una pomada contra la cal- 
vicie. 

Mas la abundancia de estudios críticos y esta opinión 
general sobre las obras de Campoamor, ponen en serio 
apuro al que llega tarde á la liza, sin armas bien tem- 
pladas, y entra en ella como á la fuerza más que por 
espontáneo gusto. 

Tendrialo y grande el autor de estas líneas si algo 
nuevo supiese decir del poeta más original de España; 
no siendo así, ha de limitarse á pasar ligera revista á 
las críticas más notables que de las obras de Cam- 
poamor tenga á mano : hará como un inventario de 
opiniones ajenas. 

Pero antes no estarán demás someras noticias biográ- 
ficas de nuestro autor. 



CAMPOAMOR 



Nació el Exmo. señor don Ramón de Campoamor y 
Campoosorio en Navia, provincia de Oviedo, á 24 de 
setiembre del año 18 17. 

Joven aún y después de hacer algunos estudios de 
humanidades, pasó á Madrid en donde emprendió la 
carrera de medicina, casi á la par que comenzó á dar á 
conocer su genio poético en algunos salones particu- 
lares y en El Liceo y otros círculos literarios. 

Parece que luego abandonó la Medicina; y la Litera- 
tura, la Filosofía y la Política ocuparon su claro talento. 
Don Ramón ha estudiado mucho y estudia siempre; es 
uno de los españoles que más leen y lee y estudia de 
todo. Hará como unos seis años tuvieron los alumnos 
de Química de la Escuela de Farmaci-a de Madñd el 
honor de verle entre ellos, siguiendo cttmo el inás 
estudioso escolar las lecciones del Profesor; y hay 
quien dice que pasa largas horas en un laboratorio des- 
tilando jugos y haciendo experimentos. Extraña á la 
verdad ver á nuestro insigne poeta escribiendo una 
dohra mientras destila la retorta; pero no está solo en 
esto de heterogéneas aficiones. Recordemos al inge- 
niero Echegaray produciendo, tal vez entre el trazado 
de un puente y la memoria técnica de una fábrica, esas 
obras dramáticas que tanto dan que hacer á la crítica 
por sus maravillosas bellezas y grandes lunares. 

En lo que sin duda se ha ocupado y se ocupa más 



CAMPOAMOR XI 



Campoamor es en los estudios filosóficos. Prueba de 
esto algunos de sus libros y, puede decirse, todos 
ellos, que es dificil encontrar trabajo suyo, por ligero 
queá primera vista parezca, que no se halle informado 
por tales estudios. 

Fruto de sus aficiones políticas fueron, entre otras 
producciones, los artículos publicados en El Estado^ en 
polémica con Castelar sobre la fórmula del progreso; 
artículos reunidos más tarde en un volumen, del cual 
se ha hecho segunda edición '. 

Ha sido varias veces gobernador de Provincia, direc- 
tor general, consejero de Estado, diputado á Cortes, etc. 
Milita, como ya se ha indicado, en el partido conserva- 
dor, según él mismo dice' porque el hecho revolu- 
cionario le es «c insoportable por lo antiestéticamente 
con que se suele realizar. » No podemos resistir á la 
tentación de recordar al insigne poeta los siguientes 
versos de su dolora Las dos linternas : 



Y es que en el mundo traidor 
Nada hay verdad ni mentira; 



1 Polémicas con la Democracia ; segunda edición aumentada. 

2 Prólogo á los Pequeños Poemas, edic. de English y Gras, 
Madrid, 1879. Precioso estudio leído en el Ateneo de Madrid y 
en el cual el autor desenvuelve los fundamentos de su doctrina 
literaria. 



XII CAMPOAMOR 



Todo es según el color 
Del cristal con que se mira. 



Un crítico de notable ingenio, que dice muchas ver- . 
dades aunque á veces lo haga muy en crudo, y cuyos 
trabajos tanto se leen, dice que nuestro autor es con- 
servador por broma, la broma más pesada de las 
su3'as'. Quizá tenga razón el crítico: don Ramón no 
puede ser conservador de veras; ó por lo menos cuesta 
trabajo tenerlo por tal después de leer sus dolaras, y 
más aún, después de conocerle personalmente. Lo que 
es indudable es que la disciplina de partido, y cuenta 
que la del conservador tiene fama de rigurosa, no le 
impide llamar las cosas por su nombre. Dicese que en 
cierta ocasión, á alguien que le preguntaba por qué dis- 
trito había salido diputado, contestó : por Romero 
Robledo^. Y así era efectivamente. 

En 1862 ingresó Campoamor en la Academia Espa- 
ñola de la Lengua. 

Fara que el lector conozca mejor al hombre, trans- 



1 Los poetas en el Ateneo; por Clarín (D. Leopoldo Alas). 
Artículos publicados en la hoja literaria del diario El Día, 
abril, 1884. 

2 Ministro de la Gobernación entonces y amigo muy que- 
rido de don Ramón. 



CAMP0.1.M0R xm 



cribiré el magnifico retrato que de él hizo en la Revista 
Contemporánea el malogrado Revilla en uno de sus ini-. 
mitables bocetos literarios'. «Los que por ventura 
no conozcan personalmente á Campoamory juzguen al 
hombre por el poeta, quizá se imaginarán que el autor 
de las Dolaras es un personaje fúnebre y desesperado, 
de luenga barba, romántica melena y mirada fatal, devo- 
rado por los pesares, amargado por la duda y sumido 
en negra melancolía, fruto de agitada y tormentosa 
existencia. Nada menos exacto. Ese escéptico impla- 
cable tiene todo el plácido aspecto de un creyente. Es 
un hombre de edad madura, más bajo que alto, grueso 
y bien conservado, de mirada franca y leal, de frente 
espaciosa y serena, cuya boca no está plegada por 
el amargo rictus del dolor, sino por la más bona- 
chona de las sonrisas; cuya cabeza corona blanca 
'cabellera, que nada tiene de romántica, y cuyo rostro, 
agraciado y simpático en su conjunto, rodean unas 
blancas patillas de bolsista, que antes le dan expresión 
de acaudalado y satisfecho banquero, que de melenudo 
y tétrico poeta. En ese cuerpo, que casi parece el de un 
epicúreo, se alberga una alma bondadosa y dulce, un 



I Éste y otros excelentes trabajos se encuentran coleccio- 
nados en el libro publicado por el Ateneo de Madrid con e] 
titulo de Oirás de D. Mamtel de la Revilla, Madrid, 1883. 



XIV CAMPOAMOR 



carácter franco y jovial, un corazón sencillo, candido, 
casi infantil, y una poderosa inteligencia. Y esa alma y 
ese cuerpo viven sin pesares profundos, en medio de 
todas las satisfacciones del amor propio satisfecho, de 
los goces de la familia y de los atractivos del comfort. 
La suerte de ese escéptico pesimista, que de todo 
reniega, la envidiarían más de cuatro creyentes. « 

Revilla agrega, que una de las manías de don Ramón, 
consiste en enfadarse con todos los que no dan el 
nombre de doloras á las composiciones en que lo 
imitan. 



Veamos ahora al escritor y sus obras. Citaré á la 
ligera, antes de tratar de las doloras y pequeños poe- 
mas, sus demás producciones. 

En prosa ha publicado, además de la ya citada Polé- 
micas con la Democracia, El Personalismo, Lo Absoluto, 
La filosofía de las leyes, Elldeismo; su discurso de recep- 
ción en la Academia de la Lengua, La Metafísica limpia, 
jija y da esplendor al lenguaje, etc., etc. 

De obras dramáticas, con las cuales no siempre 
obtuvo los favores del público, tal vez por su carácter 
predominantemente subjetivo, pueden citarse Dies Ira, 
Cuerdos y locos. El Palacio de la Verdad, El Honor, etc. 

Obras suyas son también El drama Universal, 



CAMPOAMOR .ÍV 



excelente poema esmaltado de innumerables bellezas, 
el poema Colón, la Epístola Necrológica de D. Luis 
González Bravo, leída en la Academia, y un tomo de 
Pensamientos. De poesías sueltas, epístolas, fábulas y 
cantares, tiene copiosa colección, que no debe dejar de 
leer el que quiera admirar el flexible talento del gran 
humorista. 

Pero lo que le coloca sobre todo en primera línea 
entre los más eximios poetas españoles, lo que consti- 
tuye sólido pedestal de su gloria, son las doloras y 
pequeños poemas. 



¿Qué es una dolora? 

El mismo autor la define en carta' al conde de 
Revillagigedo, que dice así : 

« Mucho agradezco las lisonjeras expresiones con 
que califica usted las últimas producciones que he te- 
nido el honor de someter á su buen juicio, y con el 
mayor placer voy á dar á usted algunas explicaciones 
sobre la palabra dolora. 

» Dice usted que no le agrada el término dolora, 
porque como no le halla ninguna etimología, nada 



I Prólogo de la primera edición. 



XVI CAMPOAMOR 



revela á su razón, y que, por consiguiente, no tiene 
para usted más mérito que el de cualquier otro sonido 
informe. 

» Antes de contestar á esta observación, quiero en- 
terar á usted del género de poesía al cual aplico yo la 
palabra en cuestión. 

» Hace tiempo que deseaba ensayarme en una clase 
de composiciones en las cuales, así como en una semilla 
van contenidas todas las partes de un árbol, se reuniesen 
los principales atributos de la poesía lírica, uniendo la 
ligereza con el sentimiento y la concisión con la impor- 
• tancia filosófica. Como sucede generalmente, la ejecu-' 
ción no ha correspondido á la belleza del tipo que me 
había forjado en la mente; pero esto importa poco, 
pues si yo no he hecho más que formular de un modo 
imperfecto el pensamiento que acabo de indicar, otro 
vendrá detrás que más dichosamente reduzca á práctica 
lo que yo he tenido la desgracia de dejar sólo expuesto 
£n teoría. 

» Me dice usted que yo no he trazado ninguna senda 
nueva, pues ya ha habido escritores que en algunas de 
sus poesías reunieron las cualidades que yo creo indis- 
p ensables para constituir la dolara. 

» Efectivamente, algunas de las poesías ya escritas 
pertenecen por su concepto y por su expresión á esta 
clase de composiciones ; y sin pretender yo haber des- 



CAMPOAMOR XVII 



cubierto ninguna idea perdida en los abismos del pen- 
samiento humano, lo único que me he propuesto al 
escribir las Doloras ha sido reducir á sistema un género 
de poesía en el cual algunos autores sólo se han ensayado 
inconexa é incidentalmente. Creo que la poesía, por muy 
selecta que se ostente en sus formas exteriores, siempre 
debe tender á agrandar el catálogo de verdades conoci- 
das; y fundado en esta creencia, he escrito estas Dolo- 
ras, que, aunque sean muy imperfectas, se pueda decir 
de ellas para que sirva de base para su definición ulte- 
rior : — Que deben ser unas composiciones ligeras en 
su forma, y en las cuales indispensablemente tiene 
siempre que presidir un pensamiento filosófico. 

» Ésta es la historia del género de poesía. 

«Volvamos ahora á la historia de la palabra.— «; Qué 
signifi,ca dolora? » — me pregunta usted en el primer 
párrafo de su carta. Respuesta : — Significa una com- 
posición poética, en la cual se debe hallar unida la lige- 
reza con el sentimiento, y la concisión con la importancia 
filosófica. — « ¿ Y por qué significa eso ? » — vuelve 
usted á preguntar, suponiendo con acierto mi contes- 
tación. Respuesta : Porque yo quiero que lo signifique. 

» Hay un argumento que no tiene réplica, y se lo 
voy á presentar á usted porque resulta en mi abono. — 
Ó la dolora es un género nuevo de poesía, ó no- lo es. 
Si lo es, la palabra que signifique ese género tiene que 



XVIII CAMPOAMOR 



ser nueva enteramente; y en este caso, poco le debe 
importar á nadie que la palabra pertenezca al reino ani- 
mal, vegetal ó mineral, etc.; y si no lo es, tampoco hay 
nada perdido, pues cualquiera tiene derecho para dar á 
las dolaras un segundo bautismo, aplicándolas el nombre 
del género de poesía conocido al cual crea que perte- 
necen. 

)) Después de dicho lo que antecede, me parece 
superfino todo cuanto se pudiera añadir sobre este par- 
ticular. 

» Á pesar de todo, no dejaré la pluma sin hacerme 
cargo del fundamento que usted cree que yo he tenido 
para introducir esta malaventurada palabra. (Y á propó- 
sito, el asunto no merecía que un ingenio como el de 
usted se ocupase tan detenidamente en una cuestión 
tan insignificante.) — « Yo bien comprendo, dice usted, 
que á unas composiciones que, por muy ligeras que 
sean, por su tendencia filosófica siempre producen en 
el alma cierta clase de dolor, con un fiíndamento bas- 
tante plausible se las pueda llamar dolaras. » — Ya sabe 
usted que todos los que hemos respirado en nuestra 
niñez el purísimo aire de nuestras montañas, en gene- 
ral no sabemos más que decir la verdad, y por lo mismo 
me perdonará usted que le exprese con franqueza que 
la razón no me parece demasiado concluyeme, aunque, 
si á usted le gusta, me daré por muy servido con que 



CAMPOAMOR XIX 



esa explicación satisfaga en parte sus escrúpulos lite- 
rarios. 

» Últimamente concluye usted diciendo : — « ¡ Es 
imposible que la historia de esa palabra, aun cuando 
usted no quiera darme noticia de su verdadera etimo- 
logía, no tenga su origen en los misterios de su cora- 
~c'«/ » — Protesto contra la tendencia de esa observa- 
ción insidiosa, y reclamo el derecho que indisputable- 
mente me asiste para abroquelar mi alma tras el ante- 
mural del silencio, poniéndola al abrigo de las inopor- 
tunas observaciones que pretende usted hacer con su 
adorable suspicacia. 

» Sin embargo, á pesar de que los secretos de 
cierta clase, hasta procuro yo olvidarlos para no darme 
razón de ellos ni á mi mismo, la venialidad del senti- 
miento que usted procura sorprender en el fondo de 
mi corazón, me autoriza para que diga á usted cuatro 
palabras al oído sobre este asunto exclusivamente per- 
sonal. 

» Por consiguiente, bástala vista. Sólo me resta su- 
plicar á usted por el respeto que me inspira su talento, 
y por la amistad que sus inequívocas muestras de afecto 
han despertado en mi corazón, que jamás haga usted 
á nadie partícipe del secreto que piensa confiarle á 
usted su amantísimo paisano y verdadero amigo, 
que le quiere entrañablemente. — Campoamor. » 



XX CAMPOAMOR 



Vese pues que la dolora es una composición en la cual 
se deben hallar unidas la ligereza con el sentimiento y la 
concisión con la importancia filosófica. No puede ser más 
clara la definición del nuevo género poético. Y, sin 
embargo, pocos son los críticos que al tratar de la do- 
iora han dejado de definirla; aunque algunos no hayan 
hecho otra cosa que barajar algunas palabras, para venir 
á decir, poco más ó menos, lo mismo. Pero bien se 
comprende tal empeño en estudiar y desentrañar el 
sentido de dichas composiciones, fijando su verdadero 
alcance y tendencias : no á humo de pajas se han rego- 
cijado con ellas y las han aprendido de memoria dos 
generaciones. 

La dolora, dice don R. de Federico, es una « com- 
posición intencional, género mixto de anacreóntica y epi- 
grama, un juguete, en su maliciosa ingenuidad inquie- 
tante para las conciencias tímidas, que con los años ha 
ido adquiriendo madurez y se presenta hay con ropón 
filosófico^. » Y observa el marqués de MoUns : « Yo 
tengo para mí que tales poesías, sencillas como la ana- 
creóntica, ligeras como el madrigal, picantes como el epi- 
grama, no están empapadas en el vino de los banquetes 
como la anacreóntica, ni perfumadas de tomillo y mejo- 



I Prólogo de la sexta edición. 



CAMPOAMOR XXI 



rana como el madrigal, ni salpimentadas de mostaza 
como el epigrama; pero que conmueven como la oda, 
describen como el idilio y corrigen como la sátira" ». 
Y escribe Ruiz Aguilera después de analizar las ante- 
riores definiciones : « la dolora es una composición 
poética en la cual debe hallarse constantemente unida á un 
sentimiento melancólico, más ó menos acerbo, cierta im- 
portancia filcsófica^ y>. Viene luego Laverde Ruiz y 
dice que « es una composición didáctico-simbólica en 
verso, en que armonizan el corte ligero y gracioso del 
epigrama, y el melancólico sentimiento de la endecha, la 
exposición rápida y concisa de la balada y la intención 
moral ó filosófica del apólogo ó de la parábola'^ ». Y, en 
fin, Revilla, considerando la dolora como la forma más 
adecuada de la Úrica en nuestros días, la define : « una 
composición poética de forma épica ó dramática y de 
fondo lir-ico que en tono á la vei ligero y melancólico, expresa 
un pensamiento trascendental 4 » y en otra parte > hace 
la misma observación : que entre las doloras suele haber 



r Cita de Ruiz Aguilera en el prólogo de la octava edición. 

2 Prólogo de la octava edición. 

3 Juicio crítico de las Doloras (décima edición). 

4 Obras de D. Manuel de la Revilla, pág. 68. 

5 Principios generales de Literatura, Madrid, 1884, pág. 313. 



XXII CAMPOAMOR 



algunas puramente épicas, y otras verdaderamente dra 
maricas. 

Todas estas definiciones coinciden en el fondo; y 
aunque la del autor parece menos concreta que otras de 
las citadas, es, sin embargo, la que más satisface. Si 
como dijo Revilla la dolora es la forma más adecuada 
de la lírica en nuestros días — afirmación que me parece 
un tanto absoluta — necesario es que no sea estrecho el 
molde en que ha de fundirse. 

Por lo que respecta á los pequeños poemas también es 
el autor el que nos da más clara definición, diciendo 
que ha « querido dar forma á unas composiciones que 
reuniesen todos los géneros poéticos, desde el epi- 
grama y el madrigal, hasta la oda y la epopeya '. » 
Y añade que su procedimiento « que será bueno ó 
malo, pero que en él es idiosincrásico, ...es hacer de 
toda poesia un drama, procurando basar este drama 
sobre una idea trascendental y que pueda universali- 
zarse ». Afirma luego « que es menester poner las 
ciencias al servicio del arte, agrandando su esfera con 
esa magnifica irrupción de ideas, de frases y de giros 
que en forma de literatura prosaica, de filosoña y de 



I Prólogo á £os Pequeíws Poemas, ya citado, pág. XI. 



CAMPOAMOR XXIII 



ciencias naturales, van elevando cada vez más el nivel 
del espíritu humano. » 

Compréndese que si genios menos poéticos que el 
de Campoamor toman al pie de la letra sus preceptos, 
han de caer en graves errores y descaminos, arrastrados 
por la tendencia docente. De esto se halla libre el in- 
signe poeta que, como dijo Revilla « ha sabido dar á la 
doctrina docente una aplicación recta, y, reconociendo 
que la poesía no enseña ni puede enseñar, hase cuidado 
de vestir su pensamiento con formas originales y 
bellas para que de esta suerte sea atractivo y se difunda 
y popularice. » 



En cuanto á la manera cómo siente y se expresa 
nuestro poeta, veamos lo que ha dicho la crítica. 

El señor Menéndez Rayón, en la Advertencia á las 
eruditas notas con que ha ilustrado las Doloras, se 
expresa asi : « Es Campoamor un poeta de mucha va- 
riedad, pero poco propenso por carácter á la morbidez 
y á la blandura; describe con exactitud y concisión, 
narra con naturalidad y dialoga con energía; pocas 
veces peca por el argumento cuando no se inclina á la 
paradoja ; en la invención y composición es sobrio, y 
sus cuadros tienen una terminación feliz y bien gra- 
duada, el estilo es á menudo más nervioso que fluido, 



XXIV CAMPOAMOR 



severo y cortado más que dulce y rítmico, y sus perio- 
dos, concisos en demasía á veces, le quitan riqueza, 
abundancia y número ; pero si los versos no alcanzan 
siempre todas estas cualidades, sobresalen en cambio 
por el brío y por la sentencia. « 

«El estilo de las doloras, según Ruiz Aguilera, no 
se confunde con el de ninguno de nuestros poetas. 
Hablando de ellas uno de sus prefacistas, dice con mu- 
chísimo acierto : « El nuevo género se distingue por 
»una originalidad picante; esta cualidad suele rayaren 
» lo peligroso ; pero en Campoamor tiene aplicación el 
» canon del derecho marítimo : el pabellón cubre siempre 
» la mercancía, y el pabellón es en nuestro autor el 
» estilo. » Y es tan propio y peculiar, que quien haya 
leído algunas doloras con el nombre de Campoamor al 
pie, leyendo después otras del mismo anónimas, puede 
asegurarse que no las atribuirá á nadie más que á él. Si 
Campoamor se hubiese presentado con su libro como 
un filósofo ceñudo, hipocondriaco y gruñón, el lector 
más intrépido no hubiera podido pasar de las primeras 
páginas ; tantas y tan grandes son las tesis que en estas 
composiciones se plantean y desenvuelven ; pero están 
pérfidamente seductora su frase, su elegancia en el decir 
es, en general, de tan buen tono ; sorprende de tal modo, 
ya con la desenfadada causticidad de sus profundos apo- 
tegmas, de sus epigramas, de sus agudezas huraorísti- 



CAMl'ÜAMOK XXV 



cas, de SUS irónicas genialidades, cruelmente amables, 
ya con rasgos de ternura, casi siempre amarga, á la 
manera de Heine, que verdaderamente juega con el 
corazón del lector. El retruécano, el concepto y la antí- 
tesis — tres elementos exteriores de su manera — que 
en otro autor serían insoportables, yo los perdonaría 
en éste por el modo que tiene de usarlos, si mi perdón 
sirviese para que en lo sucesivo no fuera tan pródigo de 
ellos. » 

« Por lo que á nosotros toca, dice Laverde Ruiz, 
después de transcribir las opiniones de Menéndez 
Rayón y de Ruiz Aguilera, no sólo le perdonamos 
sus paradojas, antítesis, conceptos y retruécanos, sino 
que, por regla general, se los aplaudimos, pues con- 
tribuyen notablemente á la energía y claridad de su 
estilo, sin menoscabo de la naturalidad, ni aun de la 
sencillez, haciendo que las ideas hieran vivamente la 
imaginación de los lectores y se graben de un modo 
indeleble en su memoria. Quizá no haya existido un 
poeta más feliz en el empleo de las mencionadas formas 
de expresión, lo cual proviene, sin duda, de la exacta 
correspondencia que las mismas guardan con la índole 
de su ingenio y con la naturaleza de los argumentos 
sobre que escribe, tanto que, despojado de ella, nos 
parecería menos propio y natural su estilo. » 

Y Revilla escribe : « El alma y la vida del hombre 

b 



XXVI CAMPOAMOR 



individual y hombre colectivo, consideradas bajo los 
aspectos que más pueden interesar al filósofo, he aquí 
el único objeto de la inspiración de Campoamor. — 
Original en sumo grado, pocos poetas le aventajan en 
ingenio para escoger asuntos, y en fantasía para darles 
las más peregrinas é inusitadas formas. Esta condición 
explica uno de sus maj'ores méritos : el de saber con- 
vertir en materia poética los más abstrusos problemas 
de la ciencia; el de conmover é interesar con asuntos 
abstractos, difícilmente compatibles con las exigencias 
del estro poético; el de haber sabido crear una poesía 
didáctica y trascendental, por todo extremo amena y 
deleitable. Gracias á él, todos los problemas de la filo- 
sofía moderna, todos los sistemas más abstractos, desde 
el idealismo subjetivo de Kant hasta el idealismo tras- 
cendental de Schelling, han podido tener en el arte poé- 
tico la expresión que les es posible; gracias á él, la 
poesía ha expresado los más profundos y levantados 
pensamientos y ha difundido entre las gentes menos 
cultas las más importantes enseñanzas. » 

Y para concluir, pues no acabaría nunca si hubiera 
de citar á todos los críticos que han tratado de la mate- 
ria, Clarín, tal vez el campeón más esforzado de los que 
tiene en España la escuela naturalista ó realista — no me 
gusta reñir por cuestión de palabras — ha dicho : « Cam- 
poamor, un gran poeta, nuestro mejor poeta, es el que 



CAMPOAMOR XXVI) 



emprende en la lírica, en el género que parece á mu- 
chos idealista por naturaleza, el camino de la nueva 
vida literaria, el que baja á los abismos de la sociedad 
á conversar, como Cristo con los publícanos, con pre- 
sidiarios y rameras ; y esto sin mengua de los santos fue- 
ros de la verdad y sin mengua de las inmaculadas alas 
de la poesía. » En otra parte escribe, que Campoamor 
es el único poeta español, del cual se pueda decir que, 
en cierto sentido, en el de la sinceridad lírica y la pene- 
iración psicológica, se acerca al naturalismo. Referíase el 
autor de La Regenta, muy oportunamente, al poema 
Los Buenos y los Sabios, pero no cabe duda que puede 
extenderse tal opinión á otras muchas obras de nuestro 
poeta, sin que por esto pueda calificársele de natura- 
lista; como así mismo puede decirse que es el poeta 
español que escribe obras más humanas sin embargo 
del idealismo que machas veces las cubre con amplio 
ropaje. 



Pues bien, este innovador, este revolucionario — en 
literatura, por supuesto, — que se distingue por la ori- 
ginalidad; este gran poeta, nuestro mejor poeta, fué 
acusado de plagio hace algunos años; cuando ya hacía 
muchos que se le consideraba como el poeta original 
por excelencia. Campoamor se defendió elocuente- 



XXVm CAMPOAMOR 



mente y con mucha originalidad de tal acusación, y Valera 
demostró en interesantes y eruditas disquisiciones que 
si se consideraba á Campoamor como plagiario era pre- 
ciso tildar con la misma nota á todos los grandes poetas 
antiguos y modernos. 

Algún critico ha hecho la observación de que Cam- 
poamor había abierto este juicio contradictorio, para 
probar, por comparación con los demás poetas, que él 
era el escritor más original del mundo. 

Tema es éste de los plagios muy socorrido de ciertos 
críticos; cualquiera se figuraría, al verlos detenidos pa- 
cientemente rebuscando la paternidad de cada frase ó 
pensamiento secundario, que no son literatos sino 
polizontes. No se debe censurar á un escritor el uso de 
pensamientos ya expresados por otro si les ha dado 
forma más bella y expuesto con mayor claridad. ¡ Cómo 
si fuera cosa fácil decir algo nuevo ! A este propósito 
dice uno de los críticos más estimados, el señor Cañete ' : 
« Ni la originalidad ni la verdad son patrimonio 
exclusivo de ningún ingenio, por grande que sea. 
Todas las verdades, todos los caracteres, todas las 



I Escritores españoles é hispano-americanos, por D. Manuel 
Cañete. El duque de Rivas. El D.' D. Joaquín de Ol- 
medo : Madrid, 1884 (Colección de Escritores Castellanos)^ 
pág. 74-75- 



CAMPOAMOR XXIX 



pasiones, hasta la idea de todas las formas expresivas 
existen más ó menos vagamente en el mundo espiritual 
y son del dominio de todos los hombres. El que tiene 
bastante fuerza en si mismo para descubrirlas y formu- 
larlas apropiándose lo que le conviene, usa de un derecho, 
tanto más legitimo, cuanta mayor sea la parte de vida propia 
que comunique a los elementos ajenos de que se apodere... 
Lo que importa en esta materia no es saber si se ha 
tomado algo de otro, sino si se ha tenido la habilidad de 
asimilárselo... Todos los plagios del mundo juntos 
serán ineficaces para lograr que pensamientos extraños 
arraiguen y florezcan en una cabeza estéril. Por el con- 
trario, hasta reproduciendo á veces cosas ajenas se 
puede llegar á la originalidad, si se les presta el fuego 
invisible que las reviste de aquel inapreciable matiz 
signo seguro de belleza. » Lo mismo ha dicho Cánovas 
del Castillo no sé en donde : nadie tiene como suyo sino 
lo que ha dicho como nadie. 



Fáltame espacio para avalorar este trabajo con algunos 
trozos de las obras de nuestro poeta, que á la vez sir- 
vieran como prueba de las opiniones emitidas. Casi me 
alegro; así tendrá el lector que ocurrir á la colección 
inestimable de Dolorasy Poemas : hágalo, y no le pesará 
si acaso busca algo más que versos armoniosos. 



XXX CAMPOAMOR 



Por mi parte confieso que tengo grandísima prefe- 
rencia por las poesías de Campoamor al compararlas 
con obras análogas; y diré por qué, aunque sea una 
herejía literaria. Yo casi no puedo leer una composi- 
ción algo extensa sin que los dedos de plomo del sueño 
cierren mis párpados; ¡sólo Dios sabe cuánto me 
cuesta pasar la vista por una larga tirada de versos de 
los que nada dicen! Y esto me sucede con buenos poe- 
tas, con muchos de los mejores — de los malos no 
hablemos, — clásicos ó románticos, idealistas ó huma- 
nos, de la generación actual ó de la anterior y hasta con 
los del siglo de oro. Y si he de seguir diciendo lo que 
siento, creo que á muchos les pasa lo mismo con esas 
listas de adjetivos armoniosos. Con la poesía de Cam- 
poamor no me sucede así, porque me dice algo, porque 
sus versos van llenos de ideas, porque Campoamor, 
como ha dicho un vate ilustre ' dando á entender la 
misión de todo poeta, no canta como el pájaro en la 
seva, extraño á cuanto le rodea y siempre lo mismo. 
Cuidado que yo no niego la belleza de esa poesía pla- 
teresca que tanto priva, ni de esa otra que parece catálo- 
gos de bazar en verso : es cuestión de gusto' y de gustos 
no hay nada escrito. 



I Níiñez de Arce. 



CAMPO AMOR XXXI 



Si alguna persona, empezada la lecmra de este 
trabajo, ha tenido bastante paciencia para llegar hasta 
estas últimas lineas, perdone lo tosco del engarce de la 
obra en gracia de las limpias aguas de las piedras pre- 
ciosas que en él van engastadas. 

E. Zerolo. 
Farís, setiembre de 1885. 



DOLORAS 



PRIMERA PARTE 



I 
COSAS DE LA EDAD 



I 



SÉ que corriendo, Lucía, 
Tras criminales antojos, 
Has escrito el otro día 
Una carta que decía : 
— Al espejo de mis ojos. — 

» Y aunque mis gustos añejos 
Marchiten tus ilusiones, 
Te han de hacer ver mis consejos 
Que contra tales espejos 
Se rompen los corazones. 

I 



CAMPOAMOR 



» ¡Ay! ¡No rindiera, en verdad. 
El corazón lastimado 
Á dura cautividad, 
Si yo volviera á tu. edad, 
Y lo pasado, pasado ! 

» Por tus locas vanidades, 
¡ Que son, oh niña, no miras 
Más amargas las verdades. 
Cuanto allá en las mocedades 
Son más dulces las mentiras ! 

B ¡Y que es la tez seductora 
Con que el semblante se aliña, 
Luz que la edad descolora ! 
Mas ¿no me escuchas, traidora? 
(¡Pero, señor, si es tan niña!...) » — 



II 



« Conozco, abuela, en lo helado 
De vuestra estéril razón, 
Que en el tiempo que ha pasado, 
Ó habéis perdido ó gastado 
Las llaves del corazón. 

» Si amor con fuerzas extrañas 
Á un tiempo mata y consuela, 



DOLORAS 



Justo es detestar sus sañas; 
Mas no amar, teniendo entrañas, 
Eso es imposible, abuela. 

» ¿Nunca soléis maldecir 
Con desesperado empeño 
Al sol que empieza á lucir, 
Cuando os viene á interrumpir 
La felicidad de un sueño? 

» ¿Jamás en vuestros desvelos 
Cerráis los ojos con calma 
Para ver solas, sin celos, 
Imágenes de los cielos 
Allá en el fondo del alma ? 



» ¿Y nunca veis, en mal hora. 
Miradas que la pasión 
Lance tan desgarradora, 
Que os hagan llevar, señora, 
Las manos al corazón ? 

» ¿Y no adoráis las ficciones 
Que, pasando, al alma deja 
Cierta ilusión de ilusiones?... 
Mas ¿no escucháis mis razones? 
( ¡ Pero, señor, si es tan vieja !. . .) » 



CAMPOAMOR 



III 

— No entiendo tu amor, Lucía. 

— Ni yo vuestros desengaños. 

— Y es porque la suerte impía 
Puso entre tu alma y la mía 
El yerto mar de los años. 

Mas la vejez destructora 
Pronto templará tu afán. 

— Mas siempre entonces, señora, 
Buenos recuerdos serán 

Las buenas dichas de ahora. 

— ¡ Triste es el placer gozado ! 

— Más triste es el no sentido ; 
Pues yo decir he escuchado 
Que siempre el gusto pasado 
Suele deleitar perdido. 

— Oye á quien bien te aconseja. 

— Inútil es vuestra riña. 

— Siento tu mal. — No me aqueja. 

— (¡Pero, señor, si es tan niña!...^ 

— (¡Pero, señor, si es tan vieja!...') 



DOI.ORAS 



II 

GLORIAS DE LA VIDA 



¡ Al fuego, cartas de adorados seres, 
Por quien la sangre derramé viviendo ! 
Arded á impulsos de esa luz, y ardiendo, 
Con vos se extinga mi fatal pasión. 

¡Ved cuál la gloria de sus dulces rasgos 
Se lleva el aire en fútiles despojos ! 
¡No su partida lamentéis, mis ojos; 
Oiue humo las glorias de la vida son ! 

¡Al fuego, signos que sin fe trazaron 
Falsas mujeres que adoraba ciego ! 
Victoria, Octavia, Inés. . . ¡ al fuego ! ¡ al fuego ! 
¡ Maldita sea mi fatal pasión ! 

« i Nadie en el mundo como yo te adora ! » — 
¡Arda á su vez la que tan bien mentía! 
¡Ay! ¡quién, tal gloria al poseer, diria 
Que humo las glorias de la vida son! 



CAMPOAMOK 



¡Al fuego, enigmas de infernal sentido! 
i Digno sepulcro el desengaño os presta ! 
¡ Cuan bien mi madre me alejaba en ésta 
Del torpe error de mi fatal pasión ! 

« ¡ Huye — dice — el amor, porque su gloria 
Es pacto vil de la ilusión de un día, 
Y ai fin verás, alma del alma mía. 
Que humo las glorias de la vida son! » 



DOLORAS 



III 

VENTAJAS DE LA INCONSTANCIA 



Después de amarla, olvídala, ■ que el cielo 
La inconstancia al amor le dio en consuelo. 
(Patricio M. de Rayón.) 

¡Ay! anoche te escuché 
(El que escucha oye su mal), 
Cuando á otro hombre, por tu fe. 
Le jurabas te eternaL 

¡Imprudente! 
Nadie quiere eternamente; 
Que pase un mes y otro mes, 
Y me lo dirás después. 
Aunque nuestro amor fué extraño. 

Ya no lloro 
Ni mi engaño ni tu engaño ; 

Pues no ignoro, 
Que la inconstancia es el cielo 

One el Señor 
Abre al fin para consuelo 
A los mártires de amo; . 



CAMPOAMOR 



Después, ¡ingrata! ¿qué hiciste? 
¿Fué el ruido de un beso aquél? 
Bien te oí cuando dijiste : 

— « No hice otro tanto con él. » — 

¡Ay, Victoria, 
Cuan frágil es tu memoria ! 
Ruega á Dios que siempre calle 
Aquella fuente del valle... 
Si me engañas, ya antes, ducho, 

Te engañé; 
Porque aunque me amabas mucho. 

Yo bien sé, 
Que la inconstancia es el cielo 

. Que el Señor 
Abre al fin para consuelo 
Á los mártires de amor. 

Por último, ¡horrible paso! 
Dijiste, al partir, de mí : 

— « Es un. . . )) — ¡ Ah ! Mas, por si acaso, 
Lo dije yo antes de ti. 

Sí, gacela; 
Aquí, el que no corre, vuela; 
Lo que tú hoy de mí, yo ayer 
Dije de ti á otra mujer. 
Que los seres en amores 

Adiestrados, 
Todos son engañadores 



DOLORAS 

Y engañados; 
Pues la inconstancia es el cielo 

Que el Señor 
Abre al fin para consuelo 
A los mártires de amor. 

Adiós. Te juro leal, 
Por el que nació en Belén, 
Que nunca te querré mal. 
Si no te quise muy bien. 

Conque, adiós. 
Navia y julio á veintidós. 
Hoy por mí, y por ti mañana. 
¡Tal es la doblez humana ! 
Si te ama algún importuno, 

Ó imprudente 
Llegases tú á amar alguno, 

Ten presente 
Que la inconstancia es el cielo 

Que el Señor 
Abre al fin para consuelo 
Á los mártires de amor. 



CAMPOAMOR 



.IV 
LOS SOLLOZOS 



Si á mis sollozos les pregunto adonde 
La dura causa está de su aflicción, 
De un i ay ! que ya pasó, la voz responde : 

— « De mi antiguo dolor recuerdos son. » — 

Y alguna vez, cual otras iníelice, 
Que sollozo postrado en la inacción, 
De otro ¡ay! que aun no llegó, la voz me dice 

— « De mi dolor presentimientos son. « — 

¡Ruda inquietud de la existencia impía! 
¿Dónde calma ha de hallar el corazón. 
Si hasta sollozos que la inercia cría. 
Presentimientos ó memorias son...? 



DOLORAS 



V 
QUIEN VIVE, OLVIDA 



Que Ja dicha, si es colmada, 
Si nada turba el contento. 
Suele trocarse en tormento; 
Porque cansa al corazón 
Siempre una misma pasión, 
Siempre un mismo sentimiento. 

(El conde de Revillagigedo.) 



EL 



¡Cuánto amor, Adela mía, 

Aquí un día 
Me juraste y te juré ! 



ADELA 



Por cierto que fué en noviembre, 

Y en diciembre 
Me olvidaste y te olvidé. 



la CAMPOAMOR 



ÉL 

Allí grabé con pasión 

La expresión 
De que vivir es amar. 

ADELA 

Bajo expresión tan traidora, 

Graba ahora 
Que vivir es olvidar. 

ÉL 

Aun por ti mi amor se inflama. 

Porque el que ama 
Nunca olvida, si ama bien. 

ADELA 

No hagas de tu amor alarde. 

Que, aunque tarde, 
A gran amor gran desdén. 

ÉL 

Entre estas ramas, ¡ay triste! 

Me dijiste : 
— « No te olvidaré jamás. » — 



DOLORAS 13 



ADELA 



No acerté, en mi error profundo, 

Que en el mundo, 
Quien más vive, olvida más. 

ÉL 

¿Cuándo con locos extremos 

Volveremos 
Á amar con tan ciego ardor? 

ADELA 

Nunca, pues ya hemos sabido 

Que el olvido 
Sigue, cual sombra, al amor. 

ÉL 

¡Tiempos felices aquellos 

En que, bellos, 
Vivir era idolatrar! 

ADELA 

¡Quién entonces (¡pena fiera!) 

Nos dijera 
Que vivir es olvidar! 



14 CAMPOAMOR 



VI 

LAS DOS ALMAS 



— ¿Adonde vas, alma mía, 
Hacia ese mundo perdido? 

— Á ser alma de un nacido 
La Omnipotencia me envía. 

Y tú, alma mía, ¿ qué vuelo 
Sigues, ganando la altura? 

— Dejo á uno en la sepultura, 

Y voy caminando al cielo. 

— Puesto que subes, hermana, 

Y te hallo al bajar al mundo, 
Dime si es... — Un caos profundo. 
Que llaman cárcel humana. 

Prosigue, y no tan altiva, 
Hermana, bajes ahora; 



DOLORAS 

Porque vas, siendo señora, 
A ser del hombre cautiva. 

Que en él, con rumbo perdido. 
Sigue en loco devaneo. 
Cada potencia un deseo, 
. Y un gusto cada sentido. 

Pues de ansia de goces lleno. 
Busca el oído armonía. 
El paladar ambrosía, 
É impúdico el tacto, cieno. 

Así sus gustos sin calma 
Van los sentidos gozando. 
Mientras que á merced, flotando. 
Va de los suyos el alma. 

Y en rumbos tan desiguales, 

Y tan contrarios vaivenes. 
Si el alma delira bienes. 
Acosan al cuerpo males. 

Y amando el cuerpo la tierra, 

Y el alma adorando al cielo. 
Siempre están, en su desvelo, 
Carne y espíritu en guerra. 



J5 



l6 CAMPOAMOR 



— Pues si ya, el cielo ganando. 
Dejaste cárcel tan fiera, 

¿Por qué al aire, compañera, 
Vas esas lágrimas dando ? 

— Porque ha}^ hermana, en el suelo 
Seres que también se adoran, 

Y que, al dejarlos, se lloran. 
Como al dejar los del cielo. 

— Si el cielo que dejo escalas, 

Y al mundo voy que tú dejas, 
Llevemos, pues, tú mis quejas 

Y yo tu llanto, en las alas. 

Y al mundo adonde me alejo. 
Cuando le muestre tu llanto, . 
Muestra mis ayes en tanto 

Al cielo hermoso que dejo. 

Y ya que fatídico arde 
De mi cautiverio el día, 

Con Dios queda, hermana mía. 
— Hermana mía. El te guarde. — 



DOLORAS 



17 



VII 

NO HAY DICHA EN LA TIERRA 



De niño, en el vano aliño. 
De la juventud soñando, 
Pasé la niñez llorando 
Con todo el pesar de un niño. 

Si empieza el hombre penando 
Cuando ni un mal le desvela, 
¡Ah! 
La dicha que el hombre anhela, 
¿Dónde está? 

Ya joven, falto de calma. 
Busco el placer de la vida, 
Y cada ilusión perdida 
Me arranca, al partir, el alma. 

Si en la estación más florida 



l8 CAMPOAMOR 

Ko hay mal que al alma no duela, 
¡Ah! 
La dicha que el hombre anhela. 
¿ Dónde está ? 

La paz con ansia importuna, 
Busco en la vejez inerte, 
Y buscaré en mal tan fuerte 
Junto al sepulcro la cuna. 

Temo á la muerte, y la muerte 
Todos los males consuela. 
¡Ah! 
La dicha que el hombre anhela^ 
¿Dónde está?... 



DO LO RAS 19 



VIII 
LA VIRTUD DEL EGOÍSMO 



Si anoche no estuve, Flora, 
Á adorar tu talle hermoso, 
Es porque soy virtuoso, 
Y me da sueño á deshora. 

¡Pecadora! 
Ya le contaré á tu madre 
Que, porque amo mi quietud 

Y salud, 

Dijiste hoy á mi compadre : 

— ^^ ¡Qué egoísta es la virtud! » — 

¿Como he de ir con fe no escasa 
Á ver tus ojos serenos. 
Si hay cien pasos por lo menos 
Desde mi casa á tu casa? 

Y ¿qué pasa 

Al hallarnos frente á frente?... 



20 CAMPOAMOR 



¿Qué?... tú mientes sin guarismo; 

Yo lo mismo. 
El no ir, por consiguiente, 
¿Es virtud ó es egoísmo? 

Verbi gratia, el otro día, 
Al verte de mi amor harta, 
Puse un bostezo de á cuarta 
Entre un « paloma » y un « mía. » 

Es falsía 
La de bostezar amando; 
Mas si hoy, con más pulcritud 

Y quietud. 
No he ido á amar bostezando, 
¿Fué egoísmo ó fué virtud? 

Desde hoy no vuelvo á tu edén 
Á tomar, Flora, el sereno : 
Si es por egoísmo, bueno, 
Y si es por virtud, también. 

Sí, mi bien. 
Esto haré por mi salud. 
Aunque diga tu cinismo 

Que es lo mismo 
La gloria de la virtud 
Que el triunfo del egoísmo. 



DOLORAS 



IX 

PROPÓSITOS VANOS 



Niiuca te tengas por seguro en 
esta vida. 

(Kempis, lib. I, cap. xx.) 



— Padre, pequé, y perdonad 
Si en mi amorosa contienda, 
Se lleva el viento, á mi edad, 
Propósitos de la enmienda. 



EL CONFESOR 

— ¡ Siempre es viento 
Á esa edad un juramento! 
¿Qué pecado es, hija mía? 



22 CAMPOAMOR 



LA PENITENTA 

— El mismo del otro día, 

Y aunque es el mismo, id templando 

Vuestro gesto, 
Pues dijo ayer, predicando, 

Fray Modesto, 
Que es inútil Ja más pura 

Contrición, 
Si abona nuestra ternura 
Flaqueras del cora:(ón. 

Ayer, padre, por ejemplo, 
Tocó á misa el sacristán, 

Y en vez de correr al templo 
Corrí á la huerta con Juan. 

EL CONFESOR 

— ¡Triste don. 
Correr tras su perdición ! . . . 

LA PENITENTA 

— Sí, señor, mas don tan vil. 
De mil, lo tenemos mil. 
No hay niña que a amor no acuda. 

Más que á misa ; 
Que el diantre, á todas, sin duda. 



DOLORAS 23 

Nos avisa 
Que es inútil ¡a más pura 

Contrición^ 
Si abona nuestra ternura 
Flaque:^as del corazón. 

La verdad, tan poco ingrata, 
Con Juan estuve en la huerta, 
Que, como él mirando mata, 
Huí de él como una muerta. 

EL CONFESOR 

— i Dulcemente 
Fascina así la serpiente ! 

LA PENITENTA 

— ¡ No lo extrañéis, siendo el pecho 
De masa tan frágil hecho ! 
Si voy, cuando muera, al cielo 

(Que lo dudo). 
Ya contaré que en el suelo 

Nunca pudo 
Sernos útil la más pura 

Contrición, 
Si abona nuestra ternura 
Plaqueas del cora:^ón. 



24 CAMPOAMOR 



Y mañana, ¿ qué he de hacer, 
Padre, al sonar la campana, 
Si él me dice hoy, como ayer, 
« ¡Vuelve á la huerta mañana ! » — 

EL CONFESOR 

— ¡ Ay de vos ! 
¡Antes Dios y siempre Dios! 

LA PENITENTA 

— Es cierto, mas entre amantes, 
No siempre suele ser antes. 
Y, en fin, si de ser cautiva 

Me arrepiento, 
O me absolvéis mientras viva, 

Ó presiento 
Que es ifiútil la más pura 

Contrición, 
Si abona nuestra ternura 
Flaque:^as del cora^n. 



I) Ü L o R A S 



X 

LA CIENCIA DE LA VIDA 



Amargando tu existencia. 
De tu coraión en daño, 
Ya te enseñará esta ciencia 
El libro de la experiencia, 
Página del desengaño. 
(E. Florentino Sanz.) 

Seguid; veremos á qué luz impura 
Del porvenir el caos se ilumina. 

£L AGORERO 

— Mas ¿quién, desengañado, no adivina 
De la vida el horóscopo fatal ? 

Siempre en mi ciencia se predicen bienes. 
¡ Dios los da al hombre por amor profundo ! 
Después se augura un mal, porque en el mundo. 
Tarde ó temprano es infalible el mal. 

— Seguid. 



26 CAMPOAMOR 



EL AGORERO 

— Si á un triste le auguráis su estrella, 
Algún placer le auguraréis mintiendo; 

Que, aunque nuestro hado es espera?' sufriendo, 
La esperanza, aun sufriendo, es celestial. 

Y si su suerte predecís acaso 
Á los que mira compasivo el cielo, 
Hacedles ver que, en la orfandad del sucio, 
Tarde ó temprano es infalible el mal. 

— Seguid. 

EL AGORERO 

— Sabréis mi dolorosa ciencia 
Si grabáis en la mente con empeño, 

Que es el bien, por ser bien, sueño de un sueño. 
Que el mal, sólo por serlo, es inmortal. 
Que nunca falta una ilusión gloriosa 
Que alegre una existencia maldecida, 
Y que en la paz de la más dulce vida, 
Tarde ó tempraiw es infalible el mal. — 



DOLORAS 27 



XI 

VANIDAD DE LA HERMOSURA 



Á OCTAVIA 

Ni amor canto, ni liermosura. 
Porque ésta es un vano aliño, 

Y además, 
Aquél una sombra oscura. 

OCTAVIA 

— ¿No es más que sombra el cariño? 
— Nada más. 

Esas flores con que ufana 
Tu frente se diviniza, 
Ya verás 
Cuál son ceniza mañana. 



28 CAMPOAMOR 



OCTAVIA 

— ¿Nada más son que ceniza? 
— Nada más. 

Y en tu contento no escaso, 
¿Qué dirás que es un contento, 



Qué dirás ? 



OCTAVIA 

— ¿Nada más que viento acaso? 
— ¡Nada más, niña, que viento, 
Nada más! 



En la edad de las pasiones, 
Á vueltas de mil enojos. 

Hallarás 
Aire, sombras é ilusiones : 
¡Nada más, luz de mis ojos. 
Nada más! ... — 



DOLORAS 29 



XII 

VIVIR ES DUDAR 



Si vivir no es dudar, prenda querida, 

Decidme, en mal tan fuerte, 
¿ Es el fin de esta vida nuestra muerte, 
Ó es la muerte el principio de otra vida ? 

Porque es nuestra existencia 
Turbio fanal de inescrutable esencia; 

Pues cual luz mortecina, 
Sólo bordes de sombras ilumina. 

Siguiendo la esperanza, 
Quien la alcanza una vez, frágil la alcanza ; 

Si el aire sombra hiciera, 
Como la sombra de los aires fuera. 

Lloramos la partida 
De ésta que vuela inconsolable vida, 

2. 



JO CAMPOAMOR 



Y es en la humana suerte 

La vida el pensamiento de la muerte. 

Nuestros pérfidos cantos 
Preludios son de venideros llantos; 

Que es del dolor la puerta 
La que el gozo al pasar nos deja abierta. 

Hl mayor bien gozado 
Jamás es grande hasta que ya es pasado; 

Pues sólo en la memoria 
Es grande, al parecer, la humana gloria. 

Y en tan vil confusión, prenda querida. 
Nadie sabe inquirir, en mal tan fuerte. 

Si es el fin de esta vida nuestra muerte, 
O es ¡a muerte el principio de otra vida... 



DOLORAS ■ 31 



XÍII 
PODER DE LA BELLEZA 



¡Me caso! Yo, que odio eterno 
Siempre profesé á este paso, 
Como á un paso del infierno. 
Ya candidamente tierno... 
¿Podréis creerlo? ¡me caso! 

Y pues ya amo á una mujer 
(Siento decir que no miento), 
Justo es que cante, y lo siento, 
De la helle:(a el poder. 

Yo, que amante meritorio 
Llevé en España mi ardor 
De un jolgorio á otro jolgorio. 
Haciendo el don Juan Tenorio 
Con doncellas de labor, 

Hoy mi indómita cabeza 
A un vu^o al lin se somete : 



52 CAMPO AMOR 



Aquí dio fin el saínete. .. 
; Oh poder de ¡a belleza ! 

Yo, que canté á cualquier hora : 
« No me da pena maldita 
Si tu pecho i: o me adora; 
Que la mancha de una inora 
Con otra blanca se quita,» 

Peno por una mujer, 
Y (aparte) rabio de celos. 
;Á tanto se extiende, cielos, 
De la bel!e:<^a el poder ! 

Yo, que amé en la edad florida 
Cada cien días á ciento, 
\ Ya hace un mes que mi querida 
Es aliento de mi vida, 
Es la esencia de mi aliento! 

Un mes en mí de terneza 
Es de treinta años emblema; 
Es la vida... es el poema 
Del poder de la bellexa, 

¡ Con mi triste casamiento 
(Mis ex-amadas, mi ex-gloria), 
Ya nos arrebata el viento 
Tanto amor que ha sido historia» 
Tanta historia que fué cuento ! 



DOLORAS 33 

Mas tüdo es sueño, á mi ver, 
En esta vida traidora ; 
Sólo es real, á cuartos de hora. 
De la belle:^a el poder. 

¡Ya no os daré cantilenas. 
Jugando al toma y al daca, 
Pelo, anillos ni cadenas. 
Ni tantas cosas, tan buenas 
Para hacer nidos de urraca! 

Y á fe que es necia flaqueza 
Qué, ganando mil ventajas. 
Sólo estribe en zarandajas 
El poder de la belleza. 

Pues me caso, Satanás 
Haga á mi esposa, ó Dios la haga. 
No pedir cuentas de atrás; 
Pues si el que la hace la paga.., 
i Santo Cristo de Candas 1 

Si expiación llega á haber. 
Siendo, cual la muerte, fuerte, 
Es horrible, cual la muerte. 
De la belleza el poder. 

¡Dios! á quien ofendo impío. 
Dad á tanto error disculpa; 
Perdonad mi desvarío : 



34 CAMPOAMOR 

¡Por mi culpa, padre mío; 
Por mi grandísima culpa! 

No os venguéis de quien si empieza 
Cantando la palinodia, 
Loa en tono de salmodia 
El'poder de la bclle:(a. 

Desde hoy mis glorias de amante 
Se concretarán, Dios mío, 
Á tener en adelante 
Una mujer que me espante 
Las moscas en el estío. 

No extrañéis que cual placer 
El no ver moscas os nombre, 
Que á tal punto humilla al hombre 
De la belleza el poder. 

Hoy mi pecho, en conclusión, 
Pide perdón y perdona 
Á cuantos fueron y son... 
Desde Lisboa á Pamplona, 
Desde Sevilla á Gijón. 

Y hoy, en fin, mi bien empieza, 
Ó empieza mi mal acaso : 
De cualquier modo, ¡me caso! 
¡Victoria por la belleza! 



DOLORAS 35 



XIV 

TODO SE PIERDE 



Rosa, ¿conque perdiste 

La flor encantadora 
Que la noche te di de tu partida? 

Aunque la cosa es triste... 

La flor vaya en buen hora, 
Si fué sólo la flor, Rosa, perdida; 

Mas esto me convida 

(Perdona) á que recuerde 
Que en el mundo, mi bien, todo se pierde. 

Todo se pierde, ¡ ay ti iste ! 

De tu frente, antes pura, 
¡Baja, y verás con lágrimas tus ojos! 

Ya indócil se resiste 

Al corsé tu cintura; 
Sube al cuello después, y... ¡ay, qué despojoo! 

El ver seco da enojos, 



CAMPOAMOR 



Árbol que fué tan verde. 
/ Todo se pierde, si, todo se pierde ! 

De este pecho, tuyo antes, 

Perdí un día la llave, 
Y cuanto en él guardé, perdí con ella; 

Ilusiones amantes, 

Toda la villa sabe 
Que para ti guardaba, Rosa bella. 

Mas, ¡ cuan tarde mi estrella 

Hizo que al fin recuerde 
Que todo (¿no es verdad?), todo se pierde! 

I Qué fué de tu hermosura ? 
I Qué fué de mi terneza ? 

De a flor que te di, dime ¿qué ha sido? 
Perdióse la flor pura, 
Lo mismo que ( ¡ oh tristeza ! ) 

Mi amor y tu hermosura se han perdido. 
En el mundo es sabido 
Que, sin que uno se acuerde, 

/ Todo se pierde! ¡ oh Dios ! / iodo se pierde ! 



DOLORAS 37 



XV 
LA COMPASIÓN 



— Niña, ¿por qué, desvelada. 
Suspiras con tal empeño? 

— El por qué, madre, no es nada- 
Sólo me siento hostigada 

Por las quimeras de un sueño. 

— El rostro, niña, sepulta 
En la holanda, que el espanto. 
Viendo las sombras, se abulta. 

— Así derramaré, oculta 
Entre sus pHegues, mi llanto. 

— Pronto, la noche ahuyentando, 
Llamará el alba á la puerta. 

— Pues vendrá en vano llamando; 
Que si ahora duermo soñando. 
Después soñaré despierta. 

3 



CAMPOAMOR 



— ¡Ay, que si el mundo ve ya 
De una niña el mal profundo. 
Que es amor en decir da ! 

— Pues sus razones el mundo 
Para decirlo tendrá. 

— ¿Y en qué livianas razones 
Estriba el mal que te aqueja ? 

— En unas tristes canciones 
Que, de una lira á los sones. 
Alzaba un hombre á mi reja. 

Entré afligida en el lecho, 
Quedé traspuesta, y entonces 
Sonó un ruido á poco trecho, 
Que ¡cuál llagaría el pecho. 
Cuando ablandaba los bronces ! 

Desperté á oirle, y la lira 
No alegró la soledad; 
Y ahora mi pecho suspira, 
No sé si porque es mentira, 
Ó porque no fué verdad. 

— Mas ¿quién alzó las querellas ? 

— Soñé que era un peregrino. 
¡Ay de las tristes doncellas. 
Si al proseguir su camino 
Puso los ojos en ellas! 



DOLORAS 39 

— ¿Un peregrino, alma mía, 
Cantaba en llanto deshecho ? 

— Y soñé que era el que un día 
Buscó albergue en nuestro techo 
Por la tormenta que hacía. 

Nieves y cierzo arrostrando, 
Húmedos ya sus despojos, 
Vino á la puerta llamando ; 
Y yo se la abrí, mostrando 
La compasión en los ojos. 

— ¿De cuándo acá se te alcanza 
Recordar tal desacuerdo ? 

— Dejadme en mi bienandanza : 
¡Bella será una esperanza, 

Pero es muy dulce un recuerdo ! 

Aun me ocupa la memoria. 
Cuando la lumbre cercando, 
Entre ilusiones de gloria, 
Una historia y otra historia 
Me fué, amorosas, contando. 

Siempre en ellas se moría 
Uno que á su ingrato bien 
Como á sus ojos quería; 
Mas no me contó que había 
Hombres ingratos también. 



40 CAMPOAMOR 



Dióme, con chistes discretos 
Conchas, cruces y regalos, 
Y mágicos amuletos, 
Que por instintos secretos 
Daban pavor á los malos. 

Y los gustos de la vida 
Me ponderaba halagüeño. 
En plática tan sentida, 
Que, cual si fuese beleño^ 
Me iba dejando adormida- 

Y mi amante pesadumbre 
Prosiguió astuto aumentando. 
Hasta que el postrer vislumbre 
Débil lanzando la lumbre. 

Se fué la sombra espesando... 

— ¿Por qué entonces de su fuego 
Remora no fué tu calma ? 

— Creí sus perfidias luego, 
Porque acompañó su ruego 
Con un suspiro del alma. 

— ¿Y fuiste, al rayar el día. 
Su ruta, niña, á inquirir? 

— En vano fui, madre mía; 
Ya el sol derretido había 

La nieve que holló al partir. 



DOLORAS 41 

Corriendo desalentada 
Fui de lugar en lugar... 
— ¿Y qué hallaste, -desgraciada? 

— Al cabo de ia jornada 
Hallé el placer de llorar. 

— ¿Cuál genio, en tan triste día, 
Á escuchar su frenesí. 
Más ciega que él te impelía? 

— La compasión, madre mía... 

— Y.. . ¿quién la tendrá de ti ? 



42 CAMPOAMOR 



XVI 

CORTA ES LA VIDA 



Paróse, una voz sentida 
Cierto viajero escuchando, 
Y vio un ave que, rendida 
Al pie de un árbol, piando 
Triste exhalaba la vida. 

Y al ver que, al árbol querido 
Mirando desde la grama, 
Alzaba el postrer gemido 
Hacia la flexible rama. 
Que era el sostén de su nido : 

— « He aquí — dijo en su sorpresa 
La imagen de la fortuna : 
Vagando sin ley alguna, 
Al fin hallamos la huesa 
Al mismo pie de la cuna. » — 



DOLORAS 43 



Y alejándose al momento, 
Por templar su mal no escaso, 
Añadió en su pensamiento : 

— « ¿Cuánto las separa? — ¡Un paso! 

— -: Y qué media entre ambas ? — ¡Fietilof» 



44 CAMPOAMOR 



XVII 
VIRTUD DE LA HIPOCRESÍA 



No eres más sanio porqiie te 
alaben, ni más vil porque te 
desprecien. Lo que eres, eso 
eres. 
(Kempis, lib.ii, cap. VI.) 



Ya he visto con harta pena 
Que ayer, alma de mi ahiia. 
Mandaste colgar, Elena, 
De tu balcón una palma. 

Y, ó la palma no es el título 
De una candidez notoria, 
Ó no es cierto aquel capítulo 
En que habla de ti la historia. 

Pues dicen que hoy imprudente, 
Después que la palma vio. 



.DOLORAS 

Riéndose maldiciente 
Cierto galán exclamó : 

— « Mal nuestra honradez se abona 
Si nuestras virtudes son 
Cual la virtud que pregona 
La palma de ese balcón. » — 

Bien te hará entender, Elena, 
Esta indirecta cruel. 
Que ya es pública la escena 
Que pasó entre Dios, tú y él. 

Pues, al mirarte, embebido, 
Dice entre sí el vulgo ruin : 
— « Ya hay alientos que han mecido 
Las flores de ese jardín. » — 

Mas tú niega el hecho, Elena, 
Porque en materias de honor, 
Antes, el Código ordena, 
Ser mártir aiie confesor. 

Aunque á hablar de ti se atrevan. 
Siempre será necio intento 
Dudar de honras que se llevan 
Palabras que lleva el viento. 

3- 



4S 



4Ó CAMPOAMOR 

Da al misterio la verdad ; 
Que la virtud, en su esencia. 
Es opinión la mitad, 

Y otra mitad apariencia. 

Palma ostenta, pues es uso ; 
Que, aunque mentir no es prudente, 
Por algo Dios no nos puso 
El corazón en la frente. 

Nada á confesar te venza, 
Que engañar por el honor. 
Es en los hombres vergiicn:;^a, 

Y en las mu]txts pudor. 

Y si tu honor duda implica, 
No dudes que hay mil que son 
Cual la virtud que publica 
La palma de tu balcón. 



DOLORAS 



47 



XVIII 
EL CONCIERTO DE LAS CAMPANAS 



(para música) 

Por un nacido allí imploran, 
Y aquí por un fmterto lloran : 
Cuando allí tocando están 

¡Din don, din dan! 
Tocan aquí en bronco son : 

¡Din dan, din don ! 

Allí un vivo, y aquí un muerto. 
A tan monstruoso concierto, 
Labrando mis goces van, 

¡Din don, din dan ! 
Su tumba en mi corazón : 

¡Din dan, din don ! 



48 CAMPOAMOR 



¡Ay, cuan falsamente unida 
Va con la muerte la vida ! 
¡Qué inútil es nuestro afán ! 

¡Din don, din dan ! 
¡Qué breves las dichas son ! 

¡Din dan, din don I 



DOLO RAS 49 



XIX 
GLORIAS POSTUMAS 



A DON NICOMEDES PASTOR DÍAZ, CON MOTIVC DE 
LA FALSA MUERTE DE UNA AMIGA 



Aun el pesar me asesina 
De cuando aquí por muy cierto 
Se dijo de Carolina 
Que (¡Dios nos libre!) había muerto. 

El que menos, 
Con ojos de espanto llenos, 
« ¡Cuánto lo siento! », exclamaba.., 
Pero ninguno lloraba. 
El que se muere, Pastor, 

Ó se ausenta, 
Es cero que olvida amor 

En su cuenta. 
Los que esperan fe en muriendo, 

¡Cuánto yerran! 
Bueno ó malo, á lo que entiendo, 
Al que se muere lo cníicrran. 



so CAMPOAMOR 



No hay ser que, al « ¡Dios le perdone ! » 
Con que hace al muerto un regalo, 
Si es su enemigo, no entone 
El Libera nos á malo. 

Cantan esto 
Los que no aman, por supuesto; 
Porque los que aman muy bien, 
Dicen : Requiescat... Amén. 
Al que ama y no ama, igual pena 

Le acomete, 
Exceptuando alguna escena 

De saínete. 
Premio igual dan y reciben 

Los que quieren, 
Ya olvidando á los que viven, 
Ya enterrando á los que mueren 

Cuando más, los muy leales 
Nos recomiendan á Dios 
Con dos misas de á seis reales; 
Total, cuartos ciento dos. 

Y aun dos misas 
No son del todo precisas, 
Pues con una solamente 
Cubre un hombre el expediente..» 
¿Para qué, ansiando, vivimos 

Entre lloro, 
Y adquirimos y adquirimos 



DOLORAS 

Oro y oro... 
Si al fin un deudo allegado, 

Sin gemir, 
Entre un mal lienzo hilvanado 
Nos enterrará al morir? 

« Con tu ausencia y veinte reales, 
Un duro mi pecho gana. » 
Así calcula sus males 
Nuestra condición humana. 

¡Maldición 
Sobre tan vil condición ! 
¿No hay más deudos ni parientes 
Que las muelas y los dientes ? 
¡Ay ! di á tu amiga, Pastor, 

Que, si muere. 
De nadie gloria ni amor 

Nunca espere ; 
Pues llenando el ataúd 

Do le encierran. 
Con amor, gloria y virtud, 
!Al que se muere lo entierran I 



St 



52 CAMPOAMOR 

XX 

VIVIR MURIENDO 



Vivit, et est vita tiescius ipsa siue, 
(Ovidio.) 

Al nacer me recibieron 
La vida y la muerte en brazos; 

Y al ver tan opuestos lazos, 
Con torva faz prorrumpieron : 

— « ¿Qué buscas aquí, perdida? » 
Dijo á la vida la muerte. 

— « ¿Nació para ti, por suerte? 
Dijo á la muerte la vida. 

— « Dios, á mi eterna morada, » 
Responde aquélla, « le envía. » 

— « Soy, para entrarle en la mía, » 
Dice ésta, « de Dios enviada. » 

— « Pues vuelva al seno de Dios, 

Y su justicia decida 

Si es de la muerte ó la vida, » — 
Claman á un tiempo las dos. 



DOLORAS 33 



Y haciendo, audaz cada una, 
Presa en el mísero infante, 
Lleno de llanto el semblante . 
Me levanté de la cuna. 

Entre ambas camino incierto, 
Dudando mi fantasía 
Si antes de nacer, vivía, 
Ó si es que, al nacer, he muerto. 

Los que en la vida fui dando 
Desde mis pasos primeros. 
Cual dados en sus linderos 
Los fué la muerte contando. 

Camino, y en mal tan fuerte. 
La mente desvanecida, 
Nombra desvelo á la vida, 
Y llama sueño á la muerte. 

Ponen, con locos empeños, 
Mis sufrimientos á prueba. 
Desvelos, si el sol se eleva, 
Si se alzan las sombras, sueños. 

Y así van el alma mía 
Sueño y desvelo asediando, 
Uno tras otro pasando. 
Como la noche y el día. 



54 CAMPOAMOR 



Si de la vida, por suerte, 
El breve término dejo. 
Conmigo doy sin consejo 
En el confín de la muerte, 

Y á veces tan dulces lazos 
Forman la muerte y la vida, 
Que una en otra confundida. 
Van una de otra en los brazos, 

¿Si en mi ataúd, por fortuna, 
Daré mi primer vagido, 
O por fortuna habrá sido 
Lecho de muerte mi cuna ? 

Si he muerto al nacer, por suerte, 
¿A qué me asedia la vida? 
Y si ésta aun no está cumplida, 
¿ Por qué me sigue la muerte ? 

¿A dónde, en tan ciego abismo, 
Voy tras de ensueños que adoro. 
Tanto, que entre ellos ignoro 
Si sombra soy de mi mismo ? 

¡ Sacadme ya, Dios clemente. 
De un abismo tan horrendo, 
O eternamente muriendo, 
Ó viviendo eternamente ! 



DOLORAS 55 



XXI 
NADA DE NADA. — NADA POR NADA 



Por cosas de este mundo 

Nunca te apures. 
Que no hay mal que no acahe, 

Ni bien que dure. 

(Cantar.) 



— Nada me importa. — Al sentimiento extraño, 
Ni en el bien gozo, ni en los males peno ; 

Si ahogo en el « no importa » el propio daño, 
Sepulto en un « ¡paciencia! » el daño ajeno. 
Esperando mi mal, mi bien engaño ; 
Paso lo malo en aguardar lo bueno; 
Y así, el alma en sí misma sepultada. 
Da d habido y por haber — nada de nada. 

— Me es todo igual. — Nada el placer me importa, 
Ni al hosco aspecto del dolor me irrito. 

Si el mal la senda de mi vida acorta. 
Prorrumpo sin rencor : — Estaba escrito. 



^6 CAh[POAMOR 



Cuando sus iras mi destino aborta, 

— Buen semblante á mal tiempo, — me repito; 

Y así, cerrando á la pasión la entrada, 
Grabé en mi corazón : — Nada pomada. 

— Nada me importa. — Que daré no ignoro . 
Sepulcro al bien y al mal en mi indolencia. 

Sé que mi amor han de curar, si adoro. 
El tiempo, el gusto, otro placer, la ausencia. 
La presunta ilusión templa mi lloro; 
Amarga mis delirios la experiencia; 

Y de afectos en lid tan encontrada, 

Es lema de mi íe : — Nada de nada. 

— Me es todo igual. — Como insaciable hiena 
Me hiere el desengaño carnicero, 

Pero en mi herida, sin placer ni pena. 

Sepulcro doy al universo entero. 

¡ Oh vida inútil, de pesares llena ! 

¡ Oh estéril mundo, donde el bien no espero ! 

Pues os debo esta fe desesperada, 

— Nada de nada — os doy ; — nada por nada. 



DOLORAS 



57 



XXII 

VAGUEDAD DEL PLACER 



— « Al que antes cumpla su anhelo, 
Logrando la dicha extrema 
De dar á su sien diadema 
Hecha de luces del cielo. » 

Así una turba ligera 
De niños baja diciendo, 
Tocadas del Iris viendo 
Las aguas de una pradera. 

Siguen el monte esquivando, 
Y crece su empeño loco. 
En tanto que, poco á poco, 
Va el Lis su luz mensiuando. 



58 CAMPOAMOR 



Y cuando de su ornamento 
Creían la sien orlada. 
Vieron su luz disipada 
Como fantasma en el viento. 

— ¿ Cómo es ? — desde el monte erguido 
Preguntan cuantos los miran; 

Y alzan los ojos, suspiran, 

Y les responden : — ¡Ya es ido! — 

— ¡Mentira! — bajan diciendo 
Los que ven clara su lumbre, 

Y en tanto ganan la cumbre, 
Mustios los otros subiendo. 



n 

Porque sus lindos reflejos 
Son, al tocarlos, ficciones. 
Cual son de cerca ilusiones 
Las que venturas de lejos. 

El Iris, siempre inconstante, 
Se va mostrando inseguro, 
Á los que bajan, oscuro, 
Y á los que suben, brillante. 



DOLORAS 59 

— ¿Cómo es? — en ronco alarido 
Gritan los antes burlados; 

Y los de ahora, extasiados. 

Tristes responden : — / Ya es ido!! - 

— ¡Mentira! — dicen bajando 
Los que poco antes mintieron; 

Y á los de abajo se unieron 
Prestos el monte esquivando. 



III 

Juntos con pueril anhelo 
Se abitan con ansia ardiente, 
Corriendo de fuente en fuente. 
Tras los matices del cielo. 



Y todos, dando á cual más 
Gusto á su pecho anhelante. 
Unos gritan : — ¡Adelante! 

Y los de adelante : — ¡Atrás! 

Y así, sin orden ni guia, 
Aquí y alH discurrieron, 

Y ni allí ni aquí le vieron, 

Y en todas partes lucia. 



6n CAMPOAMOR 



Y al verle desvanecido, 
Con más vergüenza que enojos, 
Vueltos al cielo los ojos, 
Exclaman todos : — ¡Ya es ido!!! 



IV 

Así en eterno cuidado, 
Aquí y allí nuestro intento 
Corre fugaz por el viento 
Tras un placer nunca hallado. 

Que el hombre, en su desacuerdo. 
Llama, al verle en lontananza. 
Si es delante, una esperanza, 
Y si es detrás, un recuerdo. 

Y aun no marcó en su sentido 
El gusto una vana huella. 
Cuando, imprecando su estrella, 
Suspira y dice : ¡ Ya es ido ! 



DOLORAS 6l 



XXIII 

ÚLTIMAS ABJURACIONES 



¡Voy á morir! Prenda del cuma mia, 
Este el centón de mis quimeras es; 
Leed, leed, y de la gloria impía 
De tanto error abjuraré después. 

EL HIJO {leyendo) 

— « Cuna de rosas, al nacer, hallamos. » 

EL PADRE 

/ Mentira ! Abrojos al itacer nos dan. 

EL HIJO 

— « Rosas, la vida al comenzar, hollamos, a 

4 



02 CAMPOAMOR 



EL PADRE 

— ¡Falso ! Los pies por entre abrojos van. 

¡Voy á morir! Las bárbaras memorias 
Que el fin amargan de mis horas ved : 
¡ Cúmulo abyecto de entrañables glorias! 
Leed, por Dios, y escarmentad; leed. 

EL HIJO 

— « Su vida el hombre de ilusiones puebla. » 

EL PADRE 

• — / Ay ! Necio error á la ilusión llamad. 

EL HIJO 

— « Huye la edad de la razón cual niebla. » 

EL PADRE 

— ¡Horror! ¡Pasad, horas sin fin, pasad! 

j Voy á morir I De nuestra vida escasa, 
Pasa en engaños la primer mitad; 
La otra mitad en desengaños pasa : 
¡Nunca olvidéis esta cruel verdad! 



DOLORAS 63 

EL HIJO 

« ¡ Triste es dejar del mundo la presencia ! » 

EL PADRE 

¡Mundo, os doy ledo mi postrer adiós! 

EL HIJO 

« Perece el bienestar con la existencia. » 

EL PADRE 

¡ Muerte, del hombre el bienestar sois vos! 



64 CAMPOAMOR 



XXIV 

QUIEN MÁS PONE, PIERDE MÁS 



Es la constancia una estrella 
Oiie á otra hi:( más densa muere, 
Pues quien más con ella quiere, 
Menos le quieren con ella. 

Este refrán que te canto, 
Tiene, amor mío, tal arte, 
Que su verdad á probarte 
Con una conseja voy. 

Fué una niña de quince años 
El duende de esta conseja, 
Y aunque la niña 3'a es vieja. 

Aun dice entre angustias hoy : 



DOLORAS 6s 

Que es la constancia una estrella 
Que á otra lux_ más densa muere, 
Pues quien más con ella quiere, 
Menos le quieren con ella. 

Tuvo la niña un amante 
Á quien, idólatra, un día, 
— Te he de querer — le decía — 
Hasta después de morir. 

Y si con Dios avenida, 
Corta mi aliento la muerte, 
Dejaré el cielo por verte. — 
Tal dijo, sin advertir 

Que es la constancia una estrella 
Que á otra lu:^ más densa muere, 
Pues quien más con ella quiere, 
Menos le quieren con ella. 

Murió la niña, y cumpliendo 
De su antiguo amor los gustos, 
Dejó el país de los justos, 
Y al mundo el vuelo tendió; 

Y cuando alegre á su amante 
Con alas de ángel cubría. 



66 CAMPOAMOR 



— ¿Ves cuál dejé — le decía — 
El cielo por ti ? — Mas, ¡ oh ! 

Que es la constancia una estrella 
Que á otra lu:^ más densa muere. 
Pues guien más con ella quiere, 
Menos le quieren con ella. 



Durmió el ángel á su lado; 
Y, de otra esfera anhelante, 
Sus alas cortó el amante 
Y en ellas al cielo huyó. 

Y al encontrarse la niña 
Víctima de un falso trato, 
Llorando vio que el ingrato, 
Subiendo al cielo cantó : 

Es la constancia una estrella 
Que á otra lu:{ más densa mucre, 
Pues quien más con ella quiere. 
Menos le quieren con ella. 



DOLORAS 67 



XXV 

ADIÓS PARA SIEMPRE 



Á CAROLINA 

Porque no infiel juzguéis á mi memoria, 
Aunque os digo por siempre al huir de vos, 
La eternamente lamentable historia 
\'^ais á escuchar de mi primer adiós. 

« Era una niña, como vos, afable. 
Lozana, y pura y celestial cual vos. » 
¡ Quién, al dejar á un ser tan adorable, 
Podrá decirle : ¡Para siempre adiós! 

« Partí... y la fama me contó su muerte. » 
¡ Guárdeos el cielo de su suerte á vos ! 
Y al recordar su abominable suerte. 
Dejad que os diga: ¡Para siempre adiós! 

Pues siempre, herido de dolor tan fiero. 
Desde aquel día, como ahora á vos, 
Á cuantos seres con el alma quiero, 
¡Adió<:, les digo, para siempre adiós! 



68 CAMPOAMOR 



XXVI 

BENEFICIOS DE LA AUSENCIA 



Agur, Irene; hasta cuándo, 
No te lo podré decir; 
Por Dios que al verme llorando, 
Ganas me dan de reir. 

¡ Quién creyera, 
Flor de mi natal ribera, 
Que si lloro á los dos pasos, 
xMe reiré á los tres escasos ! 
Esto me recuerda, Irene, 

Que algún día 
Leí contigo una Higiene 

Que decía 
Que, conforme á la experiencia 

De un doctor, 
Es íin bálsamo la ausencia 
One cura males de amor. 



DOLORAS 69 

Ya te escribiré, mi bien, 
Cuantas penas me atormenten, 
Aunque, á ojos que no ven, 
Cora^^ones que no sienten. 

¡Qué infinito 
Será tu amor... por escrilo! 
Mas dice santo Tomás 
Que ver y creer, y no más. 
Este refrán no te corra. 

Advirtiendo 
Que el tiempo todo ¡a horra, 

Y sabiendo 

Que, conforme á la experiencia 

De un doctor. 
Es un bálsamo la ausencia 
Que cura males de amor. 

— i Qué yertas son las francesas ! — 
Te diré todos los días; 
— ¡Qué heladas! — si son inglesas, 
Y si italianas, — ¡ qué frias ! — 

Y entretanto 

Mil y mil serán mi encanto. 
j Ay, cubren tanta ficción 
Las alas del corazón ! 
Hermosa Irene, ten calma; 

(i Por qué lloras? 
No llores, prenda del alma, 



70 CAMPOAMOR 



Pues no ignoras 
Que, conforme á la experiencia 

De un doctor. 
Es un bálsamo la ausencia 
Que cura males de amor. 

Parto por fin, ya amanece; 
Adiós, alma de los dos; 
Ruega á Dios que no tropiece 
Por esos mundos de Dios. 

Si hoy te adoro 
Con la obstinación de un moro. 
Tal vez me ablande mañana 
El fuego de otra cristiana. 
Si, que aunque este amor es cierto, 

¡Ay! presumo 
Que el amor de un ido ó un muerto. 

Siempre es humo; 
Pues, conforme á la experiencia 

De un doctor, 
Es un bálsamo la ausencia 
Que cura males de amor. 



DOLORAS 71 



XXVII 

EL AMOR INiMORTAL 



¡ Atrás ! que ya los altares 
Velan las sombras profanas; 
Y al vulgo de estos lugares, 
Lo llaman á sus hogares 
Con su oración las campanas. 

¡Atrás! y no en loco tema 
Traigas, revuelta en la falda, 
Símbolo de tu fe extrema, 
Esa florida guirnalda 
De tus amores emblema. 

Torna, loca, á tu alquería, 
Porque si bien lo contemplo, 
Es necio, por vida mía. 
Dejarme así cada día 
Lleno de hierbas el templo. 



CA.'II'OAMOR 



— He de ver su sepultura, 
Pese á sus iras crueles, . 
Pues bien nos predica el cura 
Que nunca el Dios de la altura 
Cierra su casa á los fieles. 

— Así te azucen traidores 
Alguna vez sus mastines. 
Por tus ofrendas de amores, 
Los dueños de los jardines 
En donde robas las flores, 

Y pues que en tal desacierto 
Sigues con cordura poca, 
Quédate ahí; y ten por cierto 
Que gana muy poco un muerto 
Con la oración de una loca. — 

¡ Cuitada, que en su quebranto 
No halla en la tierra consuelo, 
Lo busca en el cielo santo, 
Y sordo también el cielo 
Las puertas cierra á su llanto! 

Huye, niña, que á esa puerta. 
Entre nocturnos reflejos. 
Pareces ya de una muerta 
La sombra que vaga incierta 
Llorando gustos añejos. 



DOLORAS 7? 

Huye, que de amor ajena, 
Como á imagen de la muerte. 
Llamándote el alma en pena, 
De horror la comarca llena 
Cierra las puertas al verte. 

¡ Pobre loca, que en su intento, 
Sin que de su afán se corra, 
Ama con ardor violento 
Memorias que el tiempo borra. 
Cenizas que lleva el viento ! 

¡Oh, muy loca es quien no ha oído. 
Porque escarnecerla puedan. 
Que en este mundo fingido 
Sólo pagan con olvido 
Á los que van, los que quedan I 



74 C A M P O A M O R 



XXVIII 

BUENAS COSAS MAL DISPUESTAS 



EPÍSTOLA Á EMILIA 
(sátira contra el género humano) 

Verdadera miseria es vivir en la 
tierra. Cuanto el hotnhe quiere ser 
más espiritual, tanto le será más 
amarga la vida; poi-que siente me- 
jor, y ve viás claro los defectos de la 
corrupción humana. 

(Kempis, lib. I, cap. xxii.) 
INTRODUCCIÓN 

Del hombre, Emilia, las virtudes canto, 
Aunque al hombre al cantar, siempre sin calma, 
Cayendo está sobre mi risa el llanto. 

Dicen que Ueva la moral la palma 
Con el físico el alma comparando; 
Mas tan ruin como el cuerpo tiene el alma. 



DOLORAS 75 

Perdonad mi opinión los que llamando 
Al hombre la mejor de las conquistas, 
Un culto le rendís; ¡culto nefando! 

Hablo con vos, ilusos moralistas; 
Con vos, factores de virtudes, hablo, 
Que en el hombre miráis cosas no vistas. 

Vos, alzando un aurífero retablo, 
Ponéis al hombre en preeminente nicho. 
Siendo digno de altares como el diablo. 

Vos, que le amáis por bárbaro capricho, 
Sois, su hipócrita instinto disculpando, 
Más hipócritas que él : lo dicho, dicho. 

' Vos, al hombre en vosotros adorando. 
Vivís, amantes de vosotros mismos, 
La humanidad falaces incensando. 

¡ Huid, con tan revueltos silogismos, 
Á la luz con que alumbro, temerario, 
Del corazón los múltiples abismos ! 

Derrocad por pudor vuestro escenario, 
Ó, agitado á mi voz el pueblo, arguyo 
Que os romperá en la frente el incensario. 



76 CAMPOAMOR 



Mas ya de vos, sin ahuyentaros, huyo, 
Porque altivo desprecio á los histriones, 

Y en santa paz mi introducción concluyo : 

Cuando, cual don de sus mejores dones. 
Dios hizo al hombre, le adoptó por hijo, 

Y en su afán le colmó de bendiciones. 

Y en cuanto al hombre su Señor bendijo, 
— Si ennobleces con esto tu existencia. 
Serás mi ser más predilecto, — dijo. 

Y en prueba de inmortal munificencia, 
Echó á sus pies con paternal contento 
La fe, el amor, la gloria, la conciencia, 

El honor, la virtud, el sentimiento. 



EL SENTIMIENTO 

¿Qué dirás que hizo el hombre, aun inocente, 
Al verse de virtudes opulento? 
(No te rías, Emilia.) Lo siguiente : 

Al sentimiento se acercó al momento, 
Y echando al corazón en hora mala. 
Se colocó en la piel el sentimiento. 



DOLORAS 77 

La aprensión, vive Dios, no fue tan mala. 
Porque en su alma el dolor jamás se ceba, 
Pues siempre fácil por su piel resbala. 

Así el dolor de la más triste nueva. 
Si un aire se lo trae, cuando pasa, 
Otro aire, cuando pasa, se lo lleva. 

Y así el alma, en sentir, es tan escasa, 
Cuando antes por la piel el sentimiento 
Con ímpetus brutales no traspasa. 

¡Ay! ¡Por eso se olvidan al momento 
El muerto padre, que á llorar provoca. 
La ausencia de un amigo, y de otros ciento 1 

Y así al alma en su fondo nunca toca. 
La lumbre de unos ojos que se inflaman. 
El regalado aliento de una boca. 

Y por eso nunca oye á los que le aman. 
Cuando, con voces de dolor gimiendo. 
Del corazón contra las puertas llaman. 

Y solamente con la piel sintiendo. 
El hombre vil con corazón vacío 

(De golpes y estocadas prescindiendo)^ 
Sólo le afectan el calor y el frío. 



78 CAMPO A MOR 



¿Lo has oído, bien mío? 
/ Sólo le afectan el calor y el frío. 



II 



LA CONCIENCIA 



El hombre, por su infamia ó su inocencia, 
Se puso en el estómago, y no es broma, 
La aususta cualidad de la conciencia. 



*&■■ 



Por su conciemia el hambre á veces toma, 
Y por eso en el hombre nadie extraña 
Que su deber olvide porque coma. 

¡ El alma enciende en implacable saña 
Ver la conciencia á la opresión expuesta 
De un atracón de trufas y Champaña ! 

¡ En alta voz mi corazón protesta 
Contra esta rectitud del hombre fiero. 
Puesto que de él la rectitud es ésta ! 

I Quién espera en la fe de un caballero, 
Si otro contrario regaló su panza 
(Hablo siempre en metáfora) primero ? 



DOLORAS 79 



¿Quién verá sin impulsos de venganza 
Que un cuarterón de... (cualquier cosa) inclina 
De la justicia la inmortal balanza? 

j Mísera humanidad, á quien domina 
Ya de una poma la frugal presencia, 
Ya el aspecto vulgar de una sardina! 

Jamás un noble escucha con paciencia 
Que llame á su despensa, algún ricacho, 
General tentación de la conciencia. 

¿ Á qué alma sin doblez no causa empacho 
Ver que el hombre, honrosísimas cuestiones 
Las reduce á cuestiones de gazpacho ? 

Decid, ¡oh diplomáticos varones! 
Los muchos tratos que hacen y deshacen 
Pechugas de perdices y pichones. 

El hambre ó el interés deshacen ó hacen 
Cuanto ofrece aumentar nuestra opulencia, 
Pues como dicen los que pobres nacen : 
« El hambre es quien regula la conciercia. » 

Añade á tu experiencia : 
Que el hambre es quien regula la conciencia. 



í:> CAMPO A MOR 



III 



EL HONOR. — LA VIRTUD 

Virtud y honor, Emilia, y no te asombre, 
Puso el hombre en la lengua^ y por lo mismo 
T>Q honor y de virtud tanto habla el hombre. 

De su virtud y honor el heroísmo 
Pondera altivo, hablando y más hablando, 
Silogismo añadiendo á silogismo. 

Siempre al hombre más vil verásle alzando 
Un pedestal donde su honor se ostente, 
Las frases con las frases combinando. 

Rico ó pobre, el mortal eternamente 
Llama á su honra el amor de sus amores; 
¡Maldito charlatán, y cuánto miente! 

Jamás á la virtud faltan loores 
De las doncellas en la linda boca. 
Cráter que el mayo coronó de flores. 

Hay tanta lengua que el honor evoca, 
Que, ya ofuscada mi razón, no explico 
Si á risa, á llanto, ó á indignación provoca. 



DOLORAS 



Perpetuamente en expresiones rico, 
¡Qué hermoso fuera el hombre si tuviese 
Las entrañas tan bellas como el pico ! 

En general, si hay uno que os confiese 
Que es la virtud su solo patrimonio. 
Bien podéis exclamar : « ¡Qué pobre es ése! » 

Ó buscad de su honor un testimonio ; 
Veréis que por dos cuartos... {y son caras) 
Su honra y su virtud se las vendió al demonio. 

Pues como dijo el padre Notas-Claras 
(Que era un fraile mu}' sabio, por más mengua) : 
— Salvo alguna excepción (que son muy raras), 
No hay honor ni lirtui más que en la lengua. — 

¿Lo has entendido? ¡Oh mengua! 
/ No hay honor ni virtud más que en ¡a lengua ! 



IV 



EL AMOR 

¿Qué hizo el liombre, — dirás, EmiHa bella, 
— Con la llama de Amor? — ¡ Av! ! el idiota 
La torpe sangre se inflamó con ella. 

5- 



82 CAMPOAjMOR 



Y así, de amor si el huracán azota, 
Por sus entrañas circulando ardiente, 
El torpe incendio á los sentidos brota. 

Lleva el amor su antorcha diligente 
Por aldeas, por villas y por plazas. 
De nación en nación, de gente en gente. 

Diablo es amor de angelicales trazas 
Que, estirpes con estirpes confundiendo. 
Las razas asimila con las razas. 

Ora hacia el lecho conyugal corriendo. 
De alta estirpe pervierte al tronco honrado 
De un ruin árbol el germen ingiriendo. 

Ora, en traje modesto disfrazado, 
La inocencia sorprende en la cabana, 
De mirtos y de rosas coronado. 

Ya con infame ardor montando en saña, 
La augusta luz de la imperial diadema 
Con niebla eterna el deshonor empaña; 

Y en el furor de su ilusión extrema, 
Con vil incesto ignominiosamente 

El santo hogar donde nacimos quema. 



DOLORAS 85 

Pasa, gozada una pasión ardiente, 
¡Oh fútil brillo de la gloria humana! 
Como todos los goces, de repente. 

Y hasta los fuegos que tu pecho emana, 
Mañana acabarán, Emilia mía; 

¡Sí, Emilia mía; acabarán mañana! 

El más seguro amor que el cielo envía, 
Entre el montón de los recuerdos vaga, 
•Después que pasa un día y otro día. 

¡ Es triste que el amor, que tanto halaga, 
Se extinga, no apagándolo, en pavesas, 
Ó en cenizas se extinga, si se apaga ! 

Mas, pese á las promesas más expresas. 
Muere el amor más tierno confundido 
Entre cartas y dijes y promesas. 

Y á llegar fácilmente reducido 
Al término infalible de la muerte. 
En ceniza ó en pavesas convertido. 
Fuego es amor que en aire se convierte. 

Advierte, Emilia, advierte : 
¡Fuego es amor que en aire se convierte! 



84 CAMPOAMOR 



V 



LA VE. — LA GLORIA 



La bribonada, Emilia, ó la simpleza. 
Cometió el hombre de poner fe y glorla. 
Donde está la locura, en la cabeza. 

Por eso en nuestra mente transitoria 
La fe, que muchos con placer veneran, 
Es tan fútil cual rápida memoria. 

Y aunque se indignen los que en ella esperan, 
Lo. gloria es sueño; ¡oh! sí, simple embeleso, 
Sombra, ilusión, ó lo que ustedes quieran. 

¡ A. cuánto exceso arrastra, á cuánto exceso, 
Ese tropel de imágenes que crea 
La propiedad fosfórica del seso! 

¡ Por la gloria el mortal llegar desea 
Á la inmortalidad! ¡Nombre rotundo! 
¡Buen lugar para el tonto que lo crea! 

Por hfe, en este piélago profundo. 
Mil cosas aguardamos tras la losa; 
¡Oh esperanza dulcísima del mundo 1 



DOLORAS 8S 



Y sólo por la gloria^ — Aquí reposa, — 
Grabamos en sonoras expresiones, 

— Don Fulano de Tal, auE fué tal cosa. 

Y por más que en tan vagas emociones 
Su existencia malgasta con empeño 

(Su destino es correr tras de ilusiones), 
Gloria y fe para el hombre son un sueño. 

No lo olvides, mi dueño : 
/ Gloria y fe para el hombre son un sucFw I 



conclusión 

Ya que mi atroz prolijidad lamentas, 
Voy, Emilia, á decir, per consiguiente, 
Lo que es el hombre en resumidas cuentas 

Ahoga el interés primeramente 
Su honor y su virtud, su fe y su gloria; 
Y conjrío y calor tan sólo siente. 

En fin, porque ya abrumo tu memoria, 
De las virtudes lloraré la ausencia, 
Pues mi pasión por ellas te es notoria. 



86 CAMPOAMOR 



¡Fe, sentimiento, amor, honra y conciencia, 
Pues se os desprecia, abandonad el suelo. 
Ensueños de mi candida inocencia! 

¡Tornad, fuentes del bien, tornad el vuelo. 
Para castigo de la humana gente, 
Á vuestra patria natural, el cielo ! 

i Gloria y virtud ! yo os juro tiernamente 
Que, al alejaros, desgarráis atroces 
El corazón donde os guardé inocente. 

¡Huid á mi pesar, huid veloces, 
Leves emblemas del orgullo humano. 
Sonoros ecos de proscritas voces ! 

¡Adiós! Y, por dar fin, besóos la mano, 
Pues ya me llena de mortal despecho 
La convicción de que predico en vano. 

Que á ahogar el hombre sus virtudes hecho. 
Sólo le han de afectar, á pesar mío 
(Por Dios, que este final desgarra el pecho). 
Calor, hambre, interés, amor ó frío... 

Apréndelo, bien mío : 
¡Calor, hambre, interés, amor ó frío!... 



DOLORAS 87 



XXIX 

¡AY DEL aUE NACE Ó MUERE! 



— ¡Adiós por siempre, hijo del alma mía! 
Un triste anciano al espirar clamaba; 

Y el tierno infante que su sien besaba, 
— ¡Adiós por siempre! — el infeliz decía. 

Vertió el viejo la lágrima postrera, 

Y vertió la primera el niño en tanto ; 

Y confundidas última y primera, 
Símbolo fueron de su igual quebranto. 

¿Cuál lágrima, decid, en mal tan fuerte, 
Del corazón brotó más dolorida ? 
¿ La del que el mal primero halló en la vida, 
Ó la de aquel que un bien halló en la muerte ', 



8S CAMPOAMOR 



XXX 

HISTORIA DE UN AMOR 



Pero, si alcanza lo que deseaba, 
siente luego pesadumbre por el re- 
viordimiento de la comiencia que 
siguió á su apetito... 

(Kempis : Imitación de Cristo, 
libro I, cap. vi.) 



DESEO 



— Román, tu ciencia es incierta; 
Me ha dicho quien bien lo sabe 
Que es la pureza una llave 

Que abre del cielo la puerta. 

— Victoria, por Dios, ahora 
De la juventud gocemos, 
Porque, después que espiremos, 
Lo que ha de pasar se ignora. 



DOLORA5 89 



— No gozo por no penar. 
— Pues es igual, á mi ver, 
Gozar para padecer 
Que padecer por gozar. 

Si Dios nos cierra su gloria, 
En el infierno, algún día, 
Será inmortal, alma mía. 
De este placer la memoria. 

Porque un recuerdo tan fuerte. 
De tan grande bienandanza. 
Traspasa, cual la esperanza. 
Los limites de la muerte. 

Hoy mis deseos coronas 
Del favor más soberano, 

Con esta trémula mano 

Que en tu embriaguez me abandonas. 

Deja que en ansia tan loca 
Una mi frente á tu frente, 
Porque me ahoga el ambiente 
Que no perfuma tu boca. 

Pon en tu blando extravío, 
Para calmar mis antojos, 
Tus ojos junto á mis ojos. 
Tu corazón junto al mío. 



90 CAMPOAMOR 



II 



PLACER 



Es imposible, Victoria, 

Que haya un tormento 

Que me haga olvidar la gloria 
De este momento. 

No ; quien dicha tan cumplida 
Á ver llegó, 

Ni en la eternidad la olvida. 

— / Ay, no ! ¡ Ay, no ! — 

Mi ser de tu ser recibe 

Mutuos placeres; 
Y, pues uno en otro vive. 

Nuestros dos seres. 
En tan dulce parasismo, 

¿No es cierto, di, 
Que son partes de un ser mismo 

— ¡Ay, sí! ¡Ay^sÜ- 
Si cuestan horas serenas 

Penas sin cuento, 
Vale un infierno de penas 

Este momento. 
Di si en tu \artud pasada 

Tu alma encontró 



DOLORAS 91 

Satisfacción más coimada. 

— /■ Ay, no ! ¡ Ay, no ! — 

Modera tu ardor, querida, 

Por un instante. 
Que no ha}^ deleite en la vida 

Más adelante... 
¡Victoria! — ¡Román! — La muerte 

Á mí — y á mí 
— Hállenos ¡ay! de esta suerte. 

— ¡Ay, si! ¡Ay, si! — 

III 

HASTÍO 

¡Pasó! La hicl de un repugnante hastío. 
Ya en tu indolencia paladeando vas; 
Jamás mi fe te pagará, bien mío. 
Ese rubor que devorando estás. 

— ¿Jamás? 
— ¡Jamás! 

¡Pasó! Yo he abierto el insondable abismo 
Do tu inocencia sepultando irás : 
El placer es verdugo de sí mismo ^ 
Jamás el gusto sin dolor verás. 
— ; Jamás? 

— ¡Jamás! 



92 CAMPOAMOR 

¡Pasó! Por culpa de un fugaz contento 
Siendo ludibrio de ti misma estás : 
Ya el puñal de un atroz remordimiento 
¡Perdón! jamás lejos de ti verás. 
— I Jamás ? 
¡Jamás, paloma sin candor, jamás!... 



DOLORAS 



93 



XXXI 

PORVENIR DE LAS ALMAS 



A R..., EN LA MUERTE DE SU HIJA. 

Si de vuestra hija fué estrdla 
Dar tan niña el alma á Dios, 
i Ay, feliz mil veces vos! 
¡Dichosa mil veces ella! 

Pues ya huella 
Las celestiales alturas, 
No halle en vos nunca lugar 

El pesar, 
Porque para almas tan puras 
Morir es resucitar. 

¿Para qué lloráis perdida 
Esa prenda de amor tierno. 
Si por un lugar eterno 
Dejó un lugar de partida? 



94 CAMPOAMOR 



Si es la vida 
Caos de dudas y penas, 
¿ Quién la muerte, al que bien quiere. 

No prefiere. 
Si el que vive, vive apenas, 
Y resucita el que muere? 

Siempre, llena de consuelo. 
Viendo á un ser puro sin vida, 
La multitud, de fe henchida, 
Prorrumpe : — ¡ Angeles al cielo ! — 

Ni ¿ á qué duelo 
Es mostrar, cuando la carga 
De la existencia maldita 

Dios nos quita. 
Si tras de una vida amarga, 
Muriendo se resucita ? 

No dé á vuestra alma afligida 
La más leve pesadumbre 
Esa negra incertidumbre 
Del más allá de la vida. 

Si es mentida 
La fe de ulterior solaz, 
Al menos, los que viviendo 

Van gimiendo, 
En otro mundo de paz 
Resucitarán muriendo. 



DOLORAS 95 

Ya habita, aunque el desconsuelo 
Os haga implacable guerra, 
Un triste menos la tierra, 
Y un dichoso más el cielo. 

De su vuelo 
Iréis vos, muriendo, en pos, 
Si á Dios dais en implorar 

Sin cesar. 
Pues para justos cual vos 
Morir es resucitar. 



96 CAMPOAMOR 



XXXII 
TODOS SON UNOS 



I 



Voy á contaros la historia 
De una entrañable pasión, 
Aunque se haga, a su memoria, 
Pedazos mi corazón. 

Que hay historias que, aunque pasan, 
Por siempre, á nuestro despecho, 
Los ojos en llanto arrasan, 
Y ayes arrancan del pecho. 

Pues siempre entre las pasiones 
Hay una á cuyos reveses 
Se agostan las ilusiones 
Como al estío las mieses. 



COLORAS 97 

Cuento ki historia querida 
De esa pasión desgraciada 
Que, aunque amarga nuestra vida, 
Sin ella la vida es nada. 

Pues tras de ese amor tan tierno, 
Siempre queda en la memoria 
Todo el dolor del infierno, 
Todo el placer de la gloria. 

No hay mortal afortunado. 
Para quien la triste idea 
De un buen querer mal pagado. 
Eterno dogal no sea. 

Si la mujer con rigores 
Paga tan tiernos quereres; 
Si es tan cruda en sus amores. 
Hombres, / lo que son mujeres! 



II 



Pues cuento de amor historias. 
Copiaré letra por letra 
El libro en que sus memorias 
Grababa la hermosa Petra. 

6 



CAMPOAMOR 



Después de amar con locura. 
Tuvo de morir la suerte ; 
Que hay males que sólo cura 
El bálsamo de la muerte. 

Petra, cual dije al principio, 
Su historia dejó al mundo hecha, 

Y en ella hasta el menor ripio 
Es para el alma una flecha. 

Pues no hay sensible lectora 
Que, al repasar sus anales. 
Si á todo llorar no llora, 
No exclame : — Aquí de mis males. — 

Pues llega en ella á hacer ver. 
De su ciencia en testimonio. 
Que es un ángel la mujer, 

Y que es el hombre un demonio. 

Y después que al hombre injuria 
Con frases por el estilo. 
De este modo el ángel-furia 
Coge de su historia el hilo : 

— Que no hay fe en hombres contemplo 
(Prosigue la hermosa Petra), 
— Y son de esto buen ejemplo, 
Pablo, Juan, Luis, Diego... — etcetra. 



DOLORAS 99 



De esta manera injuriando 
Sigue nombres tras de nombres, 
Y al fin concluye exclamando : 
Mujeres, ¡lo que son hombres! 



ÍII 

Si á los dos sexos igualo. 
Es porque infiero con pena 
Que, si es el hombre algo malo, 
Es la mujer no muy buena. 

Donde las toman, las dan, 
Asienta un refi:án de amor; 
Y cual dice otro reñ'án, 
A un picaro, otro mayor. 

A buena fe, mala fe; 
Á un adelante, un arredro; 
Quien más mira menos ve; 
Tan bueno es Juan como Pedro. 

Con cuyos versos, acaso 
Probar á los hombres plugo 
Que el que es víctima en un paso. 
En otro paso es verdugo. 



100 CAMPOAMOR 



Por eso sé que, al que falso 
Á una mujer asesina, 
Le han de servir de cadalso 
Las rejas de otra vecina. 

Y la que dice — no quiero, — 
Cuando amor la canto amante. 
Sé que amará á otro coplero. 
Aunque epitafios la cante. 

Porque ésta es la ley más triste 
Que impone amor justiciero : 
« Cuando quise, no quisiste, 
Y ahora que quieres, no quiero. » 

Pues hombre y mujer son seres 
Con fe igual y varios nombres, 
Hombres, ¡lo que son mujeres! 
Mujeres, ¡lo que son hombres!... 



DOLORAS loi 



XXXIII 
PROXIMIDAD DEL BIEN 



En el tiempo en que el mundo informe estaba, 
Creó el Señor, cuando por dicha extrema 
El paraíso terrenal formaba, 
Un fruto que del mal era el emblema, 
Y otro fruto que el bien simbolizaba. 

Del miserable Adán al mismo lado 
El Señor colocó del bien el fruto; 
Pero Adán nunca el bien halló, ofuscado, 
Porque es del hombre mísero atributo 
Huir del bien, del mal siempre arrastrado. 

El fruto que del mal el símbolo era 
Puso Dios escondido y muy lejano; 
Pero Adán lo encontraba donde quiera, 
Abandonando en su falaz quimera. 
Por el lejano mal, el bien cercano. 



CAMPOAMOR 



¡Ah ! siempre el hombre en su ilusión maldita 
Su misma dicha en despreciar se empeña, 

Y al seguirla tenaz, tenaz la evita, 

Y aunque en su mismo corazón palpita, 
¡Lejos, muy lejos, con afán la sueña !... 



DO LO RAS 



XXXIV 

PLACERES TRISTES 



Que te admire no es justo, 

Si á bostezar empiezas. 
La turba que á admirarte va al teatro. 

¿Quién ha de ver con gusto. 

Que pertinaz bostezas 
Una vez, y otra vez, y tres y cuatro ? 

¡ Ay, prenda que idolatro. 

Ahora sé, á pesar mío. 
Que es el placer la fuente del hastío ! 

Si el ver tantos galanes 

Tu bostezo provoca, 
I Qué harás cuando estés sola, Rosalía ? 

No juzgué, voto á Sanes, 

Tan inmensa esa boca 
Que ha poco me llamaba : « vida mía. » 

¡ Cuánta razón tenía 

Quien dijo sabiamente 
Que son los goces del hastío ftmite ! 



104 CAMPOA.MOR 



En tus ojos serenos 

Hoy se ve una zozobra 
Que ya la bilis de tu madre exalta. 

¿Qué echas de más ó menos? 

¿ Es tu madre quien sobra? 
¿ Soy yo (¡ quiéralo Dios !) lo que te falta ? 

¿Por qué el dolor te asalta? 

¿ Será cierto, bien mío, 
Que es el placer la fuente del hastío ? 

Desde... (ya tú me entiendes), 

Yo también, Rosalía, 
Con honda pena ¡ay de mí triste! lidio. 

¡ Cómo en rubor te enciendes ! 

¡Llora, sí, vida mía. 
Después de tanto amor, tanto fastidio i 

Lloremos (pese á Ovidio), 

Aunque mi amor lo siente. 



I One son los goces del hastío fuente! 

Si el placer que gozamos 
Nuestras almas abisma 

En un fiero dolor que nos devora, 
Tras la virtud corramos, 
Pues tan sólo á sí misma 

Eternamente la virtud se adora. 
¡ Oh, mal haya la hora 
En que aprendí, bien mío, 

Que es el placer la fuente del hastío I 



DOLORAS 



105 



XXXV 

LA DICHA ES LA MUERTE 



; Sarcasmo ruin de la suerte 
Para el alma dolorida, 
No ver hermosa la vida, 
Sino al dintel déla muerte] 
(E. Florentino Sanz.) 



I 



— ¡Niño ! á quien guarda el maternal cuidado. 
Pues que mi pecho tras la dicha va, 

Tal vez la dicha encontraré á tu lado. 

LA MADRE 

— ¡ Llorando el niño entre mi seno está : 

Id más allá!.,. 



II 

— ¡ Hermosas ! solo, en extranjera tierra, 
Prestadle dicha á quien tras ella va. 
Pues tantas dichas vuestro amor encierra. 



I06 CAMPOAMOR 



LAS HERMOSAS 

■ — ¡ Triste del ser que idolatrando está : 
Id más allá ! 

IIT 

— ¡Magnates! hoy vuestra piedad imploro; 
Loco mi pecho tras la dicha va ; 

Si el oro da la dicha, prestadme oro. 

LOS MAGNATES 

— ¡ Ved que amagándoos el puñal está : 

Id más allá! 

IV 

— ¡ Ancianos ! presa de infernal batalla 
Mi pecho en pos de la ventura va, 

¿Ni al borde mismo de la tumba se halla? 

LOS ANCIANOS 

^ ¡Ni al borde mismo de la tumba está : 
Id más allá ! 

FIN DE LA PRLMERA ¿POCA, 



SEGUNDA PARTE 



XXXVI 

LA OPINIÓN 



A MI Q.UEUIDA PRIMA, JACINTA WHITE DE LLANO, 
EN LA MUERTE DE SU HIJA. 



¡Pobre Carolina mía! 
¡Nunca la podré olvidar ! 
Ved lo que el mundo decía 
Viendo el féretro pasar : 

Un clérigo. — Empiece el canto. 
El doctor. — i Cesó el sufrir ! 
El padre. — ¡ Me ahoga el llanto 1 
La madre. — ¡ Quiero morir I 



io8 CAMPO A MOR 



ÜJt muchacho. — ¡Qué adornada! 
Un joven. — ¡Era muy bella! 
Una ino^a. — ¡Desgraciada! 
U)ia vieja. — ¡Feliz ella! 

— ¡ Duerme en paz! — dicen los buenos. 
• — i Adiós ! — dicen ios demás. 
Un filósofo. — ¡Uno menos! 
Un poeta. — ¡ Un ángel más! 



DOLORAS 109 



XXXVII 

¡QUIÉN SUPIERA ESCRIBIR! 



— Escribidme una carta, señor Cura. 

— Ya sé para quién es. 

— ¿Sabéis quién es, porque una noche oscura 

Nos visteis juntos? — Pues, 

— Perdonad; mas... — No extraño ese tropiezo. 

La noche... la ocasión... 
Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo : 
Mi querido Ramón : 

— i Querido ?. . . Pero, en fin, ya lo habéis puesto. . . 

— Sino queréis... — :Sí, sí! 

— ¡Qué triste estoy! ¿No es eso ? — Por supuesto, 

— ¡Qué t lisie estoy sin til 

7 



v. 



CAMPOAMOR 



Una coníoja, al empegar me viene... 

— ¿ Cómo sabéis mi mal?.. . 

— Para un viejo, una niña siempre tiene 

El pecho de cristal. 

¿Qué es sin ti el mundo! Un valle de amargura. 
I Y contigo? Un edén. 

— Haced la letra clara, señor Cura; 

Que lo entienda eso bien. 

El beso aquel que de marchar á punto 

Te di. .. — ¿ Cómo sabéis ?. . . 

— Cuando se va y se viene y se está junto. 

Siempre... no os afrentéis. 

Y si volver tu afecto no procura, 

Tanto me harás sufrir... 

— ¿ Sufrir y nada más ? No, señor Cura, 

¡ Que me voy á morir ! 

— ¿Morir? ¿ Sabéis que es ofender al cielo... 

— Pues, sí, señor, ¡morir! 

— Yo no pongo morir. — ¡ Qué hombre de hielo ! 

¡Quién supiera escribir! 



DOLOKAS III 



II 



i Señor Rector, señor Rector! en vano 
Me queréis complacer, 

Si no encarnan los signos de la mano 
Todo el ser de mi ser. 

Escribidle, por Dios, que el alma mía 
Ya en mí no quiere estar; 

Qiie la pena no me ahoga cada día.,. 
Porque puedo llorar. 

due mis labios, las rosas de su aliento. 

No se saben abrir ; 
Que olvidan de la risa el movimiento 

Á fuerza de sentir. 

Que mis ojos, que él tiene por tan bellos, 
Cargados con mi afán. 

Como no tienen quien se mire en ellos, 
Cerrados siempre están. 

Que es, de cuantos tormentos he sufrido. 
La ausencia el más atroz; 

Que es un perpetuo sueño de mi oído 
El eco de su voz... 



ii: 



CAMPOAMOR 



Que siendo por su causa, el alma mía 
¡ Goza tanto en sufrir ! . . . 

Dios mío, ¡ cuántas cosas le diría 
Si supiera escribir!... 



III 



EPILOGO 



— Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo 

A don Ramón... En fin, 
Que es inútil saber para esto arguyo 



Ni el griego ni el latín. 



DOLORAS 113 



XXXVIII 
AMAR AL VUELO 



A LA NMXA ASUNCIÓN DE ZARAGOZA Y DEL PINO. 



I 



Así niña encantadora, 
Porque tus gracias no roben 
Las huellas que el tiempo deja, 
Juega como niña ahora, 
Como niña cuando joven, 
Como joven cuando vieja. 
Por mis muchos desengaños. 
Te ruego, Asunción querida. 
Que ames mientras tengas vida 
Como amas á los seis años. 
Justamente, de ese modo; 
Amando desamorada; 
Así, no queriendo nada. 



114 CAMPO AMOR 



Esto es, queriéndolo todo; 
Anhelante y sin anhelo, 
Ya resuelta, ya indecisa, 
Pasa de la risa al duelo, 
Pasa del duelo á la risa ; 
Así, de prisa, de prisa ; 
Todo al vuelo, todo al vuelo. 



II 



Sé amorosa y nunca amante ; 
Lleva á la vejez tu infancia; 
Sé constante en la inconstancia, 
Ó en la inconstancia constante; 
Que en amor creen los más duchos. 
Contra los que son más locos. 
Que en vez de los pocos muchos, 
Valen más los muchos pocos ; 
Y cuando tu labio bese, 
Que formule un beso insápido, 
Inerte, estentóreo y rápido... 
Pues, así, lo mismo que ese. 
Nunca beses como loca. 
Besa como una loquilla; 

Jamás jamás en la boca. 

Siempre, siempre en la mejilla; 
Ten presente que la abeja, 



DOLORAS 115 



Queriendo entrañar la herida, 
La desventurada deja 
Entre la muerte la vida. 



III 

¡ Si ! si lo mismo que hoy eres 
La hermosa entre las hermosas, 
Ser, mientras vivas, quisieres 
Dichosa entre las dichosas. 
Tal ha de ser tu divisa : 
Amar muy poco y de prisa, 
Como hacen las mariposas; 
Aunque no importa realmente 
Q.ue ames infinitamente, 
Si amas infinitas cosas. 



IV 

Son tan cuerdos mis consejos, 
Que me atreveré á jurarte 
Por mis ojos que, aunque viejos, 
Aun, Asunción, al mirarte. 
Aspiran á ser espejos. 
Que aplicando estos consejos 
Á mi vejez, todavía 



Il6 CAMPOAMOR 



Pienso curar, hija mía, 
De mi corazón las llagas ; 
Llagas ¡ ay ! que no tendría, 
Si yo hubiera hecho algún día 
Lo que te aconsejo que hagas. 



V 



Para ver si es verdadero 
Lo que un apóstol revela, 
— Que lo fijo es pasajero. 
Que sólo es real lo que vuela, — 
Tiende el rostro, hermosa niña, 
Como ese cielo sereno, 
Ya al cielo, ya á la campiña, 

Y verás de una mirada 

Que es lo más rico ó más bueno 
Lo que vuela ó lo que nada. 
Como la espuma en los mares. 
En el cielo los fulgores. 
El incienso en los altares, 
En los árboles las flores. 
Los celajes en el viento. 
En el viento los sonidos. 
La vida en nuestros sentidos, 

Y en la vida el pensamiento. 



DOLORAS 



117 



VI 

Sigue el plan á que te exhorto, 
Amando al vuelo; hazte cargo 
Que el viaje es largo, ¡muy largo!, 
Y el tiempo corto, ¡muy corto!... 
Sé ligera, no traidora; 
Sopla el fuego que no abrasa; 
Quiere, como el que no quiere; 
Sea siempre como ahora, 
Tu llanto, nube que pasa. 
Tu risa, luz que no muere; 
Ama mucho, mas de modo 
Que estés siempre enamorada 
De un cierto todo que es nada. 
De un cierto nada que es todo. 
Si ríes, olvida el duelo; 
Si lloras, pasa á la risa ; 
Asi.., de prisa, de prisa; 
Todo al vuelo, todo al vitelo. 



IlS CAMPOAMOR 



XXXIX 

EL BESO 



Mucho hace el que amicho ama. 
(Kempis, lib. I, cap, XV.) 



I 



Me han contado que al morir 
Un hombre de corazón, 
Sintió, ó presumió sentir, 
En Cádiz repercutir 
Un beso dado en Cantón. 
¿Que es imposible, Asunción?.. 
Veinte años hace que di 
El primer beso ¡ ay de mí ! 
De mi primera pasión.., 
¡Y todavía, Asunción, 
Aquel frío que sentí 
Hace arder mi corazón ] 



DOLORAS 119 



II 

Desde la ciega atracción, 
Beso que da el pedernal, 
Subiendo hasta la oración, 
Último beso mental. 
Es el beso la expansión 
De esa chispa celestial 
Que inflamó la creación, 

Y que en su curso inmortal 
Va de crisol en crisol 

Su intensa llama á verter 

En la atmósfera del ser 

Q_ue de un beso encendió el sol. 

III 

De la cuna al ataúd 
Va siendo el beso, á su vez, 
Amor en la juventud, 
Esperanza en la niñez. 
En el adulto virtud, 

Y recuerdo en la vejez. 

IV 

¿Vas comprendiendo, Asunción, 
Que es el beso la expresión 



CAMPOAMOR 



De un idioma universal 
Qiie, en inextinto raudal, 
De una en otra encarnación 

Y desde una en otra edad, 
En la mejilla es bondad, 
En los ojos ilusión, 

En la frente majestad, 

Y entre los Xzh'ios pasión! 



¿Nunca se despierta en ti 
Un recuerdo, como en mí, 
De un amante que se fué?.., 
Si me contestas que sí. 
Eso es un beso, Asunción, 
Que en alas de no sé qué, 
Trae la imaginación. 

VI 

¡Gloria á esa oscura señal 
Del hado en incubación, 
Que es el germen inmortal 
Del alma en fermentación, 

Y á veces trasunto fiel 
De todo un mundo moral; 

Y si no, dígalo aquél 



DOLORAS 



De entre el cual y bnjo el cual 
Nació el alma de Platón 1 



VII 

¡ Gloria á esa condensación 
De toda la eternidad, 
Con cuya tierna efusión 
Á toda la humanidad 
Da la paz, la religión; 
Con la cual la caridad 
. Siembra en el mundo el perdón; 
Himno á la perpetuidad, 
Cuyo misterioso son. 
Sin que lo oiga el corazón, 
Suena en la posteridad! 



VIII 

¿Vas comprendiendo, Asunción? 
Mas por si acaso no crees 
Q.ue el beso es el conductor 
De ese fuego encantador 
Con que este mundo que ves 
Lo ha animado el Criador... 
Prueba á besarme, y después 
Un beso verás cómo es 



CAMPOAMOR 



Esa copa del amor 
Llena del vital licor 
Que en el humano festín, 
De una en otra boca, al fin 
Llega, de afán en afán, 
Á tu boca de carmín 
Desde los labios de Adán. 



IX 

Prueba en mí, por compasión, 
Esa clara iniciación 
De un oscuro porvenir; 
Y entonces, bella Asunción, 
Comprenderás si, al morir. 
Un hombre de corazón 
Habrá podido sentir 
En Cádiz repercutir 
Un beso dada en Cantón. 



DOLORAS 123 



XL 

LO aUE ES ETERNO 



DEDICADA AL CONDE DE SAN LUIS CON MOTIVO 
DE LA FUNDACIÓN DEL TEATRO ESPAÑOL. 



LA INTELIGENCIA 

Pasan un siglo y cien, el tiempo pasa 
Como Escita que mata á la carrera; 
Verdugo y creador, en cuanto impera. 
Lo humilde encumbra, y lo soberbio arrasa. 

La vida el tiempo á cuanto existe tasa, 
Mas, siempre inútil, su guadaña fiera 
Sobre el grande Platón, era tras era, 
Con excusado afán pasa y repasa. 



124 CAMPOAMOR 

Y es que la idea que en los cielos flota, 
Fija cual Dios, como de Dios esencia, 
Del tiempo móvil la guadaña embota. 

Por eso, al declinar de la existencia, 
De entre las ruinas de los mundos brota. 
Crisálida inmortal^ la inteligencia. 



II 



LA VIRTUD 

Penélope es el tiempo, que hoy se afana 
En destejerla vida ayer tejida; 
No hay en el mundo edad que un sol no mida. 
Ni hay un sol que resista á algún mañana. 

Sólo del tiempo en la extensión lejana 
Sobrenada de Sócrates la vida; 
Que es bella espuma la virtud, salida 
Del océano de la vida humana. 

Yes que de la virtud el santo anhelo 
Burla del tiempo la eternal victoria. 
Sobre cuanto hay mortal alzando el vuelo. 

Por eso, como esencia de la gloria. 
Va cual perfume embalsamando el cielo 
Sagrada eflorescencia de la historia. 



DOLORAS 12) 



III 



EL TEATRO 

El tiempo, ese Saturno cuya saña 
Se goza en devorar sus creaciones, 
Jamás en sus sangrientas irrupciones 
Tu templo arrasará, gloria de España. 

No estirpará del tiempo la guadaña 
Ese estadio de heroicas acciones; 
No se extingue la voz de los Platones, 
Ni el brillo de los Sócrates se empaña. 

Cuando tu obra inmortal al mundo asombre, 
Mostrando ejemplos de virtud y ciencia. 
Glorioso entre ellos sonará tu nombre. 

¡ Ah ! ¡ dichoso el que adhiere su existencia 
Á la virtud, perpetuo bien del hombre, 
Y á la eterna verdad, la inteligencia I 



126 CAMPO AMOR 



XLI 

FUENTE INAGOTABLE 



A MI AMIGO DON TEODORO GUERRERO 
I 

¡Amé una vez, y dos, inmensamente, 

Y tres... y acaso más ! 
¡ Del corazón la inextinguible fuente 

No se agota jamás ! 

¡ Magnífico está el baile ! ¡ Encantadora 

Se halla prendida así ! 
Resumen de la vida en una hora 

Es la existencia aquí. 

¡ Mirad qué hermosa está ! i Si no la miro 

Siquiera en ilusión. 
Falta una cosa al aire que respiro!... 

/ Otra ve:(, corazón ! 



DOLORAS 



11 



127 



Mientras bailamos ¡ay! el tiempo vuela.. 

Pero ¿qué hemos de hacer? 
La vida humana al fin sólo es la tela 

De que se hace el placer. 

Allí va. ¡No, no va! ¡Mi pensamiento, 

De su imagen en pos, 
Aquí y alH, en la tierra y en el viento, 

La crea, como Dios! 

¡Maldito corazón, que nunca cesa 

De mudar y querer; 
La carne de mi espíritu es hoy esa, 

Como otra ha sido ayer ! 

¡Ira del cielo! Como nunca tierna. 
Baila con otro... ¡Oh Dios! 

¡La breve vida á veces es eterna! 
Ya va un instante... dos... 

¡Ni una mirada de su amor merezco! 

Van cuatro... seis... ¡Pardiez! 
¡Cuando ella no me mira me aborrezco! 

Van ocho... nueve... diez... 



128 CAMPOAMOR 



¡Y once van ya! ¿la eternidad entera 

Tarda tanto en pasar?... 
¡Oh, cuánto gemiría, si pudiera 

Gemir sin respirar! 

Vamos como ella, á enloquecer con esa, 

Y con ésta también... 
— ¡Divmo! Concepción. — ¡Bravo! Teresa. 

¿ Que si vas bien ? ¡ Muy bien ! 

No quisiera más días de contento, 

Mercedes, por quien soy, 
Q.ue de besos te dan de pensamiento. 

Cuantos te miran hoy. — 

¡ Huyamos de ella, huyamos, alma mía ! 

¿ Cómo huir ? ¡ maldición ! 
Si exceptuando su amor, todo me hastía? 

¡Otra vei, cora^n! 



III 



¡ En baile ! ¡ Vedla como siempre hermosa I 
— iQnQ estoy muy triste, Inés? 

Tú no entiendes mi pena, eres dichosa. 
¿Que es porque no amo? ¡Pues! 



DOLORAS 129 

Te se h.i subido, Inés, con el contento 

Al rostro el corazón; 
Y eso no es, vive Dios, el sentimiento : 

Eso es la sensación. 

¡ En baile ! ¡ En baile ! — Tu semblante augura 

Castidad y salud; 
Bien dicen, Asunción, que la hermosura 

Es casi una virtud. 

¿Quién hoy, responde, tus encantos labra? 

¿ Dices que es la pasión 
Ventura que deshace una palabra? 

(¡Cruel! ¡Tiene razón!) 



IV 



(¡Allí pasa otra vez! Mas no; es mi anhelo 

Que se lo forja así...) 
— ¿Que en qué pienso, Leonor, mirando alcielo? 

¿Qué he de pensar? En ti. 

¿Quién besará, mi bien, labios tan bellos?... 

Mas perdona, Leonor; 
Quise decir : poner el alma en ellos... 

¡Bendigo tu pudor! 



no CAMPOAMOR 



Cuando te vi, cruzó por mi cabeza 

Un pecado venial... 
¿ Si habrán dicho por ti que es la belleza 

Demonio temporal ? 

Tu pupila, esa entrada de los cielos. 

Me llena de embriaguez; 
No eres mía, Leonor, y tengo celos. 

¿ Que es envidia ? Tal vez. 

— ¡ Bella música, á fe ! ¡ Cuál corresponde 
Su acento á mi pasión ! . . . 

Esto lo oí con ella no sé dónde... 
¡ Siempre ella, corazón ! 

¡ Qué sufrir ! — Luz, no sufras ; es el modo 

De que sufran por ti; 
Una mujer que me lo cuenta todo. 

Me lo ha contado así... — 

Pasó el baile y la noche. ¡ Con el día 
Ya vendrá otra embriaguez ! . . . 

¿Dónde la muerte está de esta agonía ?... 

¡Otrave:;^, corazón I ¡ay! ¡Otrave:{_! 



DOLORAS 131 



XLII 

¡MÁS!... ¡MÁS!... 



¿ Piensas satisfacer tu apetito ? 
Pues 110 lo akaniards. 

(Kempis, lib. I, cap. xx.) 



I 



Brindemos por Salomón, 
Que con tan cuerdo saber 
Nos pinta la condición 
Del alma de la mujer. 
Ved, por ejemplo, á Leonor, 
Que ya del Rhin á merced, 
Ve girar en derredor 
Los frescos de la pared, 

Y cansada de gozar, 
Aunque no harta de sentir, 
Llena de pasión quizás, 

Y sin quizás, de elixir, 



T32 CAMPOAMOR 



Sentiéndose derrumbar 

Á una postrer libación, 

¡ Oh insaciable corazón ! 

Aun dice en sueños: ¡Más!... ¡Más!. 



II 



¡ Más ! ¡ Más ! suprema explosión 
Del pensar y del sentir, 
Misteriosa evocación 
De un oscuro porvenir, 
Prolifica emanación 
Que entre gozar y sufrir, 
En eléctrica ascensión 
Corre en eterna espiral 
De eslabón en eslabón 
Una cadena inmortal. 
¡ Más ! divina aspiración 
Á otra trasfiguración. 
Como así nos lo hacen ver, 
En perpetua evolución. 
Las gramas con germinar, 
Las flores con florecer. 
Los frutos con madurar, 
Los árboles con crecer; 
Y en su anhelo de llegar 
Á más alto porvenir, 



DOLOR AS 



Cuanto siente, con sentir, 
Llega como el hombre d amar; 
Y el hombre, supremo ser, 
De todo infinito en pos. 
Con pensar y con querer 
Sube á arcángel, y además 
Llega hasta embeberse en Dios. 
¡Más! alma mía. jMás!... ¡Más!, 



III 

¡Rhin! El más, en conclusión, 
Es el anhelo eternal 
De toda la creación. 
Siendo en fuerza desigual. 
En la materia, atracción, 
Tendencia en el vegetal. 
En lo vital, sensación, 
Pensamiento en lo humanal : 
Más, como alma, es religión; 
Como espacio, inmensidad; 
Como cuerpo, corazón; 
Como tiempo, eternidad; 
Y entre amar y florecer. 
Entre pensar y sentir 
A un fin aspira mejor. 
Cuanto fué, y es, y ha de ser, 



134 CAMPOAMOR 



Ya fruto, ya árbol, ya flor. 
¡Elixir! ¡Más elixir! 
¡Brindis!... al más de Leonor. 



IV 

¡Más de todo! ¡Venga Rhin! 
¡Más aire! Abrid el balcón, 
Y veremos la extensión 
De esa Australia celestial, 
Cuyas islas de coral 
Las piedras miliarias son, 
Con que el principio sin fin 
Marca la imaginación 
De ese insondable caudal, 
De esa eterna sucesión. 
Que no tienen fin jamás. 
Tiempo y espacio, expresión 
Del más, del último más!... 



¡ Rhin ! ¿ Más en el tiempo qué es ? 
Contad un día y un mes. 
Luego un siglo, después mil; 
Siglos de siglos después 



DOLOKAS 135 



Con k cabeza febril 

Por siglos multiplicad; 

Y después que acumuléis 

Á toda una eternidad, 

Si no amengua vuestro ardor 

Jamás, jamás y jamás. 

Aun acumular podéis 

Cien eternidades más. 

Del postrer jamás al fin... 

¡Siempre más! ¡Gloria á Leonor, 

Rhin, Ganimedes, vicis Rhin!... 



VI 

¡Rhin, Rhin! como en la evasión 
Del tiempo que se nos va. 
También se halla en la extensión 
Ese eterno más allá. 
Sumad un mundo, dos, tres, 

Y cuatro, y mil, y un millón 

Y mil millones después, 

Y hallaréis, en conclusión. 
De vuestras sumas al fin. 
Del postrer mundo al través. 
Siempre otro mundo detrás... 

j Rhin, Ganimedes, más R hin ! . . . 
¡Más!. . . ¡mucho más!!. . . ¡mucho más!!!. 



136 CAMPOAMOR 



XLIII 

COSAS DEL TIEMPO 



Pasan veinte años ; vuelve él, 
Y al verse, exclaman él y ella : 
( — ¡Santo Dios! ¿y éste es aquél?...) 
( — ¡Dios mío! ¿y ésta es aquélla?...) 



XLIV 
ENGAÑOS DEL ENGAÑO 



— ¡Cuánto creía en ti, cuánto creía! 

— Te juro que, aunque infiel, soy inocente. 

— ¿No pensabas amarme eternamente? 

— Yo lo pensaba así, querida mía. 

De mi error en disculpa, este letrero 
Sobre mi tumba dejaré grabado : 
c< Perdónale al infiel que te ha engañado. 
Porque á sí mismo se engañó primero. » — 



DOLORAS 



IJ7 



XLV 
TODO ESTA EN EL CORAZÓN 



La reina que enloquecía 
Por don Felipe el Hermoso, 
La tumba al ver de su esposo, 
— ¡Todo está allí!! — se decía. 
Sus restos exhumó un día, 
Mas nada allí vio ; y así. 
En vez del — todo está allí, — 
Desde tan triste ocasión. 
Señalando al corazón. 
Decía : — ¡ Todo está aquí ! — 



8. 



CAMPO A. MOR 



XLVI 

^'dUÉ ES AMOR? 



Cual es cada uno en lo interior, 
tal ju:^ga lo defuera. 

(Kempis, lib. XI, cap. iv.) 

Dudando, Enriqueta, tu pura inocencia, 
Si amor, que aun no sientes, es dicha ó dolor, 
Pretendes que diga mi amarga experiencia, 
¡Feliz, pues lo ignoras! ¿qué cosa es amor? 

¡Alzad de las tumbas, y al par de la brisa 
Cruzad, bellas sombras, dejando el no ser! 
La Estuardo, Francisca, Lucrecia, Eloísa, 
¡Dementes sublimes! decid ¿qué es querer? 

— Querer,un misterio, — comienza la Estuardo, — 
Que á dos funde en uno, partiendo uno en dos. 
-;Qué son tus amores, amor de Abelardo? 
Infierno de dichas y cielo sin Dios. 



D o L o R A S 



139 



No amar siendo amada, — prosigue, — no es vida; 
No ser nunca amante ni amada, es no ser; 
Querer, el infierno, no siendo querida; 
Mas, siendo querida, la gloria es querer. — 

¡Perdona, oh perpetuo pudor de la historia, 
Perdona á mi musa, si evoca en tropel 
Los nombres que fueron escándalo ó gloria : 
Cleopatra, la Cava, Teresa, Raquel ! 

Dejad los sepulcros, falange divina. 
Tomando á mi acento las íormas de ser : 
Elena, Artemisa, Judith, Mesalina, 
¡Honor ó vergüenza! decid (i qué es querer? 

Decidme si es fiebre que el alma envenena, 
O sólo un deleite que se une al pudor : 
Semíramis, Safo, Niñón, Magdalena, 
¡ Falsarias eternas ! ¿ qué cosa es amor 1 

Teresa la santa, más bien la divina, 

— Amor — dice — junta ternura y deber. 

— Amar es — replica la vil Mesalina — 
Hallar el descanso, cansando el placer. 

— Amor pierde — dicen la Cava y Elena — ■ 
La fe y patria siempre, los goces jamás. 

— Es — dice gimiendo de amor Magdalena — • 
Gozar mucho, y luego llorar mucho más. — 



C A M P o A M o R 



Y Safo, con fiebre de amor que no espera, 

— Morir por quien se ama — prorrumpe — es querer. 

— Es cierto, — responde Lucrecia altanera : — 
Morir por quien se ama, si se ama el deber. 

— Vivir en la mente — prosigue Artemisa — 
De aquel que amó mucho, y amó porque sí. 

— Vivir siempre en otro, — murmura Eloísa. 
Semíramis dice : — Vivir otro en mí. 

— i Hablar con el aire ! — de amor satisfecha, 
¡ Mal haya su boca ! prorrumpe Niñón : — 
Amores sin crimen, son sueños sin fecha; 
Pasión que no afrenta, no es digna pasión. — 

¡ En fin ! ¿ halla el que ama la gloria ó el infierno ? 
¡Aquí las perjuras! ¡Las fieles aquí! 
Decidme, en resumen, lo que es ese eterno 
Deseo que miente, mintiéndose á sí. 

— ¡Morir! — dice Safo. Francisca — ¡el incesto! — 
Teresa, — aquel místico amor del amor ! — 
Judith y Lucrecia, — j gozar con lo honesto ! — 
Cleopatra, — ¡ la orgía ! — Raquel, — ¡ el pudor ! — 

¡Silencio! así al mundo volvieron demente; 
Aun dudan hoy locas, más locas que ayer. 
Si amor da delicias, ó si es solamente 
Perder la ventura buscando el placer. 



DOLORAS 141 



¡ Huid ! falsas dueñas de todos los dueños 
Que el mundo anegaron en llanto por vos, 
Que hacéis de la vida ya un sueño de sueños. 
Que hacéis de la carne ya un monstruo, ya un dios. 

¿Amor en vosotras es todo ó no es nada. 
Verdad ó mentira, virtud ó placer? 
¡ Odiosa falange del mundo adorada. 
Pues sois siempre un caos, ¡ tornad al no ser ! 

¡ Maldito aquelarre de diosas, que ignora 
Si amor cura ó mata, si afrenta ó da honor ! 
— Ya oíste, Enriqueta; si sabes, ahora 
Responde tú misma: ¿qué cosa es amor? — 



142 CAMPOAMOR 



XLVII 

LAS DOS GRANDEZAS 



Uno altivo, otro sin ley, 
Así dos hablando están : 

— Yo soy Alejandro el rey. 
• — Y 3^0 Diógenes el can. 

— Vengo á hacerte más honrada 
Tu vida de caracol. 

¿ Qué quieres de mí ? — Yo, nada ; 
Que no me quites el sol. 

— Mi poder... — Es asombroso, 
Pero á mí nada me asombra. 

— Yo puedo hacerte dichoso. 

— Lo sé, no haciéndome sombra. 

— Tendrás riquezas sin tasa, 
Un palacio y un dosel. 



DÜLOKAS 143 

— ¿Y para qué quiero casa 
Más grande que este tonel ? 

— Mantos reales gastarás 
De oro y seda. — ¡Nada, nada! 
¿No ves que me abriga más 
Esta capa remendada ? 

— Ricos manjares devoro. 

— Yo con pan duro me allano. 

— Bebo el Chipre en copas de oro. 

— Yo bebo el agua en la mano. 

— Mandaré cuanto tú mandes. 

— ¡Vanidad de cosas vanas! 

¿ Y á unas miserias tan grandes 
Las llamáis dichas humanas ? 

— Mi poder á cuantos gimen, 
Va con gloria á socorrer. 

— ¡La gloria! capa del crimen ; 
Crimen sin capa ¡el poder! 

— Toda la tierra iracundo 
Tengo postrada ante mí. 

— (i Y eres el dueño del mundo, 
No siendo dueño de ti.'' 



144 CAMPO A. MOR 



— Yo sé que, del orbe dueño, 
Seré del mundo el dichoso. 

— Yo sé que tu último sueño 
Será tu primer reposo. 

— Yo impongo á mi arbitrio leyes. 
— ; Tanto de injusto blasonas? 

— Llevo vencidos cien reyes. 

— ¡ Buen bandido de coronas ! 

— Vivir podré aborrecido, 
Mas no moriré olvidado. 

— Viviré desconocido. 
Mas nunca moriré odiado. 

— ¡Adiós! pues romper no puedo 
De tu cinismo el crisol. 

— ¡ Adiós! ¡ Cuan dichoso quedo. 
Pues no me quitas el sol ! — 

Y al partir, con mutuo agravio, 
Uno altivo, otro implacable, 

— ¡Miserable! dice el sabio; 
Y el Rey dice : — ¡ Miserable 1 



DOLORAS M-; 



XLVIII 

ACHAQ.UES DE LA VEJEZ 



No confies, ni estribes :ohre 
la caña bucea, porque ¡oda carne 
es heno y toda su gloria caerá 
como su flor. 

(Kempis, lib. XI, cap. vil.) 



T 



Si no me ataran los pies 
La gota, y la que no lo es, 
Contigo iría hasta el fin 
De ese encantado jardín. 
¡Rompamos la marcha, pues! 
Ea, á la una, á las dos, 
Á las... ¡por vida de Dios ' 
Tenme, no me caiga, Inés. 



I4Ó CAMPOAMOR 



II 



i Ah ! i cómo enciende de amor 
De tus ojos el color; 
El mismo con que Rafael 
Xos pinta la caridad ! 
Á su dulce claridad, 
Cien vueltas á este verjel 
Diera de buen grado, Inés; 
Mas ¿ qué importa ¡ maldición ! 
Que me arrastre el corazón, 
Si me flaquean los pies ? 



III 

¡ Bien ! De nuevo tu beldad 
Nueva extensión da á mi ser, 
Y de mi primera edad 
Ya casi siento el placer; 
Inés, ¡ qué felicidad 
Si ahora á mi voluntad 
Igualase mi poder! 
Ya di un paso. ¡Vuelve á mí. 
Fuego de mi corazón. 
De ese éter universal 
Donde en deliquio inmortal 
De expansión en expansión 



DOLORAS 1-17 

Toda la vida vertí ! 

Otro paso. ¡Bien! ¡Muy bien! 

Como el de Venus, también, 

Inés, tu talle español 

Arrastra á cuantos lo ven, 

Subiendo de sol en sol 

Derechos hasta el Edén. 

¿Ves? Ya me siento ascender; 

Demos la vuelta hasta el fin 

De este encantado jardín; 

¿Á ver como marcho, á ver? 

¿Dices que tiemblo? ¡No... no .. 

Es que la tierra, cual yo. 

Vibra también de placer 1 

¿Oyes? ¡Cuan bien con su amor 

Celebra ese ruiseñor 

Nuestro epitalamio actual!... 

Pero, por vida de tal, 

Que á los tres pasos, Inés, 

Del exceso del sentir 

Se me van algo los pies... 

Y además, al percibir 

Cómo me hiela el sudor, 

Ya comienzo á presentir 

Que ese inocente cantor 

Á la entrada del Edén, 

En vez de este mutuo amor, 

Acaso ¡fatalidad! 



148 C AMPO AMO :i 



Está cantando más bien 
Mi unión con la eternidad ! 

IV 

¡Ay, Inés! ¡ no puedo más I 
Pongamos al viaje fin. 
Aquí estoy bien, y además 
Siempre está donde tú estás 
El oasis del jardín. 
¡ Gracias, mi esposa! ¡ Tú aun crees 
Que este corazón senil 
No es un árbol sin calor, 
Cuando con tan tierno amor 
Mi mano coges, Inés, 
Con el mismo aire gentil 
Con que se coge una flor I 
j Ay ! ignora tu bondad, 
Como ignoró mi ilusión, 
Que es inútil la beldad 
Cuando ya en el corazón 
Queda sólo la razón, 
Flor de la esterilidad! 
Sentémonos, pues, aquí, 
A las puertas del Edén ; 
Y mientras maldigo así 
Este cuerpo baladí, 
Perdona el error de quien 



DOLORAS 

Se está muriendo por ti. 
Muriéndome, Inés, jsí! ¡sí! 
Por eso creyendo voy 
Que evaporado ya soy 
Errante espectro de mí. 



Mas si no alcanzo al honor 
De dar dos vueltas ó tres, 
No es por falta de valor, 
Como tú sabes, Inés; 
Tan solamente ¡oh dolor! 
Por estos malditos pies. 
No puedo entrar, como ves, 
En el templo del amor. 

Y ya que has llegado á ver 
Que para poder entrar 
Sólo me falta tener 
Los pies que me han de llevar, 
Te prometo, hermosa Inés, 
Que en cuanto yo tenga pies. 
En ti, por ti y para ti 
Iré hasta el templo que ves, 
Y alguna vez más allá... 
¿Dices que ahora? ¡Ay de mí! 
La voluntad está aquí; 
Mas ¿y los pies? ¡Ahí está!!..^ 



M9 



150 



CAMPOAMOR 



XLIX 

SUFRIR ES VIVIR 



A MI QUERIDO AMIGO DON EDUARDO BUSTTLLO 

Maldiciendo mi dolor, 
Á Dios clamé de es^a suerte : 
— Haced que el tiempo, Señor, 
Venga á arrancarme este amor 
Que me está dando la muerte. — 

Mis súplicas escuchando, 
Su interminable camino 
De orden de Dios acortando. 
Corriendo, ó más bien, volando, 
Como siempre el tiempo vino. 

Y — voy tu mal á curar — 
Dijo; y cuando el bien que adoro 



DOLORAS 

Me fué del pecho á arrancar, 
Me entró un afán de llorar 
Que aun, de recordarlo, lloro. 

Temiendo por mi pasión 
Penas sufrí tan extrañas. 
Que aprendió mi corazón 
Que una misma cosa son 
Mis penas y mis entrañas, 

Y feliz con mi dolor, 
Gritó mi alma arrepentida : 
— Decid al tiempo, Señor, 
Que no me arranque este amor, 
Que es arrancarme la vida. — 



151 



CAMPOAMOR 



LOS DOS ESPEJOS 



En el cristal de un espejo 
Á los cuarenta me vi, 

Y hallándome feo y viejo, 
De rabia el cristal rompí. 

Del alma en la trasparencia 
Mi rostro entonces miré, 

Y tal me \i en la conciencia. 
Que el corazón me rasgué. 

Y es que, en perdiendo el mortal 
La fe, juventud y amor, 
¡ Se mira al espejo, y. . . mal ! 
¡ Se ve en el alma, y. . . peor ! 



DOLORAS 153 



LI 

LA FE Y LA RAZÓN 



A DON NICOMEDES MARTÍN MATEOS 
I 

La reina de Suecia un día, 
Recibiendo gravemente 
Lección de filosofía, 
Á Descartes le decía 
Con gravedad lo siguiente : 

— Lleváis, maestro, al exceso 
De mi ignorancia la fe : 
Pienso, luego soy; no es eso : 
Pienso, luego seque sé. 

Ya veis que empiezo á dudar, 
Como vos, para creer, 
Pero antes de comenzar. 



9- 



154 CAMPOAMOR 

Decidme : ¿es ser el pensar? 
¿Acaso el ser es saber? 

No os alteréis; con paciencia 
Probaré que vuestra ciencia 
Puede resumirse así : 
Yo soy lo que ts. Consecuencia : 
No hay verdad en la experiencia, 
Ni dicha fuera de mí, 
Pues que saca la conciencia 
Fe, dicha y verdad, de sí. 

¿Mi deducción no es probada? 
Sin duda, pues la acomodo 
A vuestra tesis sentada : 
Yo soy sólo el ser; de modo 
Que si es mi conciencia todo, 
Todo lo demás es nada. 



¡ Oh maldito escepticismo ! 
¿No estáis viendo, hombre inhumano, 
Que con atroz ateísmo 
Lanza vuestra impía mano 
Á Dios y al mundo á un abismo, 
Siendo el pensamiento humano 
De sus juicios soberano, 
Y único juez de sí mismo? 



DOLORAS 1)5 

¡ Horrible es la ciencia, sí, 
Que hasta de la fe el consuelo 
Mata, pues juzgando así, 
Si existe Dios en el cielo, 
Sólo es porque existe en mi ! 

¡ Maestro ! vuestra opinión 
Que es ilusión confesad, 
Y si no es una ilusión. 
Mi mente es la autoridad; 
La dicha es mi corazón ; 
Soy lo que es; y en conclusión, 
Mi verdad es la verdad. 
Mi razón es la razón. — 



II 

Descartes, después de oir 
Á su alumna en aquel día, 
De tristeza que tenía 
Se puso el pobre á morir, 
Y así muriendo decía : 

— ¡Ay! ¿qué puedo conocer, 
Gran Dios, si ignoro yo mismo 
Si es igual pensar v ser ? 
I Cómo salvaré el abismo 



156 CAMPOAMOR 



Que hay entre el ser y el saber? 
¿Dónde estás, razón que adoro? 
¡Valedme, adorada fe! 
¿ Cuál es la verdad que exploro ? 
Ya sé que soy : bien, ¿ y qué ? 
¡Nada ! Excepto el sé que sé, 
Todo lo demás lo ignoro. 

¡ Noble razón ! \ santa fe ! 
¿Eternamente estaré 
Entre una y otra en suspenso ? 
No hay duda : pienso que pienso, 
Mas lo que pienso no sé. 

¿ Será verdad que mi ciencia 
Va del ateísmo en pus, 
Y que, sin fe ni experiencia, 
No existe más ley de Dios 
Que la ley de la conciencia? 

¡Grande es mi error, pese á tal! 
Soy porque pienso; ¿ y después ? 
Después ya no hay bien ni mal, 
Pues cada hombre entonces es 
Centro del mundo moral. 



¿Y cómo ha de hallar el alma 
En este mundo quietud, 



DOLORAS 

Sin virtud que dé la calma, 
Sin fe que dé la virtud ? 

¡ Sacadme, Dios de bondad. 
De esta eterna confusión! 
¿Mi verdad es la verdad? 
¿ Mi razón es la razón ? — 

III 

Cuando Descartes murió 
Cristina del sé que sé 
Las consecuencias sacó^ 

Y á Monaldeschi mató; 
Dio á su trono un puntapié; 
Su religión abjuró; 

Y al fin refugio buscó 
En la católica íe. 

Tal fué su historia. De suerte 
Que, de cuanto hay aburrida, 
Yendo hacia la eterna vida 
Que no muere con la muerte, 
El célebre sé que sé 
Dio al olvido, y de este modo 
Halló la ciencia en la fe, 
Ultima verdad de todo. 

Y próxima ya á llegar 
Á aquel último momento 



1)7 



158 CAMPOAMOR 



En que engañar el pesar 
Es nuestro solo contento, 
Decía con humildad, 
Pidiendo al cielo perdón : 

— Recibe, Dios de bondad, 
xMi postrera confesión; 
Es la fe mi autoridad. 
Es el mal mi corazón : 
i No es mi verdad la verdad ! 
¡No es mi razón la razón! 



DO LO RAS 159 



LIl 

LAS CREENCIAS 



Deja todas las cosas traiisilcrias, 
busca las eternas. ¿Que es todo lo 
temporal sino engañoso? 

(Kempis, lib. m, cap. i.) 



I 



Queriendo un re}^ discutir 
Las creencias, llama gente 
De Ocaso, Sur, Norte, Oriente, 
Tanto que puedo decir 
Que está allí el mundo presente. 

II 

BELLEZA 

El Rey su noble cabeza 
Cortés inclina hacia el suelo, 



l6o CAMPOAMOR 

Abre la sesión, y empieza : 

— Se discute la Belle:^a, 
Raro presente del cielo. 

— Es lo negro Li hermosura, — 
Dice uno de negra tez. 

Otro blanco : — Es la blancura. 

— Lo azul, — un indio murmura; 

Y un chino : — la amarillez. 

— Si tal, clama uno. — No tal, - 
Gritan otros replicando. 

Dice un griego : — Es lo ideal. — 
Un francés : — La gracia andando. - 
Un inglés : — Lo original. — 

Queda el Rey meditabundo. 
Siguen los demás sus huellas, 

Y piensa : — En creer me fundo 
Que si hay en él cosas bellas, 

Xo hay tipo bello en el mundo. — 

Pausa. A tan locos extremos 
Calla el concurso. Y después 
Dice un sabio : — Según vemos. 
La belleza no es lo que es. 
Sino que es lo que queremos, — 

Fijada asi la cuestión, 
Pregunta otro sabio : — ¿Qué es 



DOLORAS i6l 



La belleza, en conclusión, 

Si lo feo en un lapón 

Es lo bello de un inglés? — 



'O' 



Nadie á esto respuesta da . 
El gran Rey calla y suspira, 
Y dice : — Acabemos ya; 
La belleza sólo está 
En los ojos de quien mira. — 

III 

GLORIA 

Nueva expectación. Después 
Prosigue el Rey : — Discutamos 
Si nuestra Gloria sólo es 
El Gólgotha, en que dejamos 
Los primeros treinta y tres. 

— De Bruto es la indignación, 

— Es de César la grandeza. 

— La vanidad en acción. 

— Toda la humana simpleza, 
Fundida en una ilusión. 

— Placer de lo extraordinario. 

— Humo que despide luz. 

— Luz que despide un osario. 



102 CAMPOAiMOR 

— Dicha de llevar la cruz 
A la cumbre de un calvario. 



— ¡ Gloria ! grandeza pequeña. 

— Dolor que canta una trompa. 

— Verdad de todo el que sueña. 

— Bazar en que el hombre enseña 
De su miseria la pompa. 

— Espacio que un aire llena. 

— Abrir tumbas con la espada. 

— Morir viviendo en escena. 

— Es un néctar que envenena, 

— Es darlo todo por nada. — 

No viendo sino locura 
En duda tan espantosa. 
Con la más honda amargura, 

— ¡ La gloria ! — el gran Rey murmura, — 
¡Poca cosa, poca cosa! — 



IV 



JUSTICIA 

— ¿Qué es justicia, y dónde se halla? 
Dice el Rey. A nombre tal. 
Se alzan grandes y canalla. 



DOLORAS 163 



Gritando unos : — ¡La metralla ! - 
Diciendo otros : — ¡El puñal! 

— La justicia es el humor. 

— Lo justo es la autoridad. — 
Los grandes : — Es la bondad. — 
Los reyes : — Es el rigor. — 

El pueblo : — Es la libertad. 

— Es — dicen los escogidos — 
Que al bueno el que es malo tema. 

Y exclaman los oprimidos : 

— La justicia es este lema : 

¡ Desdichados los vencidos ! 

Á tan discorde rumor 
Dice alto el Rey : — ¡ Basta ya ! — 

Y en voz baja : — Pues, señor, 
Todo espectáculo está 
Dentro del espectador. — 



VIRTUD 



Sigue el Rey con emoción, 
Pero con noble actitud : 
— ¿La virtud es ilusión ? 



I64 CAMPO A. MOR 



¿Es prueba una buena acción 
De que hay tipo de virtud? — 

Y un sabio : — Hay virtud cumplida, 
Responde — si hay quien se atreva 

Á obrar siempre como deba; 
Mas ¿ puede haber en la vida 
Juicio que esté á toda prueba ? — 

De este sabio á la opinión 
Se adhiere otro sabio más : 

— ¿Qué es virtud, en conclusión, 
Si hay puntos donde jamás 
Resiste nuestra razón? 

— La virtud — dice un pagano - 
Es el placer que va unido 
AI beüo ideal humano. 

— La virtud — dice un cristiano — ■ 
Es el deseo vencido. — 

Y exclama la juventud : 

— La virtud no es la fortuna. — 
Alo cual la multitud 

Dice : — Mas, sin duda alguna. 
La fortuna es la virtud. — 

Y un hombre que irracional 
Toma por ciencia el desdén. 



DOLORAS 165 



Dice : — Regla general : 
Dudad cuando os hablen bien; 
Creed cuando os hablen mal. 

— Es tristeza. — Es el contento. 

— Es sufrir. — Es la salud. — 
Y un epicúreo opulento 
Prorrumpe: — ¡Virtud! ¡virtud! 
Cuestión de temperamento. — 

Á este axioma el Rey. — No hay tal, — 
Á replicar se apresura; 

— La virtud es inmortal; 
Si el mundo es un cenagal, 
Buscadla siempre en la altura. — 



VI 



RELIGIÓN 

Una tras otra ilusión 
Mirando desvanecidas, 

— Veamos la Religión, — 
Dijo el gran Rey, ya caídas 
Las alas del corazón. 

Uno : — Es fe. — Y otro : — Es conciencia. 

— Es lo eterno. — Es el no ser. 

— Es fuerza. — Es benevolencia. 



l66 CAMPO AMOR 



— Es de Coníucio la ciencia. 

— Es de Mahoma el placer. 

— ¡ Silencio ! — el gran Rey profiere, 
La religión viendo hollada ; — 
Creer sólo en lo que agrada, 
Es todo lo que se quiere, 
Y lo que es todo no es nada. 

¡Inútilmente traidora. 
Dardos la impiedad te lanza. 
Religión^ que el mundo adora. 
Fuente de nuestra esperanza. 
De esta virtud que no llora ! 

¡ Nunca el alma racional 
Podrá creer que eres un sueño. 
Bálsamo de todo mal, 
Luz á través de la cual 
Todo en el mundo es pequeño ! — 



VII 

Calló, y á una cortesía 
Que hizo al pueblo el Rey de pie, 
Todo el concurso aquel día, 
Creyendo lo que creía. 
Por donde vino se fué. 



DOLORAS 167 



Lili 
AMOR Y GLORIA 



¡ Sobre arena y sobre viento 
Lo ha fundado el cielo todo ! 
Lo mismo el mundo del lodo, 
Que el mundo del sentimiento. 
De amor y gloria el cimiento 
Sólo aire y arena son. 
¡Torres con que la ilusión 
Mundo y corazones llena, 
Las del mundo sois arena, 
Y aire las del corazón ! 



i68 CAMPOAMOR 



LIV 

NUNCA OLVIDA QUIEN BIEN AMA 



Ya que este mundo abandono, 
Antes de dar cuenta á Dios, 
Aquí para entre los dos, 
Mi confesión te diré : 
— Con toda el alma perdono 
Hasta á los que siempre he odiado 
¡Á ti, que tanto te he amado, 
Nunca te perdonaré ! 



DOLORAS 169 



LV 

TODO ES UNO Y LO iMlSMO 



(Axioma de Schdlino.) 
A MI AMIGO EL MARQUÉS DE MOLÍNS 



PRIMERA PARTE 

A LO IDEAL POR LO REAL 
I 

Juan amaba tanto á Luisa, 
Como á Luis quería Juana; 
Y aunque me exponga á la risa 
De la multitud liviana, 
Diré que su simpatía 
Rayaba en tales extremos, 
Cual la que tener podemos, 

10 



I70 CAMPOAMOR 



Tú á tu esposa, y yo á la mía. 
Sí, Marqués, no os cause espanto 
El que ponga frente á frente 
Su encanto con nuestro encanto ; 
Pues podéis creer firmemente 
Qiie, aunque no se amasen tanto, 
Se amaban inmensamente. 



II 

Mas la muerte, esa tirana 
Que siempre el mal improvisa. 
Llevándose á Juan y á Juana, 
Solos dejó á Luis y á Luisa. 



III 

Llorando la mala suerte 
De los dos que se murieron, 
Los vivos casi estuvieron 
Á las puertas de la muerte. 
¡ Siempre á nuestra vida humana 
Es otra vida precisa ! 
Así Luis quedó sin Juana, 
Como al perder á Juan Luisa, 
Sin que nadie amenguar pueda 
Las lágrimas ¡ ay ! que llora, 



DOLÜRAS 



171 



Como se queda el que queda, 
Cuando al que se va se adora. 



IV 

Desde entonces, poco á poco, 
Tan loca ella como él loco, 
Por cuantos sitios frecuentan, 
Marchan con pasos inciertos, 
¡ Tan tristes ! ¡ tan pensativos ! . . . 
Qiie parece que alimentan 
Las almas de los dos muertos 
Los cuerpos de los dos vivos. 

Y al verlos tan sólo atentos 
A su ventura ilusoria. 
Sombras de dos pensamientos 
Q.ue alumbran desde la gloria, 
Llama la gente liviana. 
Sirviendo al vulgo de risa, 

— La loca por Juan — á Luisa, 

Y á Luis — el loco por Juana. — 



V 



¡Luisa feliz, que en un duelo 
Toda su delicia encierra, 
Cual ángel que por la tierra 



172 CAMPOAMOR 



Cruza de paso hacia el cielo! 

Sueña, sueña, ángel hermoso, 

En tu dicha malograda; 

Porque la dicha soñada 

¡ Es un sueño tan dichoso ! . . . 

¡Dichoso Luis! Sus tormentos, 

En su ensueño delicioso. 

Trueca en bellas ilusiones; 

Lo que es horrible, en hermoso; 

La realidad, en visiones; 

Días de angustia, en momentos. 

i Una y mil veces dichoso 

Aquel que sus sensaciones 

Transfigura en pensamientos! 



SEGUNDA PARTE 

Á LO REAL POR LO IDEAL 



I 



Riogar con cierto misterio 
En un cierto cementerio 
Una sombra se divisa; 
Es que por Juan reza Luisa. 
Otra sombra que hay cercana, 



DOLORAS 17} 
— _ j 

Es Luis que ruega por Juana. 
Se lamentan los dos vivos 
Por sus muertos respectivos 
Con corazón tan ardiente, 
Que al mirarse frente á frente, 
Dicen la una y el uno : 

— ¡Qué importuna! — ¡Qué importuno! 

Y Luis huyendo de Luisa, 

Y Luisa de Luis huyendo, 
Se marchan, casi corriendo, 

Y corren, casi de prisa. 

II 

En el mismo cementerio, 

Y con el mismo misterio, 
Se hallan los dos otro día, 

Y mientras Luisa exclamaba : 

— Cuando mi amante vivía, 
Le hallaba donde le hallaba, 

Y hoy, que en la tumba me espera, 
Su sombra está donde quiera, — 
Lanzando quejas amantes. 

Dice Luis del mismo modo : 

— Si todo estaba en ti antes. 
Ahora tú estás en todo. — 

Y esta vez menos esquivos, 
Ó de agradarse más ciertos, 



174 CAMPOAMOR 

Después de orar por los muertos, 
Se hablaron algo los vivos. 



III 

Desde entonces los amantes 
Dijeron, siempre con fuego, 
Una larga oración antes, 

Y un corto diálogo luego ; 
Mas consignar bien importa 
Que, después de algunos días. 
Se fueron haciendo cargo 
Que la oración ya era corta, 

Y el diálogo era ya largo. 

IV 

Saliendo del cementerio,, 
Mas ya sin ningún misterio, 
Se miraron otro día. 
Diciendo, ¡ quién lo creería ! 

— ¡ Es buen mozo ! — ¡ Pues es bella ! 

— ¡Pero aquél! — ¡ Ay! ¡Pero aquélla!, 

Y ella de amor suspirando, 

Y Luis aun de amores loco. 
Ya no corren, van marchando; 
Pero marchan poco á poco. 



DOLORAS 



I7S 



V 



Así el buen mozo y la bella, 
Al promediar la semana, 
¡Oh fidelidad humana! 
— ¡Se parece á Juan? — dice ella; 

Y él dice : — ¡ Parece Juana ! — 
(¡Pobres Juana y Juan!) Dicho esto, 
Uno con otro se junta, 
Haciéndolo él, por supuesto, 

En honor de la difunta ; 

Y ella admitiéndole al lado, 
Con temor aun no fingido, 
Pues si el vivo era ya amado, 
Aun el muerto era querido. . 

VI 

Mas era tal la insistencia 
De su enamorada mente 
En dar á su amor presente 
De su muerto amor la esencia, 
Que su alma, siempre indecisa, 
Piensa que mira realmente 
En Luis, de Juan la presencia; 
La sombra de Juana, en Luisa; 

Y es que nuestro sentimiento, 



176 CAMPOAMOR 



Por arte de encantamiento, 
Haciendo cuerpo la idea, 

Y lo ya muerto existente, 
Transfigura eternamente 

Lo que ama en lo que desea. 

VII 

En conclusión; cuando se aman 
Con un amor verdadero, 
Así mutuamente exclaman; 

— ¡ Como á él y por él te quiero ! 

— ¡ Te amo como á ella y por ella ! 

Y así el buen mozo y la bella. 
Fingiendo vivo lo muerto, 

Y haciendo falso lo cierto, 
Que eran los muertos creían, 
Creyendo lo que querían; 

Y desde entonces, el duelo 
Trocando todos en risa, 
Luisa á Luis, y Luis á Luisa, 
Después de aquella semana 
Se prestan mutuo consuelo; 
Creyendo que Juan y Juana 
Harán lo mismo en el cielo. 



DOLORAS 177 



LVI 

EL SEXTO SENTIDO 



I 

Viendo en el mundo el Señor 
Desorden por donde quiera, 
Quiso darle un director 

Y dijo de esta manera : 

— Cinco sentidos di al hombre, 

Y no me entiende jamás. 

Daré á un ser que al mundo asombre 
Un sexto sentido más. 

Quiero hacer al mundo don 
De un hombre de alma gigante, 
Grande cual la religión. 
Como la gloria brillante. 

Fe y saber broten sus labios 
Cual brota el verano flores, 



178 CAMPOAMOR 



Más docto que los más sabios, 
Más bueno que los mejores. 

De la humana criatura 
Cese el eclipse moral. 
¡Salve á mi mejor hechura! — 
Dijo, y nació Blas Pascal, 



II 



Al ver pasar su existencia, 
Ya meditando, ya orando, 
Con mucha fe y más paciencia, 
Dice un hombre meditando : 

— ¡Oh Dios! Cuanto más comprendo, 
Menos soy yo comprendido; 
¡ Qué cilicio es tan horrendo, 
El don de un sexto sentido! 

Si bestia al hombre llamé. 
Los ángeles murmuraron; 
Cuando ángel le apellidé. 
Las bestias me calumniaron. 

Mi talento y su talento 
No están de acuerdo jamás. 
ó quítame el pensamiento, 
Ó dáselo á los demás. 



DOLOKAS 179 

Hallo sus deseos locos, 
Sus pensamientos informes. 
Sus remordimientos pocos. 
Sus sensaciones deformes. 

Con lo porvenir sostienen 
De lo presente el afán; 
j Porvenir ! ¡ sombras que vienen ! 
¡Presente! ¡sombras que van! 

Da fe el hombre á su provecho, 

Y cree sólo en su interés; 

Y el que ve el mundo al derecho, 
Dice que lo ve al revés. 

¡ Señor ! ya á tan hondo anhelo 
Mi corazón se rindió 
Enfermo de mal del cielo. — 
Dijo Pascal, y enfermó. 

III 

Entre oración y oración. 
Entre llorar y gemir, 
A un hombre un santo varón 
J-é" ayuda así á bien morir : 

- \ Cuántos afanes perdidos 
En crear tan noble hechura! 



l8o CAMPOAMOR 



Para los cinco sentidos, 
El tener seis es locura. 

De gozar, el mundo ahito, 
Fijo sólo en lo presente, 
Ni sospecha lo infinito, 
Ni la eternidad presiente. 

¡ Qué condición tan menguada ! 
Mezcla el hombre de alma y lodo. 
Para lo infinito es nada, 
Si para la nada es todo. 

De orgullo y de envidia llenos, 
Cual siempre, dejan atrás. 
Los muchos que saben menos, 
Al uno que sabe más. 

Para el mundo, que sin fe 
Presume mucho y ve poco. 
Es necio el que menos ve, 
Y el que ve más es un loco. 

¡Pascal! pues con santo anhelo 
Te mata del cielo el mal, 
Vuélvete á tu patria el cielo ! . . . — 
Dijo, y murió Blas Pascal. 



DOLORAS 



LVII 

LOS DOS PECADORES 



Tú pecas porque me adoras, 

Y yo peco por gozar; 

Y en tan diverso pecar, 
Yo río cuando tú lloras. 
¡Maldigo mis dulces horas, 

Y bendigo tu tormento ! 
Podrá tu remordimiento 
Llevarte á un dichoso estado : 
¡Yo sí que soy desdichado, 
Que peco y no me arrepiento! 



II 



CAMPOAMOR 



LVIII 
MUERTOS aUE VIVEN 



Á MI HERMANO POLÍTICO DON JOSÉ MARÍA VAI.DÉS, 
EN LA MUERTE DE SU HIJA GUILLERMINA 



Con tierna melancolía 
Van á una niña á enterrar, 
Y el padre, al verla pasar. 
Dice llorando : — ¡Hija mía! 
j La pierdo cuando aun vivía 
Con la fe de la ilusión!... — 
Mas se templó su aflicción 
Mirando al cortejo, y viendo 
Tantos que, sin fe viviendo 
Llevan muerto el corazón. 



DOLORAS 183 



LIX 

LAS DOS LINTERNAS 



Á DON GUMERSINDO LAVERDE RUIZ 



I 



De Dlógenes compré un día 
La linterna á un mercader. 
Distan la suya y la mía 
Cuanto hay de ser á no ser. 

Blanca la mía parece ; 
La suya parece negra; 
La de él todo lo entristece; 
La mía todo lo alegra. 

Y es que en el mundo traidor 
Nada hay verdad ni mentira : 
Todo es según el color 
Del cristal con que se mira. 



l84 CAMPOAMOR 



II 



— Con mi linterna — él decía — 
No hallo un hombre entre los seres. 
¡Y yo, que hallo con la mía 
Hombres hasta en las mujeres! 

Él llamó, siempre implacable, 
Fe y virtud teniendo en poco, 
Á Alejandro, un miserable, 

Y al gran Sócrates, un loco. 

Y yo ¡crédulo! entretanto, 
Cuando mi linterna empleo. 
Miro aquí, y encuentro un santo; 
Miro allá, y un mártir veo. 

¡ Sí 1 mientras la multitud 
Sacrifica con paciencia 
La dicha por la virtud, 

Y por la fe la existencia, 

Para él virtud fué simpleza; 
El más puro amor, escoria; 
Vana ilusión la grandeza, 

Y una necedad la gloria. 



DOLORAS 185 



¡Diógenes! mientras tu celo 
Sólo encuentra sin fortuna, 
En Esparta algún chicuelo, 

Y hombres en parte ninguna, 

Yo te juro por mi nombre 
Que, con sufrir el nacer, 
Es un héroe cualquier hombre^ 

Y un ángel toda mujer. 



III 

Como al revés contemplamos 
Yo y él las obras de Dios, 
Diógenes ó yo engañamos. 
¿Cuál mentirá de los dos? 

¿ Quién es, en pintar, más fiel, 
Las obras que Dios crió ? 
El cinismo dirá que él. 
La virtud dirá que yo. 

Y es que en el mundo traidor 
Nada hay verdad ni mentira : 
Todo es según el color 
Del cristal con que se mira. 



l86 CAMPOAMOR 



LX 
EL MAYOR CASTIGO 



Cuando de Virgilio en pos 
Fué el Dante al infierno á dar, 
Su conciencia, hija de Dios, 
Dejó á la puerta al entrar. 

Después que á salir volvió, 
Su conciencia el Dante hallando. 
Con ella otra vez cargó, 
Mas dijo así suspirando : 

— Del infierno, en lo proñindo, 
No vi tan atroz sentencia 
Como es la de ir por el mundo 
Cargado con la conciencia. — 



nOLORAS kS? 



LXI 

USICAS QUE PASAN 



Todas Jas cosas pasan, y iú 
cotí ellas. 
(Kempis, lib. XI, cap. i.) 

MI QUERIDO AMIGO DOX FACUNDO GOSl. 
I 

¡ Música ! — i Qué aliento dan, 
Y qué esperanzas sin fin, 
El re-tin-tín del clarín. 
Del tambor el ra-ta-plán ! 

¡Ya aproximándose van! 
¡Tambor y clarín resuenen! 
¡ Cuál la esperanza entretienen ! 
¡Cómo el corazón abrasan! 
Estas músicas que pasan, 
¡ Oué alegres son cuando vienen! 



CAMPOAMOR 



II 



¡ Música ! — i Conforme avanza 
Ya el tambor ó ya el clarín. 
Causa aliento el re-tin-tin, 
Da el ra-ta-plán esperanza! 

¡ Se aleja... y ya en lontananza, 
Más bien que gozoso afán, 
Tristeza sus ecos dan! 
¡ No hay bien seguro en el mundo ! 
j Qué lúgubres son, Facundo, 
Las músicas que se van ! 



III 

¡Ay! ¡Ni al principio ni al fin. 
Nos dan á algunos ardor 
El ra-ta-plán del tambor. 
Del clarín el re-tin-tín! 

¡Tu esplín, Facundo, y mi esplín. 
Para músicas están ! 
¡Poco nuestro antiguo afán 
Las músicas entretienen. 
Ni cuando alegres se vienen, 
Ni cuando tristes se van! 



DOLORAS 1F9 



LXII 

EL CAFÉ 



k MI AMIGO DON ENRIQUE SAAVEDRA, MARQUÉS DE AUÑÓN. 



I 



¡ Café ! — Tal es la cuestión : 
;Hizo Cabanís tan mal 
Al decir que es la razón 
Fruto de una digestión 
De la masa cerebral? 
Sin ir más lejos, Marqués, 
¿ Cómo me podrás negar 
Que el rico café que ves, 
O es cosa que piensa, ó es 
Materia que hace pensar? 
i Gloria á ese vital licor, 
Epiritu material; 
O. si os parece mejor, 



190 CAMPOAMOR 

Materia espiritual; 
Incomprensible hacedor 
De una dicha artificial ; 
Secreto elaborador 
De un frenesí racional ! 
¡ Yo no extrañaré, pardiez. 
Que su semilla al probar 
Las aves alguna vez, 
En deliciosa embriaguez. 
Hablen en vez de cantar ! 

j Otra taza ! y ¡ otra ! — Á fe 
Que asegura con razón, 
No sé quién ni sé por qué, 
Ni recuerdo en qué centón. 
Que en cada grano el café 
Lleva un sabio en embrión... 
Yo quiero ser sabio... ¿oís? 
Dadme sabiamente, pues. 
Una taza, y dos, y tres... 
¡Marqués! ¡querido Marqués! 
¿Tendrá razón Cabanís? 



II 

¡Café! ¡y más café! — ¡ Ven, tú, 
A dar á mi sangre ardor. 



DOLORAS 

Del sueño infalible bu; 
Maná que oxida el dolor; 
Bálsamo á cuya virtud 
Mi prematura vejez 
Siempre recobra otra vez 
La alegría y la salud ! 

Admiraos y escuchad : 
Por descubrir del café 
El solo la propiedad, 
Sin duda tan sabio fué 
El diablo en la antigüedad . 
¿Decís que no? — Pues yo sé 
De un sapientísimo autor 
Que dice y prueba que fué 
De Numa el legislador 
La ninfa Egeria, el café; 

Y añade, poco después. 
Que fué este noble licor 
De Sócrates, sabio autor. 
El genio, diablo ó lo que es. 
De modo, caro xMarqués, 
Que con este talismán 

Han vuelto el mundo al revés^ 
Del uno al otro confín, 
Sócrates, Numa y Satán, 

Y cuantos brujos, en fin. 
Han sido, son y serán. 



191 



192 CAMPOAMOR 



Esto es lo cierto. Y si no, 
¿ Quién como el café marcó 
De la fortuna el vaivén, 

Y á Napoleón arrastró 

Hoy al mal, mañana al bien ? 
I Que quién tal cosa creyó ? — 
Todos, y á más creo yo 
Que ya feliz, ya infeliz. 
Acaso una gota más 
Le dio el triunfo de Austerliz, 

Y una de menos quizás 
Le hizo huir en Waterló. 

Y aun pienso otra cosa, y es 
Que obedeciendo. Marqués, 
Á la rara propiedad 

De un café de calidad, 
Gaje de algún holandés, 
Corriendo en la inmensidad 
Benito Espinosa, en pos 
De una infinita verdad. 
Lanzó esta inmensa impiedad : 
— Dios es todo, y todo es Dios. 
¿ Tengo ó no tengo razón ? 
Pues antes de concluir, 
Todavía vais á oir 
La más extraña opinión 
Que muchas veces á herir 
Viene mi imaiíinación : 






DOLORAS 193 

Y es que llego á presumir, 

¿ Si será el café ese ser 

Que en una edad y otra edad 

Siempre aspira á comprender 

La mísera humanidad? 

¿No es cierto, Padre Voltaire? 

Marqués de Auñón, ¿no es verdad: 



III 

¡ Café ! ¡ café f y ¡ más café ! 
Ahitadme de ese elixir. 
Pasto de almas sin el cual 
Fuera el humano existir 
Casi un sueño vegetal, 
Pues en eléctrico ardor. 
En el ser más baladí 
Hace del afecto amor, 
Y del amor frenesí... 
¡ Ah ! j que caiga sobre ti 
Del orbe la bendición. 
Del alma sabroso pan. 
Borrachera de ilusión, 
A cuya mágica acción 
Es un Etna el corazón, 
Es la cabeza un volcán! 
¿Y quién no honrará el poder, 



194 CAMPOAMOR 



Marqués de Auñón, de un licor 
Que hasta hace alegre el dolor, 
Que hace más vivo el placer, 
Que da al brazo más vigor, 
Á la mente inmensidad, 
Á los ojos claridad, 
Al corazón más amor, 
Y alas á los mismos pies... 
Tanto, que, como tú ves, 
No echo á volar por un tris?... 
¡Marqués! ¡querido Marqués! 
¿Tendrá razón Cabanís? 



DOLORAS 



'95 



LXIII 
DRAMAS DESCONOCIDOS 



Cuando el pueblo á Ótelo vio 
Que, matando á la que adora, 
Dice : — Muera la traidora, 
Que el alma me asesinó, — 
Tu rostro el color perdió 
Llorando el fin de la bella; 
Yo de él pensando en la estrella, 
Dije mirándote : — ¡Infiel! 
¡ Si no te mato como él, 
Me asesinaste como ella ¡ — 



iq6 CAMPO A MOR 



LXIV 

LA METExMPSICOSIS 



I 



Hallé una historia, lector, 
En un viejo pergamino. 
Donde prueba un sabio autor 
¡ Ay! que el variar de destino 
Sólo es variar de dolor. 



II 



FLOR 

— Flor, primero abandonada 
Entre unas hierbas broté. 
Envidiosa y no envidiada. 
Sin ver sol me marchité. 
Llorando y sin ser llorada. 



' 



DOLORAS 197 



BRUTO 

— Á bravo alazán subí, 

Y de victoria en victoria. 
Tras mil riesgos, conseguí 
Para mi dueño la gloria, 

Y la muerte para mí. 

PÁJARO 

— Ave después, hasta el llanto 
Dios me condenó á expresar 
Con las dulzuras del canto : 
Canté, sí, mas canté tanto, 

Que al fin me mató el cantar. 

MUJER 

— Mujer, y hermosa, nací; 
Amante, no tuve fe ; 
Esposa, burlada fui ; 

Lo que me amó aborrecí, 

Y me burló lo que amé. 

SABIO 

— Hombre al fin, ciencia y verdad 
Buscando en lid malograda, 

Fué desde mi tierna edad. 



Io8 CAMPOAMOR 



Mi objeto la inmensidad, 
Y mi término la nada. 

DICTADOR 

— En mí, cuando César fui. 
Su honor la gloria fundó. 
Siempre — vine, vi y vencí; — 
Adopté un hijo, ¡ay de mí! 
Creció; le amé y me mató. 

HOMBRE 

— La escala transmigradora 
De mis cien formas y modos 
Vuelvo ya á bajar; y ahora 

Un hombre soy, que, cual todos, 
Vive, espera, sufre y llora. — 

III 

Después de saber, lector. 
La historia del pergamino, 
¿Qué importa ser hombre ó flor 
¡ Ay ! si el variar de destino 
Sólo es variar de dolor? 



DOLORAS 199 



LXV 
LAS DOS TUMBAS 



¡Cuan honda, oh cielos, será, 
Dije, mi tumba mirando. 
Que va tragando, tragando. 
Cuanto nació y nacerá ! 

Y huyendo del vil rincón 
Donde al fin seré arrojado, 
Los ojos metí espantado 
Dentro de mi corazón. 

Mas cuando dentro miré, 
Mis ojos en él no hallaron 
¡Ni un ser de los que me amaron. 
Ni un ser de los que yo amé! 

Si no hallo aquí una ilusión, 
Y allí sólo hallo el vacío, 
I Cuál es más hondo, Dios mío. 
Mi tumba, ó mi corazón?... 



200 CAMPOAMOR 



LXVI 

LA COMEDIA DEL SABER 



A M[ AMIGO DON TOMÁS RODRÍGUEZ ?UBÍ. 



I 

(Asunto, lo que es verdad. 
Gradas de curiosos llenas. 
Lugar de la acción, Atenas. 
Época, en la antigüedad.) 

(Gran pausa. — Escena primera. 
Como el que se duerme andando. 
Sale Heráclito llorando, 
Y dice de esta manera :) 

— ¡ Ay ! mi ciencia es bien menguada, 
Pues nada en el mundo sé; 
Si sé que hay Dios, es porque 
De nada no se hace nada. 



DOLORAS 201 

Respeto la autoridad, 
Que es de los inicuos valla... 
— ¡ Falso ! — (grita la canalla), 
(Los nobles dicen :) — ¡Verdad ! 

Heráclito : — Yo imagino 
Que es la autoridad de un rey 
Poder que la humana ley 
Saca del poder divino. 

No hay más dicha que el deber : 
Todo aquel que hombre se llama 
Dará por honra la fama, 

Y el poder por el saber. 

Dad á los buenos honores, 

Y castigo á los demás... 
(Aqui le silban los más, 

Y le aplauden los fnejores.) 

Nuestra vida debe ser 
Por nuestras faltas llorar, 
Meditar y meditar, 
Creer y siempre creer. 

(Rumores. — Después quietud.) 
Herácuto : — En conclusión, 
La justa moderación 
Da saber, paz y virtud. 



CAMPOAMOR 



II 

(Gime Heráclito, y á poco 
Sale Demóciüto y mira, 
Y al ver que el otro suspira, 
Se echa á reir como un loco.) 

(Segundo acto. — El pueblo está 
Casi cortés, de callado.) 
Heráclito : — ¡Desgraciado! 
Demócrito : — ¡Ja! ¡ja! ¡ja! 

Heráclito : — Es duelo todo. 
Demócrito : — Todo es juego. 
Heráclito : — El alma es fuego. 
Demócrito : — El alma es lodo. 

(Calla Heráclito y murmura :) 
— ¡ Todo en la vida es miseria ! 
(Y Demócrito :) — ¡Es materia 
Todo en el mundo, y locura ! 

Materia sin albedrío 
Son Dios, el hombre y el bruto; 
El átomo es lo absoluto j 
Lo único real el vacío. 



DOLORAS 203 



Filósofos, que en el mundo 
Buscáis lo cierto, ¡apartad! 
Si existe, está la verdad 
Dentro de un pozo profundo. 

Es del alma universal 
Parte nuestra alma también... 
(Muchos, casi todos :) — ¡ Bien ! 
(Y pocos, muy pocos :) — ¡ Mal ! 

Demócrito : — Un torbellino 
De átomos en movimiento 
Son Dios, la vida, el contento. 
La justicia y el destino. 

Cuanto existe en derredor. 
De lo que existía se hace ; 

Y hasta el hombre crece y nace 
Cual nace y crece una flor. 

Y así, lo que ha de existir 
Nacerá de lo existente. 
•Pueblo! goza en lo presente, 

Y olvida lo porvenir. 

(Risa. — Aplauso general.) 
Demócrito : — En conclusión, 



204 CAMPOAMOR 



El alma es la sensación : 
El placer es la moral. — 

— Vivir, es creer y pensar 
(Dice Heráclito gimiendo.) 
(Y Demócrito rieíido :) 
— ¡Vivir!... sentir y gozar. — 

(Llanto y risa. — El cielo, en tanto, 
Sigue su curso imparcial. 
Pues hasta el fin, le es igual 
Nuestra risa ó nuestro llanto. 

Y uno y otro concluyendo. 
Queda un bando y otro bando, 
Con Heráclito llorajido. 
Con Demócrito riendo. 

Y asi, pensando en pensar 
Si ha de llorar ó reir. 

Ve el homhre su vida huir 
Entre reir y llorar.) 



III 

(Ruido. — Dudas. — Desencanto. 
Sale en el acto tercero 



DOLORAS 20S 

SÓCRATES, cual dice Homero , 
Riéndose bajo el llanto.) 

SÓCRATES : — Sin ton ni son 
Riñe aquí un loco á otro loco; 
¿ No veis que entre mucho y poco 
Está la moderación? 

La fe del uno es menguada; 
Grande es del otro la fe ; 
Yo sólo una cosa sé, 
Y es que sé que xo sé nada. 

Conócete, debe ser 
De nuestra ciencia el abismo; 
Quien se conozca á sí mismo 
Sabrá cuanto hay que saber. 

Para la ciencia, rehacías 
Las plebes... (El pueblo iodo 
Lo silba aquí de tal modo, 
Que Sócrates dice :) — ¡ Gracias ! 

Siempre el pueblo soberano 
Revela al hombre imparcial 
La presencia universal 
De un universal tirano. 

12 



2o6 CAMPOAMOR 

(Nueva silba. — Sensación.) 
SÓCRATES : — De mi alma rey, 
Sólo obedezco á la ley 
Que Dios puso en mi razón. 

(Ruge la chusma indig'nada.) 
SÓCRATES : — Y de tal modo. 
Que el hombre es centro de todo, 
Y todo ante el hombre es nada. 



Sólo hay un Dios... (Gran rumcr 
Entre la vil multitud.) 
SÓCRATES : — Dios de virtud, 
Del bien y lo bello autor. 

Á un Dios sólo, fe tributa 
Un corazón como el mío... 
(Y el pueblo grita :) — Á ese impío, 
¡La cicuta! ¡la cicuta! 

(Y mientras del pueblo el celo 
Lo arrastra á tan mala suerte, 
SÓCRATES dice :) — j La muerte ! 
¡ Última bondad del cielo ! — 

(Y asi, no alegando excusa, 
No salva esta vida ruin, 
Que, cual la hiél, le da fin 
Un vaso de S ir acusa. 



D o L o R A S 207 



¿Quién fnejor su juicio emplea? 
¿El sabio ó el pueblo homicida? 
Si el sabio, ¡gloria á la vida ! 
Si el pueblo, ¡maldita sea!) 



IV 

(Acto cuarto. — Se alborota 
La plebe á Diógexes viendo 
Ta:^a y linterna trayendo. 
La alforja y la capa rota. 

Al ejnpe^ar iracundo 
DiÓGENES silba á los tres. 
Como le silba después 
Á DiÓGENES todo el mundo.) 

DiÓGENES. — Pruebo que es vana 
Toda regla de razón, 
En este sueño en acción 
Que llamamos vida humana. 



oi á preguntaros me atrevo 
; De quién antes se origina. 
El huevo de la gallina, 
Ó la sallina del huevo ? — 



208 CAMPOAMOR 

(Todos tres su menosprecio 
Le hacen á Diógexes ver, 

Y ¿^te hace á Jos tres saber 

Su desprecio hacia el desprecio.) 

DiÓGENES : — Nada hay formal; 
Esta vida es una gresca 
Tragi-cómico-burlesca, 
Jocoso-sentimental. 

No hay ninguna cosa cierta, 
Más que son vuestras locuras 
Escenas de criaturas 
Junto á una tumba entreabierta. 

El pensar, creer y sentir. 
No es sentir, creer ni pensar; 
Eso se debe llamar 
Nacer, crecer y morir. 

Si apHco aqui mi linterna, 
Ni con un hombre tropiezo. 
¡La vida! eterno bostezo, 
Si no es una falta eterna. 

i Mundo ! esfuerzos sin deberá- 
Virtudes sin religión; 
Puntos de honor sin razón, 

Y crímenes sin placer. 



DOLORAS 209 

(Los unos prorrumpen :) — ¡ Fuera ! 
(Los otros exclaman :) — ¡ Bravo ! 
(Y todos gritan al cabo, 
Éstos:) — j Viva ! — (Aquellos:) — ¡ Muera ! — 

(Yo al ver á todos, me río. 
Pues llorar no puedo ya: 
¡ Dónde el depósito está 
De las lágrimas, Dios mío/) 



V 



(El pueblo á la conclusión 
Muestra, al partir tristemente. 
Aire de duda en la frente, 

Y angustia en el corax^ón.) 

(Dice éste al irse :) — j Á pensar! 
(Y aquél murmura :) — ¡ Á sentir ! 
(Uno :) — ¡ Á reir ! ¡ Á reir ! 
(Y otro :) — ¡ Á llorar ! ¡ Á llorar ! 

(Resumen : — ¿Qué es el vivir? 
— Sentir, uno. Otro: — Creer. 
Éste: — Creer y saber. 

Y aquél : — Nr creer ni sentir. 



CAMPOAMOR 



¿Qué eí el mundo? — Lo que vemos. 
¿ Y el saber? — Lo que se ignora. — 

Y ¿qué es Dios? — Lo que se adora. - 
¿ Y virtud? — Lo que queremos. — 

Y aunque más el pueblo alcanza 

Con su VIRTUD-ARMONÍA, 
Con su FE-SABIDURÍA 

Y con su DIOS-ESPERANZA, 



Los sabios al escuchar, 
Ignora el pueblo qué hacer, 
Si ha de dudar ó creer 
Si ha de reír ó llorar.) 



FIN DE LA SEGUNDA ÉPOCA 



TERCERA PARTE 



LXVII 
LA VERDAD Y LAS MENTIRAS 



Á FERNANDO ÁLVAREZ Y GUIJARRO. 



Cuando por todo consuelo, 
Un sacerdote, al nacer. 
Nos dice en nombre del cielo : 
— Polvo es, y polvo ha de ser, - 

Dicen, en coro armonioso, 
El pecho de gozo lleno, 
La nodriza : — Será hermoso ; — 
Y la madre : — ¡ Será bueno ! — 



CAMPOAMOR 



Y luego, allá en lontananza. 
Gritan en acorde son : 

— ¡ Será feliz ! — la esperanza; 

Y — ¡ será rey ! — la ambición. 

Y yendo el tiempo y viniendo, 
Aquí, lo mismo que allá, 

La religión va diciendo : 

— ¡ Polvo es, y polvo será ! — 

Con vanidad y codicia. 
Dicen, sin reir jamás : 

— ¡Será un Creso! — la avaricia; 

Y el orgullo : — ¡ Será más ! — 

Y exclaman con fiero acento 
De todo saber en pos : 

— ¡ Será Homero ! — el sentimiento ; 

Y la razón : — ¡ Será Dios ! — 

Y en tanto la religión, 
Al morir, como al nacer, 
Repite : — No hay remisión ; 

¡ Polvo es, y polvo ha de ser ! — 



DOLORAS 213 



LXVIII 
LA AMBICIÓN 



Á un monte una vez subí, 
Y de cansado me eché ; 
Mas luego que lo bajé, 
De confiado caí. 

¡Déjame, ambición, aquí 
Hasta morir descansando ! 
¿ Qué ganaré ambicionando, 
Si cuanto más suba, entiendo 
Que me he de cansar subiendo, 
Y me he de caer bajando ? 



2ii CAMPOAxMOR 



LXIX 

LOS GRANDES HOMBRES 



De Yuste en el santuario, 
Carlos Quinto, Emperador, 
Valientemente al calvario 
Subiendo de su dolor, 

Ver su entierro determina, 
Cual resuelto capitán. 
Doblado como la encina 
Rota por el huracán. 

Ya en el ataúd metido 
Como en lecho sepulcral. 
Cayó cual león herido 
Que lleva el dardo mortal. 

Y al tiempo en que se cayó, 
Mirándole de hito en hito 
Una vieja murmuró : 
— ¡ Qué feo y qué viejecito ! - 



DOLORAS 21$ 



Y cuando la multitud 
Cree que el grande Emperador 
Está, más que en su ataúd, 
Sepultado en su dolor, 

Él, frunciendo el entrecejo, 

Y fijo en tan vana idea. 

Dice : — ¿ Qué soy feo y viejo ? 
¡Ella sí que es vieja y fea! — 

I Qué le importará al cuitado 
Más bello ó más joven ser, 
Si esas cosas ya ban pasado 
Para nunca más volver ? 

Del Díes irce el rumor 
Ya consternaba el ambiente, 

Y aun dice el Emperador : 

— ¡ Habrá vieja impertinente ! - 

Mientras el canto bosqueja 
Todo el horror de aquel día, 
Al Rey la voz de la vieja 
El corazón le roía. 

Y es cosa particular, 
No pueda un varón tan fuerte 
Una burla despreciar, 
Él, que desprecia la muerte. 



2l6 CAMI'OAMOR 



Don Carlos siente iracundo 
El corazón hecho trizas, 

Y el canto prosigue : — ¡El mundo 
Se convertirá en cenizas ! — 

La vieja, del funeral 
Oye entretanto el solfeo. 
Como diciendo : — Sí tal, 
Muy viejecito y muy feo, — 

Y airado su Majestad 

Sigue ; — ¡Bruja del infierno! — 

Y el canto : — j Por tu bondad 
Líbrame del fuego eterno ! — 

Calla el coro ; alza el semblante 
Pálido el Emperador, 
Surgiendo allí semejante 
A la estatua del dolor; 

Y cuando el monje imperial 
Vuelve á su celda apartada. 
Mostrando algo de fatal 

En su frente devastada. 

Por todo su ser refleja 
Santa humildad, puro amor; 
Tan sólo miró á la vieja 
Con humos de Emperador, 



DOLORAS 217 



LXX 

LOS RELOJES DEL REY CARLOS 



Carlos Quinto, el esforzado, 
Se encuentra asaz divertido 
De cien relojes rodeado, 
Cuando va, en Yuste olvidado. 
Hacia el reino del olvido. 

Los ve delante y detrás 
Con ojos de encanto llenos, 

Y los hace ir á compás. 
Ni minuto más ni menos. 
Ni instante menos ni más. 

Si un reloj se adelantaba. 
El imperial relojero 
Con avidez lo paraba, 

Y al retrasarlo exclamaba : 

— Más despacio, ¿majadero! — 



1} 



2l8 CAMPOAMOR 



Si Otro se atrasa un instante, 
Va, lo coge, lo revisa, 

Y aligerando el volante. 
Grita : — ¡Adelante, adelante, 
Majadero, más aprisa! — 

Y entrando un día, — ¿ Qué tal ? 
Le preguntó el confesor. 

Y el relojero imperial 

Dijo : — Yo ando bien, señor; 
Pero mis relojes mal. 

— Recibid mi parabién, — 
Siguió el noble confidente ; 

— Mas yo creo que también, 
Si ellos andan malamente, 
Vos^ señor, no andáis muy bien. 

¿ No fuera una ocupación 
Más digna, unir con paciencia 
Otros relojes, que son. 
El primero el corazón, 

Y el segundo la conciencia? — 

Dudó el Rey cortos momentos, 
Mas pudo al fin responder : 

— ¡ Sí ! más ó menos sangrientos. 
Sólo son remordimientos 
Todas mis dichas de ayer. 



DOLORAS 

Yo, que agoto la paciencia 
En tan necia ocupación, 
Nunca pensé en mi existencia 
En poner el corazón 
De acuerdo con la conciencia. — 

Y cuando esto profería. 
Con su tic-lac lastimero, 
Cada reloj que allí había 
Parece que le decía : 
— ¡Majadero! ¡Majadero!... 

— ¡Necio! — prosiguió, — al deber 
Debí unir mi sentimiento. 
Después, si no antes, de ver 
Que es una carga el poder. 
La gloria un remordimiento. — 

Y los relojes sin duelo 
Tirando de diez en diez, 
Tuvo por fin el consuelo 
De ponerlos contra el suelo 
De acuerdo una sola vez. 

Y añadió : — Tenéis razón : 
Empleando mi paciencia 

En más santa ocupación, 
Desde hoy pondré el corazón 
De acuerdo con la conciencia. — 



219 



CAMPOAMOR 



LXXI 

LO QUE HACE EL TIEMPO 



A BLANCA ROSA DE OSMA. 



Con mis coplas, Blanca Rosa, 
Tal vez te cause cuidados, 

Por cantar 
Con la voz ya temblorosa, 

Y los ojos ya cansados 

De llorar. 

Hoy para ti sólo hay glorias, 

Y danzas y flores bellas ; 

Mas después, 
Se alzarán tristes memorias, 
Hasta de las mismas huellas 

De tus pies. 



DOLORAS 

En tus fiestas seductoras, 
¿ No oyes del alma en lo interno 

Un rumor, 
Que lúgubre á todas horas, 
Nos dice que no es eterno 

Nuestro amor ? 

¡Cuánto á creer se resiste 
Una verdad tan odiosa 
Tu bondad ! 

Y esto ¡fuera menos triste, 
Si no fuera, Blanca Rosa, 

Tan verdad ! 

Te aseguro, como amigo. 
Que es muy raro, y no te extrañe. 

Amar bien, 
Siento decir lo que digo ; 
Pero, ¿quieres que te engañe 

Yo también? 

Pasa un viento arrebatado, 
Viene amor, y á dos en uno 

Funde Dios ; 
Sopla el desamor helado, 

Y vuelve á hacer, importuno, 

De uno, dos. 



CAMPOAMOR 



Que amor, de egoísmo lleno, 
Á su gusto se acomoda 

Bien y mal; 
En él hasta herir es bueno, 
Se ama ó no ama, aquí esta toda 

Su moral. 

¡Oh! ¡qué bien cumple el amante. 
Cuando aun tiene la inocencia, 

Su deber! 
Y i cómo, más adelante, 
Aviene con su conciencia 

Su placer ! 

;Y es culpable el que, sediento, 
Buscando va en nuevos lazos 

Otro amor? 
i Sí ! culpable como el viento 
Que, al pasar, hace pedazos 
Una flor. 

¿ Verdad que es abominable 
Que el corazón vagabundo 

Mude así. 
Sin ser por ello culpable, 
Porque esto pasa en el mundo 

Porque sí ? 



DOLORAS 225 

Se ama una vez sin medida, 

Y aun se vuelve amar sin tino 

Más de dos. 
¡ Cuan versátil es la vida ! 
¡ Cuan vano es nuestro destino, 

Santo Dios! 

Él lleve tu labio ayuno 
Á algún manantial querido 

De placer. 
Donde dichosa, ninguno 
Te enseñe nunca el olvido 

Del deber. 

Siempre el destino inconstante 
Nos da cual vil usurero 

Su favor : 
Da amor primero 3^ no amante ; 
Después mucho amante, pero 
Poco amor. 

Tranquila á veces reposa, 

Y otras se marcha volando 

Nuestra fe. 

Y esto pasa, Blanca Rosa, 
Sin saber cómo_, ni cuándo. 

Ni por qué. 



224 CAMPOAMOR 



Nunca es estable el deseo, 
Ni he visto jamás terneza 
Siempre igual, 

Y ¿ á qué negarlo ? No creo 
Ni del bien en la fijeza, 

Ni del mal. 

Este ir y venir sin tasa, 

Y este moverse impaciente. 

Pasa así, 
Porque así ha pasado y pasa, 
Porque sí, y ¡ ay ! solamente 

Porque sí. 

¡ Cuan inútil es que huyamos 
De los fáciles amores 

Con horror, 
Si cuanto más las pisamos, 
Más nos embriagan las flores 
Con su olor! 

El cielo sin duda envía 
La lucha á la tormentosa 

Juventud ; 
Pues, ¿ qué mérito tendría 
Sin esfuerzos, Blanca Rosa, 

La virtud ? 



DOLORAS 



¡Ay! un alma inteligente, 
Siempre en nuestra alma divisa 

Una flor, 
Que se abre infaliblemente 
Al soplo de alguna brisa 
De otro amor. 

Mas dirás : — ¿Y en qué consiste 
Que todo á mudar convida? — 

¡ Ay de mí ! 
En que la vida es muy triste... 
Pero aunque triste, la vida 

Es así. 



Y si no es amor el vaso 
Donde el sobrante se vierte 

Del dolor. 
Pregunto yo : — <; Es digno acaso 
De ocuparnos vida y muerte 

Tal amor ? — 

Nunca sepas, Blanca Rosa, 
Que es la dicha una locura^ 

Cual yo sé ; 
Si quieres ser venturosa, 
Ten mucha fe en la ventura, 
Mucha fe. 

13- 



226 CAMPOAMOR 

Si eres feliz algún día; 
¡ Guay, que el recuerdo tirano 

De otro amor 
No se filtre en tu alegría, 
Cual se desliza un gusano 

Roedor ! 

Tú eres de las almas buenas. 
Cuyos honrados amores 

Siempre son 
Los que bendicen sus penas, 
Penas que se abren en flores 

De pasión. 

Con tus visiones hermosas. 
Nunca de tu alma el abismo 

Llenarás, 
Pues la fuerza de las cosas 
Puede más que Hércules mismo, 
¡ Mucho más !... 

Si huj-e una vez la ventura, 
Nadie después ve las flores 

Renacer 
Que cubren la sepultura 
De los recuerdos traidores 

Del ayer. 



DOLORAS 227 

¿Y quién es el responsable 
De hacer tragar sin medida 

Tanta hiél ? 
¡ La vida ! ¡ esa es la culpable ! 
La vida, sólo es la vida 

Nuestra infiel. 

La vida, que desalada, 
De un vértigo del infierno 

Corre en pos : 
Ella corre hacia la nada; 
¿ Quieres ir hacia lo eterno ? 

Ve hacia Dios. 

¡Sí! corre hacia Dios, y Él haga 
Que tengas siempre una vieja 

Juventud. 
La tumba todo lo traga , 
Sólo de tragarse deja 

La virtud. 



228 CAMPOAMOR 



LXXII 

FIN Y MORAL DE LA ILÍADA 



Después que Troya fué, severa Esparta, 
Muerto su Re}^, de liviandades harta, 
Á Rodas sin piedad desterró á Elena, 
Donde la ahorcó celosa Polixena. 
Pero antes que el honor del sexo bello 
Como un cisne al morir doblase el cuello, 
La dijo así el verdugo : — ¿ Por ventura. 
Quieres más que la dicha tu hermosura ? 
La Reina, que tu mal tanto desea. 
Te dejará vivir si te haces fea; 
Ponte estas hierbas sobre el rostro, hermosa, 
Y siendo horrible, vivirás dichosa. 
¿No vale más ser fea afortunada. 
Que hermosa, y por hermosa desdichada ? — 
Calló el verdugo y suspiró ; mas ella, 
Prefiriendo el no ser á no ser bella, 



DOLORAS 229 



Cogió el dogal y se lo ató de suerte, 
Que, á su belleza fiel, se dio la muerte; 
Y más que vivir fea y venturosa, 
Prefirió ser ahorcada, siendo hermosa. 



210 CAMPOAMOR 



Lxxin 

LA CIENCIA NUEVA DE VICO 



I 



A un cierto maestro vi 
En cierto pueblo explicar 
Á varios niños, á mí, 
Y al sacristán del lugar; 

Y recuerdo, aunque era un chico, 
Que comenzó de esta suerte : 
— Ved : ciencia nueva de Vico ; 
Nacimiento, vida y muerte. 

Círculo de toda historia, 
Renacer tras de acabar : 
Fábula, entusiasmo, gloria, 
La muerte, y vuelta á empezar. 



DOLORAS 251 

Así, ya unida, ya rota. 
Sigue esta rueda fatal, 
Sin que se turbe una nota 
Del concierto universal. 

Allá el Egipto entreveo; 
Vida, gloria, senectud, 
Reyes — Pastores — Proteo. — 
Cambises; la esclavitud. 

¡ Cielo de dichas y penas ! 
Llega la Grecia, j Atención! 
Los Argos — Esparta — Atenas. — 
Filipo ; la humillación. 

Mudando nombres y nombres, 
En rápido movimiento 
Rodando van pueblos y hombres 
Cual hojas que arrastra el viento, 

j Fenicia ! Ved á Sidón, 
La reina antigua del mar. 
Cartago — Pigmaleón. — 
Nabuco, y vuelta á empezar. 

Dioses — Héroes — Invenciones. 
Así, abyectas ó gloriosas. 
Van, como veis, las naciones. 
Los hombres, pueblos y cosas. 



2?2 CAMPOAMOR 

j Roma ¡ Tras su edad divina, 
Por César llega á Tiberio. 
Numa — Catón — Mesalina, — 
Reyes — República — Imperio. 

Pasan así en raudo giro, 
Y en perpetua evolución, 
Alejandro, como Ciro, 
Como César, Napoleón. — 



II 



Y al ver que de nuevo empieza 
Su incesante torbellino. 
Poniéndonos la cabeza 
Cual la rueda de un molino, 

— O vuestro Vico es un tonto, 
Ó yo no sé qué pensar, — 

Dijo al maestro de pronto 
El sacristán del lugar, 

— No es gran mérito el zurcir 
La historia de esa manera; 
Nacer, crecer y morir; 

Eso lo sabe cualquiera. 



DOLORAS 

Pese á vuestros pareceres, 
¿No valdría mucho más 
Decir á todo : Polvo eres, 
Y en polvo te volverás? 

Mira el maestro al que cree 
Llegar de Vico á la altura, 
Como quien dice : ( — Este lee 
Los libros santos del cura. — ) 

Y en su silencioso afán, 
Que esto imagina se infiere : 
( — Dice bien el sacristán, 
Todo lo que nace muere. — ) 

Y murmuró : ( — De manera 
Que mi ciencia está de más. 

Si un libro santo cualquiera 
Enseña esto y mucho más, — ) 

Y al fin, — ¡niños! — prorrumpió, 
— Después de círculos tantos. 
Podréis saber más que yo 
Leyendo los libros santos. 

Pues hoy por ellos me explico 
Cómo puede ser que sea 
Mucho más sabio que Vico 
El sacristán de una aldea. — 



233 



234 CAMPOAMOR 



LXXIV 

LA HISTORIA DE AUGUSTO 



I 



Á Ovidio empieza á leer 
Su historia el Emperador, 
Pues dice que quiere ser, 
Cual César^ autor y actor. 

Hombre sin Dios y sin ley, 
Que de su provecho en pos, 
Pérfido antes, se hace rey, 
Necio después, se hace Dios ; 

En su historia disculpaba 
Sus faltas candidamente. 
Cosas que Ovidio escuchaba 
Con el rubor en la frente. 



DOLORAS 



2?5 



— ¿Verdad que al mundo hará honor 
La que llamo era Juliana? — 

Dijo á Ovidio, el salteador 
De la libertad romana. 

Con un dictamen muy justo 
Quiso Ovidio honrar su labio; 
Porque al fin perdona Augusto, 
Después que se venga Octavio. 

Y — francamente^ señor, — 
Dijo, de modestia lleno, 

— Si sois bueno como actor, 
Como autor no sois tan bueno. — 

— Ó — con altivo semblante 
Replicó el Emperador 

— Que soy muy buen comediante, 
Pero muy mal escritor. — 

Selló el Rey su augusto labio. 
Calló Ovidio, no sin susto, 
Pues siempre al fin venga Octavio 
Los disimulos de Augusto. 



2j6 CAMPOAMOR 



II 

Cayó Ovidio en el desliz 
De llamar, poco después, 
Á Livia, la Emperatriz, 
« Ulises con guardapiés. » 

Tuvo el Rey por ofensivo 
Este madrigal tan bello. 
Tomando esto por motivo 
Para vengarse de aquello. 

Y á Ovidio desterró Augusto 
De la Circasia á un rincón. 
Como buen tirano, injusto; 
Falso, cual buen histrión. 



III 

Muriendo Octavio inmortal. 
Entre grandes dignos de él. 
Les pregunta así : — <{ Qué tal 
Representé mi papel? — 



í 



DOLORAS 257 



Y contesta Ovidio á Octavio 
Desde la orilla del Ponto : 
— Representó como un sabio 
Lo que pensó como un tonto. 

Murió Octavio, el iracundo; 
Pereció Augusto, el sagaz ; 
El que dio la paz al mundo, 
Ya ha dejado al mundo en pa^ 

Conque^ ¿qué tal? Lo repito 
Con más razón que despecho : 
Has hecho muy bien lo escrito, 
Y escrito mal lo que has hecho. 

Doy al mundo el parabién. 
¡Falso ! aun preguntas ¿qué tal? 
Como cómico, muy bien; 
Como emperador, muy mal. 



238 CAMPOAMOR 



LXXV 
ANTINOMIAS DEL GENIO 



Sentado indolentemente, 
Cierta noche de verano, 
Con una pluma en la mano 

Y una luz frente por frente. 

Está Napoleón Primero 
Sumando con mucho afán, 
Puesto á un lado aquel gabán, 

Y á otro lado aquel sombrero. 

Suma, de intento, muy mal. 
Entre espantado é iracundo. 
Todas las muertes que al mundo 
Costó su gloria imperial. 



DOLORAS 239 



Y cuando ya á traslucir 
Llega una cifra espantosa. 
Se lanza una mariposa, 
Sobre la luz á morir. 

Su muerte próxima, al ver 
Sintió el héroe compasión; 
Que al fin, aunque Napoleón, 
Era un hijo de mujer; 

Y con benévola calma 
La separó dulcemente. 
Pues los que matan la gente 
Pueden también tener alma. 

El, que carne de cañón 
Pudo á los hombres llamar. 
Ve á un insecto peligrar. 
Con pena en el corazón. 

Ni ella cede, ni él se para, 
Y con la intención más terca. 
Cuanto más ella se acerca. 
Tanto más él la separa. 

Tal vez el Emperador 
Lloraba de sufrir tanto, 
Si él pudiera tener llanto 
Para el ajeno dolor. 



240 CAMPOAMOR 



¡ Ay! una vida tan ruin. 
¿No había de enternecer 
Al que acababa de hacer 
Del universo un botín? 

¡ Y luego la coalición 
Dirá que no era perfecto 
El que en salvar á un insecto 
Funda un sueño de Colón! 

Sigue la lucha emprendida 
Entre él y ella, y de esta suerte. 
Mientras busca ella la muerte, 
Le da Napoleón la vida. 

Y así el empeño siguió 
Por ambos con frenesí; 
La mariposa en que sí, 
Y Napoleón en que no. 

La salva al fin, y — ¡victoria! 
Exclama con alegría 
El que hacía y deshacía 
Á cañonazos la historia 

¡Victoria! ¡Victoria, pues! 
¡ Dios inmenso ! ¡ Dios inmenso ! 
¡De esa acción suba el incienso 
Hasta tus divinos pies! 



DOLORAS 241 



Aquella alma generosa 
Que vertió de sangre un mar, 
¡Cuánto luchó por salvar 
La vida á una mariposa ! 

¡Que alguno de tal bondad 
Cuente á la Francia la gloria 
Luego la Francia á la historia, 
Y ésta á la posteridad ! 

Y tú, ciega multitud. 
Pobre carne de cañón. 
Di por él : — ¡ Oh compasión, 
Tú eres sólo la virtud 1 — 



U 



242 CAMPOAMOR 



LXXVl 

LAS DOLORAS 



A DOÑA JUANA BARRERA DE CAMPOS. 



¿ Conque una buena dolora 
Me pides, Juana, tan llena 

De candor? 
Tal vez tu inocencia ignora 
Qiie será, si es la más buena, 

La peor. 

¿Te he de alabar, fementidoj, 
Desventuradas venturas 

Que gocé, 
Y amores que he aborrecido 
É inagotables ternuras 

Q.ue agoté ? 



DOLORAS 243 

Perdona si en mis doloras 
Siempre mi pecho destila 

La ansiedad 
De unas sombras vengadoras 
Que asaltan mi no tranquila 

Soledad. 

Jamás en ellas escrito 
Dejaré, imbécil ó loco. 

El error 
De que el bien es infinito, 
Ni que es eterno tampoco 

El amor. 

Bueno es que, aunque terrenales. 
Nuestras venturas amemos; 

Pero ¡ah! 
Bienes de acá son mortales, 
¡ La dicha y el bien supremos 

Son de allá ! 

¡ Qué inconsolables cuidados 
Da el ver, desde la rendida 

Senectud, 
Los tesoros disipados 
De la por siempre perdida 
Juventud! 



244 CAMPOAMOR 



i Qué manantial tan ecundo 
De engañosas esperanzas 

Es amor! 
j Qué doctor es tan profundo 
En útiles enseñanzas 

El dolor! 

¡ Cuan ciego el amor, cuan ciego, 
Falta al deber más sagrado ! 

Y es de ver 
¡ Cómo al amor faltan luego 
Los que primero han faltado 

Al deber! 

¡ Pérfido amor, y cuál huye 
Tras los primeros momentos 

Del ardor! 
¡ Santa amistad, que concluye 
Por cumplirlos juramentos 

Del amor! 

¡ Siento á fe que esta dolora 
Hiera, Juana, tu ternura! 

Mas ya ves 
Que toda dicha de ahora 
Es siempre la desventura 
De después. 



DOLORAS 245 



Por eso, olvidado, quiero 
Ya sólo el eterno olvido 

Esperar, 
Aunque del mundo en que espero. 
Más siento el haber venido 

Que el marchar. 

Hasta de mí, el pensamiento 
Hastiado, y arrepentido 

Del vivir, 
Huye cual remordimiento 
Que del crimen cometido 

Quiere huir. 

Aunque, de dolor ajenos. 
La vida ven placentera 

Los demás, 
Si la despreciara menos, 
Yo acaso la aborreciera 

Mucho más. 

Deja ya, corazón mío. 
Cuanto encuentras deleitable. 

Sin saber 
Que al gozar, mueres de hastío^ 
Galeote miserable 

Del placer. 

14. 



246 CAMPOAMOR 



¡ La vida ! i Cuan fácil fuera 
Sus más aciagos momentos 

Soportar, 
Si en el pecho se pudiera 
Algunos remordimientos 

Enterrar! 

Mas ¡ ay 1 Juana encantadora, 
¡ Cuál de espanto retrocede 

Tu candor, 
Al mirar que esta dolora. 
Si es buena, tampoco puede 
Ser peor! 

Y es que derramo sincero 
De mi dolor la medida 

Sin querer. 
Siempre que las aguas quiero 
De mi soñolienta vida 

Remover. 

Ya, cual todo penitente 
En el lodo derribado 

Por su cruz, 
Me ag-ito impacientemente 
Por revolverme hacia el lado 

De la luz. 



DOLORAS 

Yo antes vivir anhelaba, 
Mas lioy morir sólo fuera 

Mi ilusión, 
Si estuviese como estaba 
El día de mi primera 
Comunión. 

¡ Juana ! el respeto adoremos 
Que aun nos liga complaciente 

Al deber, 
Y los lazos desatemos 
Que habrá el tiempo tristemente 
De romper. 

I Á qué esperar á mañana 
En dejar esto, y de aquello 

En huir. 
Si aunque tú lo sientas, Juana, 
Lo que no dejemos, ello 

Se ha de ir? 

Al fin, de tu santo celo 
Las huellas de buena gana 

Sigo fiel. 
Cuando va el perfume al cielo, 
Todo lo que siente, Juana, 

Va con él. 



247 



248 CAMPOAMOR 



Ya en mi inútil existencia 
Sólo el ímpetu modero 

Del dolor, 
Con paciencia y más paciencia, 
Ese valor verdadero 

Del valor. 

Y hoy que humilde, si antes tierno. 
Sus culpas el alma mía 

Va á expiar, 
¡Perdóname, Dios eterno! 
¡ Entonces ¡ ay ! no sabía 
Sino amar! 

Ya en nada inmutable creo 
Más que en Dios omnipotente; 

Y también 
En que engaña mi deseo 
Por llevarme más clemente 

Hacia el bien. 

¡ Sí ! me lleva al bien cumplido 
Que busco cual nunca, fuerte. 

Pues ya sé 
Que, aunque todo me ha vencido. 
Hoy venceré hasta la muerte 

Con la fe. 



DOLORAS 



249 



Y adiós, Juana, que extasiado, 
Del supremo bien que anhelo 

Voy en pos. 
¿ Quién será el desventurado 
Que sólo mirando al cielo 

No halle á Dios ?... . 



>50 CAMPOAMOR 



LXXVII 

LA GRAN BABEL 



A DON RAFAEL CABEZAS 



Refiere el vulgo agorero 
Que de los cantos del mundo. 
El tarará fué el primero, 
Y el tururú fué el segundo. 

Y hay quien cree que estos sonidos 
De tururú y tarará, 
Son los últimos gemidos 
Que una lengua al morir da. 

Oye, y al fin de esta historia, 
¿Dichosos, Rafael, los dos, 
Si al perder la fe en la gloria. 
Aun nos queda la de Dios ! 



DOLORAS 2U 



II 



Á un romano un caballero 
Regaló un pájaro un día 
Que, lo mismo que un Homero, 
Voces del griego sabía. 

Y es fama que el patrio idioma 
Charloteaba con tal fuego, 
Que al pájaro toda Roma 
Le llamó el último griego. 

Si con preguntas la gente 
Le importunaba quizá, 
Respondía impertinente 
El pájaro : — Tarará. 

— ¿ Qué es tarará? — preguntó 
Lleno el romano de celo. 
Soñó un sabio y contestó : 
— ¿ Tarará? Patria del cielo. — 

Que á un sueño, hambrienta de fama. 
Se agarra la tradición. 
Como un náufrago á la rama 
Prenda de su salvación. 



252 CAMPOAMOR 



Después de mucho aprender. 
Ni al cabo de la jornada 
Llegó el romano á saber 
Que tarará no era nada. 

Sólo por presentimiento 
Pudo asegurar un día, 
Que era el pájaro del cuento 
El que más griego sabía. 

Y es que sin duda perece. 
Cual lo mezquino también, 
Hasta aquello que merece 
De Dios y la historia bien. 



III 

Pues dando á esta historia cima. 
Refiere otra tradición 
Que siendo virrey en Lima 
Nuestro conde de Chinchón, 

Le regalaron un día 
Un loro experto en historia. 
El solo eco que existía 
De la peruviana gloria. 



DOLORAS 



253 



— ¿Quién fué, le prci^unta el Conde, 

— El primer rey dol Perú ? — 
Habla el loro, y le responde 
En ronca voz : — Tururú. 

— I Sabremos qué frase es ésta ? — 
Dice á un sabio el español. 

Sueña el sabio y le contesta : 

— ¿ Tururú? Patria del sol. — 

El pobre sabio aquí miente, 
Cual mintió iluso el de alia : 
¿Quién renuncia fácilmente 
A la ilusión que se va ? 

Toda lengua y toda gloria, 
Cumplida ya su misión, 
Se tiende sobre la historia 
Como un fúnebre crespón. 

Pues lo mismo aquí que allá. 
En Roma y en el Perú, 
Como el griego á un tarará, 
Llegó el inca á un tururú. 

¡ Paciencia ! en queriendo el cielo 
Nuestras glorias eclipsar. 
No nos deja más consuelo 
Que el consuelo de llorar. 



154 CAMPOAMOR 



IV 

Muy pronto, Rafael, quizá. 
Por más que de ello te espantes, 
Cual Homero un tarará, 
Será un tururú Cervantes. 

¡ Cuánto los hombres se humillan 
Viendo el eclipse total 
De estas estrellas que brillan 
En nuestro mundo moral! 

¡ Ay ! esta lengua en que está 
Brillando un vate cual tú, 
¿Dará fin en tarará, 
Ó acabará en tururú? 

Corre el tiempo, 3^ confundido 
Lo grande con lo pequeño, 
Juntos en perpetuo olvido 
Los une un perpetuo sueño. 

Mas tú, cual yo, á Dios alaba, 
Pues ya sabemos los dos, 
Que allí donde todo acaba 
Es donde comienza Dios. 



DOLO RAS 



2SS 



LXXVIII 
TODO Y NADA 



— ¡Cuánta dicha! y ¡cuánta gloria!' 
Dije, entre humillado y fiero, 
Leyendo una vez la historia 
Del emperador Severo. 

Y cuando á verle llegué 
Subir á rey desde el lodo, 
— Yo en cambio, — humilde exclamé, 
No fui nada, y nada es todo. — 

Mas con humildad mayor. 
Vi que al fin de la jornada 
Exclamó el Emperador : 
— Yo fui todo, y todo es nada. — ■ 



2j6 CAMPOA.\(OR 



LXXIX 

LOS DOS CETROS 



1860 



A 3. A. R. EL PRINCIPE DE ASTURIAS. 
(DON ALFONSO XII.) 



i 



Vine un convento á heredar, 

Y al mismo convento, anejo 
Un templo á medio arruinar, 
Donde hallé un santo muy viejo 
Encima de un viejo altar. 

Cogí un bastón que tenía 
De caña el santo bendito, 

Y dentro un papel había 
Que, por don Pelayo escrito, 
De esta manera decía ; 



DOLORAS 257 



II 



— Escucha, lector, la historia 
Del postrer rey español, 
Y á los que amengüen su gloria, 
Les ruego que hagan memoria 
Que hay manchas hasta en el sol. 

Meses anduve cumplidos 
Del rey don Rodrigo en pos, 
Desde el día en que, vendidos, 
Fuimos en Jerez vencidos 
Los del partido de Dios. 

Hallé al fin al rey de España 
Al pie de este santuario, 
Llevando un cetro de caña. 
Pobre pastor solitario, 
Rey de una pobre cabana. 

Y al verme, casi llorando, 
Rodrigo habló de esta suerte : 
— Por que te estaba esperando, 
No me hallo ya descansando 
En los bracos de la mutrte. 



2S8 CAMPOAMOR 



Llegué aquí desesperado, 
Cuanto mi trono se vio 
Por traidores derribado... 
¡ Dios les haya perdonado 
Como les perdono yo! 

Dssde entonces, entre fiares, 
Vagando por los oteros, 
Recuerdan á mis dolores 
El cetro, amigos traidores. 
La caña, mansos corderos. 

Tú, elegido por 7ni amor 

Y mi heredero por ley. 
Escoge aquí lo mejor 
Entre este cetro de rey 

Y esta caña de pastor. 

Sé humilde ó grande. Yo ahora 
Me quedo á ejercer contento 
La virtud que el cielo adora, 
Que es el arrepentimiento. 
Que en la sombra re^^a y ¡lora. — 

Dijo, y siguiendo el destino 
De su alegre adversidad, 
Lleno de un fervor divino, 



DOLORAS 

Tomó Rodrigo el camino 
De la eterna soledad. 

Yo, Pelaj'o^ es doy la historia 
Del postrer rey español, 
Y á los que amengüen su gloria, 
Les ruego que hagan memoria 
Que hay manchas hasta en el sol. 

¡ Dios eterno ! ¿ y de estas flores 
He de dejar los senderos. 
Recordando á mis dolores 
El cetro, amigos traidores. 
La caña, mansos corderos? 

¡ Sí ! que aunque mi alma cansada 
Tomarla de buen grado 
El arado por la espada, 
Tomo por ti, patria amada. 
La espada en vez del arado. 

Parto, y lo escrito, al marchar, 
Con la caña al santo dejo. — 
Caña que á mí vino á dar 
Cuando hallé aquel santo viejo 
Encima de un viejo altar. 



259 



26o CAMPOAMOR 



Y he aquí por que suerte extraña 
Del rey don Rodrigo, así 
Han llegado cetro y caña, 
Grande el cetro al rey de España, 
Y humilde la caña á mí. 



III 

Á vos, Príncipe y Señor, 
Desde la cuna rodeado 
De todo humano esplendor, 
Os escribo ésta, sentado 
Sobre unas hierbas en flor. 

Vinimos por suerte extraña 
Á un rey á heredar los dos. 
Vos su cetro, y yo su caña; 
Vos el cetro real de España, 
Yo el que humilde llevó Dios. 

Cansancio ó tedio espantoso 
El cetro os dará algún día; 
La caña, más venturoso, 
Al menos ¡ ay ! os daría 
En la oscuridad reposo. 



DOLORAS 261 

Yo, en vez de rey desdichado. 
Seré un dichoso pastor, 
Pues ya el mundo me ha enseñado 
Que, entre el cetro y el cayado. 
El cayado es lo mejor. 

¡ Cuánto seréis bendecido 
Desde mi humilde rincón. 
Cuando os lleven perseguido, 
La calumnia, si vencido; 
Si vencéis, la adulación ! 

Cuando 3-0 ande indiferente 
Por el monte ó por el llano, 
A vos os dirá la gente, 
— ¡Rey débil! — si sois clemente; 
Si justiciero, — ¡tirano! 

¡ Cuál será vuestro cuidado, 
Mientras que todo, Señor, 
Yo lo olvidaré, olvidado. 
En mi trono recostado 
De humildes hierbas en flor! 

Noble, cual vuestra Nación, 
A vuestra madre imitad, 
En cuyo real corazón, 



262 CAMPO A MOR 



Se aman justicia y perdón. 
Se abrazan dicha y verdad. 

Y Dios, para bien de España, 
De su gracia os dé el tesoro. 
Dado en mi pobre cabana; 
Yo, el rey de cetro de caña^ 
Á mi Rev de cetro de oro. 



FIN DE LA TERCERA ÉPOCA 



CUARTA PARTE 



LXXX 

LOS DOS MIEDOS 



I 

Al comenzar la noche de aquel día, 

Ella, lejos de mí, 
— ¿Porqué te acercas tanto? — me decía- 

— ; Tengo miedo de ti ! — 



II 

Y después que la noche hubo pasado. 

Dijo, cerca de mí : 
— ¿Por qué te alejas tanto de mi lado? 

¡ Tengo miedo sin ti I — • 



264 CAMPOAMOR 



LXXXI 

LA ÚLTIMA PALABRA 



Cuando yo con el alma te quería, 
¿ Quién presumir pudiera 
Que á despreciar ¡ infame ! llegaría 
En ti y por ti la humanidad entera?. 



DOLOR AS 265 



LXXXII 

Á REY MUERTO REY PUESTO 



El principio de toda tentación 
es no ser uno constante... 
(Kempis, lib. [, cap. xn.) 

Murió por ti ; su entierro al otro día 
Pasar desde el balcón juntos miramos; 

Y espantados tal vez de tu falsía 

En tu alcoba los dos nos refugiamos. 
Cerrabas con terror los ojos bellos. 

El requiéscat se oía. Al verte triste, 

Yo la trenza besé de tus cabellos, 

Y — ¡traición! ¡sacrilegio! — me dijiste. 
Seguía el de projundis y gemimos... 

El muerto y el terror fueron pasando... 

Y al ver luego la luz, cuando salimos, 

— ¡ Olió vergüenza ! — exclamaste suspirando. 

Decías la verdad. ¡Aquel entierro ! 
¡El beso aquel sobre la negra trenza!... 
Después ¡la oscuridad de aquel encierro!... 
¡Sacrilegio! ¡Traic-ión! ¡Miedo! ¡Vergüenza! 



266 CAMPO AMOR 



LXXXIII 
HASTÍO 



Sin el amor que encanta, 
La soledad de un ermitaño espanta. 
¡ Pero es más espantosa todavía 
La soledad de dos en compañía ! 



DOLORAS 267 



LXXXIV 

LAS DOS COPAS 



I 



Le dijo á Rosa un doctor : 
— « Se curan de un modo igual 
Las dolencias en amor, 
En higiene y en moral. 

» Yo, aunque el método condene, 
Lo dulce en lo amargo escondo : 
Esta copa es la que tiene 
Dulce el borde, amargo el fondo. 

» Y por si quiere esa boca 
Cumplir una vez mi encargo. 
Tiene esta segunda copa 
Dulce el fondo, el borde amargo. 

» Dios, sin duda, así lo quiso, 
Y esto siempre ha sido y es : 
Tomar lo amargo es preciso. 
Bien antes ó bien después. » — • 



2Ó8 CAMPO AMO II 



II 

Rosa luego, de ansia llena, 
Dice en su amoroso afán : 
— « Mezclados cual dicha y pena 
Lo dulce y lo amargo van. 

» Merced á doctor tan sabio, 
Ve, aunque tarde, mi razón, 
Que aquello que es dulce al labio 
Es amargo al corazón. 

» Yo, que hasta el postrer retoño 
Agosté en mi edad primera 
Brotar no veré en mi otoño 
Flores de mi primavera. 

» Fui dejando, por mejor, 
Lo amargo para el final, 
Y esto, según el Doctor, 
Sabe bien, mas sienta mal. 

» Cumpliré una vez su encargo : 
Tú, copa segunda, ven. 
Pues tomar antes lo amargo, 
Si sabe mal, sienta bien. 

» i Oh, cuan sabio es el Doctor 
Que cura de un modo igual 
Las dolencias en amor. 
En higiene v en moral! » 



D o L o R A S 269 



LXXXV 

MAL DE xMUCHAS 



I Qué mal, Doctor, la arrebató á la vida?- 
Rosaura preguntó con desconsuelo. 

— Murió, dijo el Doctor, de una caída. 

— Pues ¿de dónde cayó? — Cayó del cielo. 



LXXXVI 

BODAS CELESTES 



Te vi una sola vez, sólo un momento; 
Mas lo que hace la brisa con las palmas 
Lo hace en nosotros dos el pensamiento; 
Y asi son, aunque ausentes, nuestras almas 
Dos palmeras casadas por el viento. 



270 CAMPOAMOR 



LXXXVII 

LAS DOS ESPOSAS 



Sor Luz, viendo á Rosaura cierto día 

Casándose con Blas, 
— ¡ Oh, qué esposo tan bello ! se decía, 

¡ Pero el mío lo es más ! — 
Luego en la esposa del mortal miraba 

La risa del amor, 
Y, sin poderlo remediar, ¡lloraba 

La esposa del Señor! 



DOLORAS 271 



LXXXVIII 
CONVERSIONES 



Brotó un día en Rosaura el sentimiento 
De su primer amor, y en el momento 
Volando un ángel, con fervor divino, 
Para guiarla al bien del cielo vino. 
Mientras un diablo del infierno, ardiendo, 
Para arrastrarla al mal, llegó corriendo. 

Ante Rosaura bella, 
Ángel y diablo, enamorados de ella, 
Divinizado el diablo se hizo bueno, 

Y el ángel se impregnó de amor terreno ; 

Y al ser transfigurados de este modo, 
Por voluntad del que lo puede todo, 
Fué el ángel al infierno condenado, 

Y el diablo al cielo fué purificado. 
¿De qué gracia y malicia estará llena 
Mujer que con mirar salva ó condena? 



272 CAMPO A MOR 



LXXXIX 

MEMORIAS DE UN SACRISTÁN 



Dos de abril. — Un bautizo. — ¡Hermoso día! 
El nacido es mujer, sea en buen hora. 
Le pusieron por nombre Rosalía. 
La niña es, cual íu mr.dre, encantadora. 
Ya el agua del Jordán su sien rocía; 
Todos se ríen, y la niña llora. 
Cruza un hombre embozado el presbiterio ; 
Mira, gime y se aleja : aquí hay misterio. 



IT 



Á unirse vienen dos de amor perdidos. 
El novio es muy galán, la novia es bella. 
¿Serán en alma como en cuerpo unidos? 



DOLORAS 273 



Testigos, primas de él y primos de ella. 
En nombre del Señor son bendecidos. 
Unce el yugo al doncel y á la doncella. 
Dejan el templo, y al salir se arrima 
Un primo á la mujer, y él á una prima. 



III 



¡Un entierro! ¡Dichosa criatura! 
¿Fué muerto, ó se murió? Todo es incierto. 
Solos estamos sacristán y cura. 
¡Cuan pocos cortesanos tiene un muerto! 
Kacer para morir es gran locura. 
Suenan las diez. La iglesia es un desierto. 
Dejo al muerto esta luz, y echo la llave. 
Nacer, amar, morir : después... ¡quién sabe! 



CAMPOAMOR 



xc 

EL ANÓNIMO 



Sobre la tumba de ella escribió un día 

— ¡ Por darte vida á ti, me mataría ! — 
Y al otro día, por autor incierto. 

Con lápiz al final se vio añadido : 

— Si ella hubiese vivido, 

Ya de hastío tal vez la hubieras muerto. ■ 



DOLORAS 27) 



XCI 
NUEVO TÁNTALO 



Hay un rincón maldito en el infierno 
Desde el que, en vaga y celestial penumbra, 
Para aumentar el sufrimiento eterno, 
Otro rincón del cielo se columbra. 

¿Por qué de mi alma el tenebroso invierno 
La hermosa luz de tu semblante alumbra. 
Si es mirarse en tus ojos retratado 
Hacerle ver el cielo á un condenado ? 



276 CAMPOAMOR 



XCII • 

EL ALMEZ 



Junto á este mismo almez, á Rosa un día 
Hice votos de amarla eternamente. 
Se está oyendo en el aire todavía 

De mi acento el rumor. 
¿Por qué siento, mis votos olvidados. 
Esclavo de otra fe, nuevos ardores ? 
Pasa el tiempo de amar y ser amados, 

Mas no pasa el amor. 



II 



Otro día, á Rosaura encantadora 
Al pie del mismo almez juré lo mismo, 
Y recuerdo que, entonces, como ahora, 
Cantaba un ruiseñor. 



DOLORAS 277 

Pasó el tiempo, y los nuevos ruiseñores 
Vinieron d cantar á otra hermosura : 
Porque se van amados y amadores, 
Pero queda el amor. 



III 



Después, al pie de este árbol, iie sentido, 
Extático mirando á Rosalía, 
Momentos de emoción, en que he perdido 

Para siempre el color . 
¡ Ay! ¿Pasarán, como pasaron antes, 
Si no el amor, las almas que lo sienten? 
jSí ! ¡ que es siempre, siendo otros los amantes. 

Uno mismo el amor ! 



IV 



Almez, á cuyo pie tanto he adorado; 
De amores, que aun vendrán, altar querido; 
Que enciendes, recordando mi pasado. 

De mi sano;re el ardor... 
Tú morirás, cual muere nuestra llama, 
Y otro árbol nacerá de tu semilla. 
Porque aunque es tan fugaz todo lo que ama. 

Es ^,terno el amor. 

16 



278 CAMPOAMOR 



V 



Y cuando el mundo al fin sea extinguido 
Y se oiga en las regiones estrelladas 
Del orbe entero el último crujido 

En inmenso fragor, 
Dios de nuevo la nada bendiciendo, 
De ella hará otros almeces y otros mundos, 
E irá un hervor universal diciendo : 

— ¡Amor! ¡amor! ¡amor!... — 



DOLORAS 279 



XCIII 

¡ASÍ! 



I 



— Mira hacia allá. Tu eléctrica mirada 
r;Por qué se clava con ardor en mi? 
¡Es mi pecho un volcán! ¡muero abrasada! 
¡ No me mires así ! — 



II 



— Mira hacia acá. Tus ojos inconstantes 
Ya no se clavan con ardor en mí; 
Si he de vivir, mírame así... como antes... 
Fíjate bien : ¡así! — 



CAMPOAMOR 



XCIV 
EL ALMA EN VENTA 



Así con Satanás Julio habló un día : 

- ¿Quieres comprarme el alma? — Vale poco. 

- Tan sólo por un beso la daría. 
-Antiguo pecador, ¿te has vuelto loco? 
-¿Lacompras?— No.— ¿Porqué?— Porque ya es mía 



DOLORAS í.?! 



xcv 

EL OJO DE LA LLAVE 



No te ocupes en cosas ajenas, 
ni te entremetas en las cosas de 
los mayores. 
(Kempis, lib. I, cap. xxi.) 



A LOS aUINCE ANOS 

Dos hablan dentro muy quedo; 
Rosa, que á espiar comienza, 
Oye io que le da miedo, 
Ve lo que le da vergüenza. 
Pues, ¿qué hará que así le espanta 
Su amiga á quien cree una santa? 
Ko sé qué le da sonrojo. 
Mas... debe ver algo grave 

Por el ojo, 
Por el ojo de la llave. 



Ib. 



282 CAMPOAMOR 



El corazón se le salta 
Cuando oye hablar, y después 
Mira... mira... y casi falta 
La tierra bajo sus pies. 
¡ Ay ! si ya á vuestra inocencia 
No desfloró la experiencia, 
No miréis por el anteojo 
Del rayo de luz que cabe 

Por el ojo. 
Por el ojo de la llave. 

Desde que á mirar empieza, 
De un volcán la ebullición 
Sube á encender su cabeza. 
Va á inflamar su corazón. 
Claro; el ser que piensa y siente, 
Siempre, cual ella, en la frente. 
Tendrá del pudor el rojo 
Cuando de mirar acabe 

Por el ojo. 
Por el ojo de la llave. 

De aquel anteojo á merced 
Mira más... y más... y más... 
Y luego siente esa sed 
Que no se apaga jamás. 
Mas, ¿ qué ve tras de la puerta 
Que tanto su sed despierta? 



DOLORAS 2S5 



¿Qué? Que á pesar del cerrojo. 
Ve de la vida la clave 
Por el ojo, 
Por el 0)0 de la llave. 

Haciendo al peligro cara, 
Ve caer su ingenuidad 
La barrera que separa 
La ilusión de la verdad. 
Pero ¿qué ha visto, señor? 
Yo sólo diré al lector 
Que no hallará más que enojo 
Todo el que la vista clave 

Por el ojo. 
Por el ojo de la llave. 

Siguen sus ojos mirando 
Que habla un hombre á una mujer, 
Y van su cuerpo inundando 
Oleadas de placer. 
Su amiga de gracia llena, 
¿No es muy buena? ¡ah! ¡sí, muy buena!, 
¿Pero hay alguien cuyo arrojo 
De ser mirado se alabe 

Por el ojo. 
Por el ojo de la llave? 



284 CAMPO A MOR 



II 



A LOS TREINTA ANOS 

Mas, quince años después, Rosa ya sabe 

Con ciencia harto precoz, 
Que el mirar por el ojo de la llave 

Es un crimen atroz. 

Una noche de abril á un hombre espera : 

La humedad y el calor 
Siempre son en la ardiente primavera 

Cómplices del amor. 

Húmeda noche tras caliente día... 

Rosa aguarda febril. 
¡ Cuánta virtud sobre la tierra habría 

Si no fuera el abril ! 

Y como ella ya sabe lo que sabe. 

Después que el hombre entró. 
De hacia el frente del ojo de la llave 
Cual de un espect;o huyó. 

Y cuando al lado de él, junto á él sentada, 

En mudo frenesí 



DOLORAS 285 

Se hablan ambos de amor, sin decir nada, 
Rosa prorrumpe así : 

— ¿El ojo de la llave está cerrado? 

¡ Ay hija de mi amor! 
Si ella mirase, como yo he mirado... 

Voy á cerrar mejor. 



2cS6 CAMPOAMOR 



XCVI 

MIS LECTURAS 



/ Después de Job, para templar mi enojo 
Leo cantos de Byron con ardor; 
Pero, espantado de los dos, arrojo 
Si á Job con pena^ á Byron con horror. 

Entre un vil muladar y un negro infierno 
Me quita éste la fe, y aquél la calma ; 
Y al fin, entre el antiguo y el moderno, 
Prefiero el Job del cuerpo al Job del alma. 



DOLORAS ^ 287 



XCVIl 
A... 



No doy los tristes pensamientos míos 
Por tus sueños ligeros y rosados. 
Porque, á cráneos vacíos, 
Prefiero corazones disecados. 



2S3 CAMPOAMOR 



XCVIII 

LO DE SIEMPRE 



I 



Un galán la adoraba, 
Y ella reía, mientras él lloraba. 



II 



Después de cierto día, 
Mientras ella lloraba, él se reía, 



DOLORAS 289 



XCIX 

TEJER Y DESTEJER 



Gracias á ti, he caído 
En el horrible estado 
De olvidar cuanto puedo lo pasado, 
Y despreciar después cuanto no olvido. 



•\ 



"7 



CAMPOAMOR 



LA VIUDA Y EL FILÓSOFO 



Ella : — Muerto mi bien, me matará la pena. 
Él : — ¡ Ay ! ¡ cuánto envidia ese dolor mi hastío ! 
Ella : — ¡ Urna es mi corazón de polvo llena ! 
El : — Mi pecho es un sarcófago vacío. 
Ella : — i No hay suerte tan cruel como mi suerte ! 
Él : — ¡Dichosa la que amó y ha sido amada! 
Ella : — ¡ Hoy en mi corazón reina la muerte ! 
Él : — ¡En el mío es peor, reina la nada ! 



DOLORAS 29: 



c¡ 



Para querer á un rico, que es un necio, 
Por pobre me entregaste al abandono. 
Si ha sido por codicia, te desprecio ; 
Si ha sido por amor... j te lo perdono! 



CU 

NO HAY VIDA SIN TI 



• ¿Por qué quieres saber, Ana querida, 
En qué vive mi espíritu ocupado? 
Después que mi cariño has despreciado, 
Me ocupo sólo en despreciar la vida. 



292 



CA.MPOAM0R 



CÍÍI 

ELLOS Y ELLAS 



Se quieren dos; y él y ella 
De amor, ó de bondad, el pecho lleno. 
Mientras él nos pregunta — ¿es bella, es bella ?- 
Ella va preguntando : — ¿es bueno, es bueno? 



DOLORAS 



293 



CIV 

EL AMOR Y LA FE 



AL PIE DEL RETRATO DE QUINTANA, EN EL ÁLBUM DE 
LA SEÑORA CONDESA DE ANTILLÓN. 



Jamás cantó la fe ni los placeres, 
Pero probó su musa soberana 
Que no son ilusiones los deberes, 
Ni el patriotismo una palabra vana. 
Mas, no adorando a Dios ni á las mujeres, 
¿ Cómo amaba y creía el gran Quintana ? 
Yo, exceptuando el amor, nada deseo. 
Si suprimís á Dios, en nada creo. 



294 CAMPOAMOR 



cv 

CUESTIÓN DE NOMBRE 



De una hermosa pagana la existencia 
Salvó un cristiano, y, con fervor divino, 
La pagana dio gracias al Destino 
Y el cristiano alabó la Providencia. 



DOLORAS 29S 



CVI 

EL GAITERO DE GIJÓN 



A MI SOBRINA GUILLERMINA CAMPOAMOE Y DOMÍNGUEZ. 



I 



Ya se está el baile arreglando. 
Y el gaitero ; dónde está ? 

— Está á su madre enterrando, 
Pero enseguida vendrá. 

— Y ¿vendrá ? — Pues ¿qué ha de hacer? 
Cumpliendo con su deber 

Vedle con la gaita... pero, 
¡Cómo traerá el corazón 
El gaitero, 
El gaitero de Gijón ! 



296 CAMPOAMOR 



II 



j Pobre! ¡Al pensar que en su casa 
Toda dicha se ha perdido, 
Un llanto oculto le abrasa 
Que es cual plomo derretido ! 
Mas, como ganan sus manos 
El pan para sus hermanos, 
En gracia del panadero, 
Toca con resignación 
El gaitero. 
El gaitero de Gijón. 



ni 

¡ No vio una madre más bella 
La nación del sol poniente!... 
j Pero ya una losa, de ella 
Le separa eternamente ! 
¡Gime y toca ! ¡Horror sublime I 
¿Vías, cuando entre dientes gime. 
No bala como un cordero. 
Pues ruge como un león 
El gaitero, 
El gaitero de Gijón. 



DOLORAS 297 



IV 



La niña más bailadora, 
— ¡ Aprisa ! — le dice — ¡ aprisa ! 

Y el gaitero sopla y llora. 
Poniendo cara de risa. 

Y al mirar que de esta suerte 
Llora á un tiempo y los divierte, 
¡ Silban, como Zoilo á Homero, 
Algunos sin compasión 

Al gaitero, 

Al gaitero de Gijónl 



Dice el triste en su agonía, 
Entre soplar y soplar : 
— ¡ Madre mía, madre mía, 
Cómo alivia el suspirar ! 
Y es que en sus entrañas zumba 
La voz que apagó la tumba; 
¡ Voz que, pese al mundo entero. 
Siempre la oirá el corazón 
Del gaitero. 
Del gaitero de Gijónl 



^1 



298 CAMPOAMOR 



VI 

Decid, lectoras, conmigo : 
¡ Cuánto gaitero liay asi ! 
Preguntáis ¿ por quién lo digo? 
Por vos lo digo, y por mí. 
¿No veis que al hacer, lectoras, 
Doloras y más doloras. 
Mientras yo de pena muero, 
Vos las recitáis, al son 
Del gaitero. 
Del gaitero de Gijón?... 



DOLORAS 299 



CVII 
LOS EXTREMOS SE TOCAN 



Mientras la abuela una muñeca aliña 
Y, haciéndose la niña, se consuela; 
Haciéndose la vieja, usa la niña 
El báculo y la cofia de su abuela. 



300 CAMPOAMOR 



CVIII 
LA CONDICIÓN 



Al regresar del otero. 
Lleno de gozo y cariño 
Les dio á una niña y un niño 
Dos pájaros un cabrero. 
Dándole un beso primero, 
La niña al suyo soltó ; 
Al pájaro que quedó 
No se le pudo soltar. 
Porque el niño, por jugar. 
El cuello le retorció. 



DOLORAS 301 



CIX 

LAS TRES NAVIDADES 



Colgó un zapato Luz con blanca mano 
En la noche de Reyes al sereno. 
Pasó, haciendo de rey, Ana su tía, 
Y, al despertar la niña muy temprano. 
Viendo de dulces el zapato lleno. 
Se puso colorada de alegría. 



II 



Puso Luz su zapato á la ventana 
En la noche de Reyes con recato. 
Pasó un rey, que era un joven de alma pura, 
Y Luz, al despertar por la mañana. 
Encontrando una flor en el zapato 
Se puso colorada de ternura. 



302 CAMPOAMOR 



III 



Ya es Luz una mujer; mas suele ahora 
El zapato colgar lo mismo que antes ; 
Y un Creso, que en poder no hay quien lo venza, 
Pasa haciendo de rey, y ella á la aurora 
Al ver lleno el zapato de brillantes. 
Se pone colorada de vergüeñ:<^a. 



DOLORAS 303 



ex 

CUESTIÓN DE FE 



Ya el amor los hastía 

Y hablan de astronomía ; 

Y en tanto que él, impío. 
Llama al cielo el vacío, 
¡Ella, con santo celo. 
Llama al vacío el cielo! 



CXI 

AMOR AL MAL 



Por más que me avergüenza, y que lo llorO; 
No te amé buena, y pérfida te adoro. 



304 CAMPOAMOR 



CXII 
VERDAD DE LAS TRADICIONES 



I 



Vi una cruz en despoblado 
Un día que al campo fui, 
Y un hombre me dijo : — « Allí 
Mató á un ladrón un soldado. » 



II 



Y ¡ oh pérfida tradición ! 
Cuando del campo volví, 
Otro hombre me dijo : — « Allí 
Mató á un soldado un ladrón. » 



DOLORAS 305 



CXIIl 

MAL DE AMOR 



¡Ya no tengo esperanza 
De que acabe jamás la pena mía, 
Pues al perder en ri mi confianza ^ 
Ko he perdido el amor que te tenía ! 



506 CA.NfPOAMOR 



CXIV 
LA NOCHE-BUENA 



Son hija y madre ; y las dos 
Con frío, con hambre y pena, 
Piden en la Noche-Buena 
Una limosna por Dios. 



II 

— Hoy los ángeles querrán - 
La madre á su hija decía, 
— Que comamos, hija mía, 
Por ser Noche-Buena, pan. — 



DOLORAS 



III 



30/ 



Y al anuncio de tal fiesta, 
Abre la madre el regazo, 

Y sobre él á aquel pedazo 
De sus entrañas acuesta. 

IV 

Al pie de un farol sentada. 
Pide por amor de Dios... 

Y pasa uno... y pasan dos... 
Mas ninguno le da nada. 

V 

La niña con triste acento 

— Pero ¿y nuestro pan ? — decía, 

— Ya llega — le respondía 

La madre... y ¡llegaba el viento! 

VI 

Mientras de placer gritando 
Pasa ante ellas el gentío, 
La niña llora de frío, 
La madre pide llorando. 



308 CAMPOAMOR 



VII 

Cuando otra pobre como ella 
Una moneda le echó, 
Recordando que perdió 
Otra niña corno aquella. 

VIII 

— Ya nuestro pan ha venido — 
Gritó la madre extasiada... 
Mas la niña quedó echada, 
Como un pájaro en su nido. 

IX 

¡Llama... y llama!... ¡Desvarío! 
¡ Nada hay ya que la despierte : 
Duerme; está helando, y la muerte 
Sólo es un sueño con frío ! 



X 



La toca. Al verla tan yerta, 
Se alza ; hacia la luz la atrae, 
Se espanta, vacila... y cae 
Á plomo la niña muerta. 



DOLORAS 



309 



XI 



Del suelo, de angustia llena, 
La madre á su hija levanta. 
Y en tanto un dichoso canta : 
— jEsta noche es Noche-Buena I. 



510 CAMPOAMOR 



cxv 

LAS BUENAS PECADORAS 



Después de días de tormentas llenos 
Te vi en misa rezar con santa calma, 
Y dije para mí : — a Del mal el menos; 
Da el cuerpo al diablo, pero á Dios el alma. » 



DOLORAS 3:1 



CXVI 
LA LEY DEL EMBUDO 



De su honor en menoscabo, 
Faltó un esposo á su esposa; 
Ella perdonó amorosa, 

Y el público dijo : — ¡Bravo! 
Faltó la mujer al cabo. 
Harta de tanto desdén, 

Y el falso esposo ¿ también 
Perdonó á la esposa ? No : 
El esposo la mató, 

Y el público dijo : — ¡ Bien! 



12 CAMPOAMOR 



CXVII 

ROGAD Á TIEMPO 



Marchando con su madre, Inés resbala, 
Cae al suelo, se hiere, y disputando 
Se hablan así después las dos llorando : 

— ¡Si no fueras tan mala!... — No soy mala. 

— ¿Qué hacías al caer?... — ¡Iba rezando! 



DOLORAS jij 



CXVIII 
HERO Y LEANDRO 



Á Hero Leandro adoraba, 
Y, por verla, enamorado 
El Helesponto cruzaba 
Todas las noches á nado. 



II 



Y, según la fama cuenta, 
Hero una luz encendía 
Que en las noches de tormenta 
De faro al joven servía. 

i8 



514 CAMPOAMOR 



III 

Una noche á Hero, cansada 
De mirar hacia Bizancio, 
Rendida, aunque enamorada, 
La hizo dormirse el cansancio. 

IV 

Y esto su amor no mancilla, 
Pues todas, lo mismo que Hero, 
Tienen el cuerpo de arcilla 
Aun teniendo alma de acero. 



V 



Y lo más triste es, que apenas 
La pobre Hero se durmió, 
Cuando un aire desde Atenas 
La luz, soplando, apagó. 

VI 

Viendo él la luz apagada. 
Sintió aquel olvido tanto, 
Que maldiciendo á su amada, 
Abrasó el mar con su llanto. 



DOLORAS 3I) 



VII 



Y queriendo, ó sin querer, 
De pena se dejó ahogar, 
Sin que él pudiese saber 

Si le ahogó el llanto ó la mar. 

VIII 

Lo cierto es que al desdichado, 
Al rayo del sol primero, 
La tormenta le echó, ahogado, 
Al pie de la torre de Hero. 

IX 

Y cuando muerto le vio, 
Hero, cual Leandro fiel. 
Se arrojó al agua y murió. 
Como él, por él, y con él. 



X 



¡ Que ellas, fuertes en amar 
Y flacas en resistir, 
Si duermen para esperar. 
Despiertan para morir! 



3l6 CAMPOAMOR 



CXIX 

GUARDAS INÚTILES 



Ya anocheció: ¿quieres que hablemos, Lola, 

Aquí, á solas los dos ? 
La que es buena, señor, nunca está sola. 

Pues está con su madre ó está con Dios. 



II 



Lola, ¿ es verdad que un día os encontraron 

Solos, allí, á los dos? 
Eso es porque aquel día se quedaron 

Mi madre en casa y en el cielo Dios. 



DOLORAS 317 



cxx 

CONTRASTES 



I 



¡ Mucho le amaste y te amó ! 
¿Recuerdas por quién lo digo? 
Era tu amante }'■ mi amigo. 
¡Amaba, sufrió... y murió! 
Cuando su entierro pasó, 
Todos te oyeron gemir. 
Mas yo, Inés, al presentir 
Que lo habías de olvidar. 
Sentí, viéndote llorar, 
La tentación de reír. 



II 

Al año justo ¡oh traición! 
Al baile fui de tu boda, 



3l8 CAMPOAMOR 



Y allí, cual la villa toda. 
Vi el gozo en tu corazón. 

; Y el muerto? ¡En el panteón! 
¡ Ay ! ¡ cuando olvidada de él 
Á otro jurabas ser fiel. 
Yo, al verte reir, gemí, 

Y dos lágrimas vertí 
Amargas como la hiél ! 



III 

Primero amor : ¡ luego olvido ! 
Aquí tienes explicado" 
Por qué en el baile he llorado 

Y en el entierro he reído. 

¡ Siempre este contraste ha sido 
Ley del sentir y el pensar ! 
¡ Por eso no hay que extrañar 
Que, quien lee en lo porvenir, 
Vaya á un entierro á reir 

Y acuda á un baile á llorar! 



DOLORAS 319 



CXXI 

UN CIELO EN EL INFIERNO 



Quiero morir contigo, si el destino 
Nos ha de conducir á aquel infierno 
En que, unidos en raudo torbellino, 
Se dan Paolo y Francesca el beso eterno. 



320 CAMPOAMOR 



CXXII 
DOS LIBROS DE MEMORIAS 



LO ESCRITO EN EL LIBRO DE EL 

Así se hace uno querer. 
¡ Cuánto gusto á aquella fatua 
Con mis posturas de estatua ! 
Miro... y mira... al fin, mujer. 
Escribe para hacer ver 
Que tiene las manos bellas. 
¿Se va ? Pues sigo sus huellas, 
Porque prueba su rubor 
Que ya está muerta de amor. 
Ésta es como todas ellas. 



DOLORAS 321 

II 

LO ESCRITO EN EL LIBRO DE ELLA 

Aquel don Juan de parada 
Pone para enternecerme 
Los ojos como quien duerme. 
Cree el muy necio que me agrada, 
i Qué osadía en la mirada ! 
¡ Qué modos tan importunos ! 
Me voy, me voy ; hay algunos 
Que, amantes dignos de algunas, 
Creen que todas somos unas 
Porque ellos todos son unos. 



322 CAMPOAMOR 



CXXIII 
EL GRAN PROTEO 



Porque amaste en tres años á tres hombres, 
¿Te juzgas una infiel? No, vida raía. 
El amor se transforma, y no varía; 
Un mismo amor puede tener mil nombres. 



DOLORAS 32} 



CXXIV 

LO aUE SE PIENSA AL MORIR 



I 



Cree b vulgar opinión 
Que el alma de un moribundo 
Piensa, más que en este mundo. 
En Dios y en la salvación. 
Oye, Leonor, la canción 
Qiie hirió el pensamiento mío 
Ai son del eco sombrío 
De mi funeral campana : 
— « Cucú, cantaba la rana, 
Cucú, debajo del río. 



II 

Partiste, y del sentimiento 
En cama enfermo caí. 



• 524 CAMPOAMOR 



Y cuando á exhalar por ti 
Iba ya mi último aliento, 
Embargó mi pensamiento. 
En vez de tu amor y el mío. 
Este cantar tan vacío 
Que oí de niño á mi hermana : 

— « Cucú, cantaba la rana, 
Cucú, debajo del rio. » 

III 

Y como todo el que olvida 
Es de salud un dechado, 
Después que te hube olvidado 
Volví otra vez á la vida. 
Aun vivo muerto, querida. 
Pensando con hondo hastío 
Que tú, en vez del canto mío, 
Oirás, al morir, mañana : 

— « Cucú, cantaba la rana, 
Cucú, debajo del río. » 

IV 

¿k qué tan grande inquietud 
Para llenar la memoria 
De tantos sueños de gloria, 
De amor y de juventud, 



DOLORAS 325 



Si, al llegar al ataúd, 
Podrán tu pecho y el mío 
No oír más que el tema frío 
De esta canción de mi hermana : 
— « Cucú, cantaba la rana, 
Cucú, debajo del río? « 



í9 



326 CAMPOAMOR 



cxxv 

LOS PROGRESOS DEL AMOR 



I 



Así un esposo le escribió á su esposa : 
— «Ó vienes, ó me voy. ¡ Te amo de modo 
Que es imposible que yo viva, hermosa. 
Un mes lejos de ti ! 
¡ Mi amor es tan profundo, tan profundo, 
Que te prefiero á todo, á todo, á todo!... » — 
Y ella exclamó : — « No hay nada en este mundo 
Que él quiera como á mi! » — 



II 



Mas pasan unos meses, y la escribe : 
— « ¡ Qué hermoso debe estar nuestro hijo amado ! 
¡Sólo él, él sólo, en mis entrañas vive! 
Piensa en él más que en ti. 



DOLORAS 327 

Su cuna se pondrá junto á mi cama. 
No hay cielo para mí más que á su lado. » — 
Y ella prorrumpe : — « ¡ Es que, el ingrato, ya ama 
Al hijo más que á mí ! » — 



III 



Después de algunos años la escribía : 
— « Espérame. Ya sabes lo que quiero : 
Mucho orden, mucha paz y economía. 
¿Estás? Yo soy así. 
Cierra el coche ; me espanta el reumatismo. 
Avísale que voy al cocinero. » — 
Y ella pensó : — « Se quiere ya á sí mismo 
Más que al hijo y que á mí ! » — 



328 CAMPOAMOR 



CXXVI 

EL ÚLTIMO AMOR 



I 



Ve un hombre amante á una mujer muy bella ; 
Mas, por fatal disposición del hado. 

Ella es más joven, y él 
Calla su amor, porque le apartan de ella 
Treinta años, en que el triste ha derramado 

Un mar de llanto y hiél. 



II 



¿ Qué pasa luego ? Nada. Que entre tanto 
Que ella un amor inmenso, aunque tardío. 

Mira en él con piedad. 
Por la parte de allá del mar de llanto, 
« ¡Adiós — dice él — último sueño mío, 
Hasta la eternidad! »... 



DOLORAS 



329 



CXXVII 

VENUS SACRATÍSIMA 



Una estatua de Venus Citerea 

Vio un Abad en un huerto abandonado ; 

La vistió, y con fervor 
Llevándosela al templo de una aldea, 
Transformó aquella afrenta del pasado 

En virgen del pudor. 



¡ Grande impiedad ! La diosa que en Oriente 
Se hace adorar porque al desnudo ostenta 

Su hermosura carnal. 
Cubierta con un velo, en Occidente 
Encantando á los fieles, representa 

La belleza moral ! 



330 CAMPOAMOR 



¡ Hondos misterios de la fe que ignoro ! 
Se deja Venus contemplar sin velo, 

Y es ideal lo real. 

Mas se cubre después con seda y oro, 
Y Venus pasa del Olimpo al Cielo, 

Y es lo real ideal. 



DOLORAS 331 



CXXVIII 

UNA CITA EN EL CIELO 



— «En la noche del día de mi santo » 
(Á Londres me escribiste) 
« Mira la estrella que miramos tanto 
La noche en que partiste. » 

Pasó la noche de aquel día, y luego 
Me escribiste exaltada : 
— « Uní en la estrella á tu mirar de fuego 
Mi amorosa mirada. » — 

Mas todo fué ilusión; la noche aquella, 
Con harta pena mía. 
No pude ver nuestra querida estrella... 
Porque en Londres llovía. 



332 CAMPOAMOR 



CXXIX 

ROSAS Y FRESAS 



I 



Porque lleno de amor te mandé un día 
Una rosa entre fresas, Juana mía, 
Tu boca, con que á todos embelesas. 
Besó la rosa sin comer las fresas. 



II 



Al mes de tu pasión, una mañana 
Te envié otra rosa entre las fresas, Juana; 
Mas tu boca, con ansia^ y no amorosa. 
Comió las fresas sin besar la rosa. 



DOLORAS 355 



cxxx 

EL GRAN FESTÍN 



T 



De un junco desprendido, á una corriente 
Un gusano cayó ; 

Y una trucha, saltando de repente, 

Voraz se lo tragó. 
Un martín-pescador cogió á la trucha 
Con carnívoro aíán ; 

Y al pájaro después, tras fiera lucha. 

Lo apresó un gavilán. 
Vengando esta cruel carnicería. 

Un diestro cazador 
Dio un tiro al gavilán, que se comía 

Al martín-pescador. 
Pero ¡ ay ! al cazador desventurado 

Que al gavilán hirió, 

19- 



334 CAMPOAMOR 



Por cazar sin licencia, y en vedado, 
Un guarda lo mató. 
Á otros nuevos gusanos dará vida 
Del muerto la hediondez. 

Para volver, la rueda concluida, 
A empezar otra vez. 



II 



¿Y el amor? ¿Y la dicha? Los nacidos, 
¿ No han de tener más fin 
Que el de ser comedores y comidos 

Del universo en el atroz festín?... 



FIN DE I A CUARTA ÉPOCA 



QUINTA PARTE 



CXXXI 

LA LEY DEL HAMBRE 



Corre la madre al motín, 
Adonde el rencor la llama, 
Dejando un niño en la cama 
Bello como un serafín; 

Niño que al ver junto al lecho 
De una Virgen el retrato, 
Que da alegre y sin recato 
Á un niño Jesús el pecho. 



336 CAMPOAMOR 



Con hambriento frenesí 
Ansioso á la Virgen toca 
En los pechos y en la boca, 
Como diciendo : « ¡ á mí, á mí ! » 

Pero, aunque con vivo anhelo 
El niño el pecho pedía. 
La Virgen se sonreía 
Más impasible que eí cielo. 

Y mientras la madre hiere 
Gritando : « ¡ muera el tirano ! y> 
Y hambrienta y puñal en mano 
Lucha y lucha, y mata y muere. 



El niño, exánime y yerto, 
Hunde el dedo en el papel, 
Gime airado, tira de él. 
Rasga el cuadro, y cae muerto, 

¡ Así, venciendo á los dos 
Del hambre la dura ley. 
Ella, inicua, mata al Rey, 
Y él, impío, rasga á Dios ! 



DOLORAS 337 



CXXXII 

LO QUE ES EL OLIMPO 



¿ Qué es el Olimpo ? — Para el niño un juego 
De pájaros, de músicas y flores. — 
¿Qué es para el joven? — Lupanar de amores, 
Eterna forma del Elíseo griego. — 

¿ Qué es para el hombre ? — Para el hombre ciego 
Es un templo de glorias y de honores; 
Y el viejo se lo finge en sus dolores 
Como un rincón de paz y de sosiego. — 

Y el viejo ya senil, ¿en qué convierte 
Del Olimpo la espléndida morada ? — 
En un no ser, que es menos que la muerte. 

¡Así la infancia y la vejez helada 
Van cambiando el Olimpo de esta suerte 
En ñores, en. amor, en pa:^, en nada! 



358 CAMPOAMOR 



CXXXIII 

LOS TRES GUARDAPELOS 



1 



La madre de mi amor, que está en el cielo. 
Cuando era niño aún, como un tesoro 
Llevaba en un hermoso guardapelo 
Cabellos míos del color del oro. 



II 



Otra mujer, que con el alma toda 
Me quiere, tan leal como hechicera, 
Aun guarda desde el día de mi boda 
Un rizo de mi obscura cabellera. 



DOLORAS 359 



III 



i Ay ! j como nadie, por horror al frío, 
Quiere hoy tocar de mi cabeza el hielo. 
Ya sólo para ti, cabello mío, 
Mi sepulcro será tu guardapelo ! 



540 



CAMPOAMOR 



CXXXIV 
VIAJE REDONDO 



I 

Á LA IDA 

Parte el buque, v lo bate inútilmente 
La tempestad. ¿Porqué? 

Porque al ir, la tormenta es impotente 
Contra el genio y la fe. 

Sobre el buque los pájaros cayeron 

Cansados de sufrir. 
Los hombres, sin piedad, se los comieron ; 

Salió el sol, y ¡ á vivir! 

¡ Qué hermoso es el principio de la vida ! 

¡ Sentir, creer, triunfar ! 
jUn viaje, en buque nuevo, es á la ida 

Un festín sobre el mar! 



DOLORAS 341 

II 

Á LA VUELTA 

Nada, á la vuelta, á resistir alcanza 

Los ímpetus del mar. 
¡Sin juventud, sin fe, sin esperanza. 

Es inútil luchar ! 

De pedazos del buque haciendo naves, 

Y ansiando otro festín, 

En cómoda actitud vieron las aves 
El naufragio hasta el íin ; 

Y haciendo ellas después lo que antes vieron, 

Con un hambre voraz 
Las aves álos hombres se comieron... 

Y j todo quedó en paz ! 



542 



CAMPOAMOR 



cxxxv 

CABALLOS Y CABALLEROS 



Cercado un francés quedó, 
Pero, escapando ligero 
El caballo, al caballero 
De los prusianos salvó. 
De éstos el corcel huyó 
Con tanto ardor y constancia, 
Que el francés con arrogancia, 
Después que pasó el rastrillo. 
Desde su propio castillo. 
Libre gritó : — ¡ Viva Francia ! 



II 



Sitiado por hambre, v fiero 
Destrozándolo á sablazos. 



DOLORAS 343 

Se fué comiendo á pedazos 
Al caballo el caballero. 
— ¿Al que lo salvó primero 
Lo pudo él matar después ? — 
¡ Sí ! ¡ por un vil interés 
Hacen mil gentes que callo 
Lo que hizo con su caballo 
El caballero francés ! 



344 CAMPOAMOR 



CXXXVI 

LA INSURRECCIÓN DEL AGUA 



Una fuente de un valle en Santa Elena 

Ve correr Napoleón, 
Cierto día de invierno en que la pena 

Le atrofia el corazón. 



— « Como yo — murmuró — que impenitente 

Caeré en el ataúd, 
Aspirando á ser mar vive esta fuente 
En perpetua inquietud. » — 

Y una pobre aguadora que le oía, 
Contestó á Napoleón : 

— « El agua con su eterna rebeldía 

Huye de la opresión. 



DOLORAS 345 



¿ Cómo, señor, el agua de las fuentes 

Tranquila podrá estar, 
Si la arrastran, en tierra las pendientes. 

Los vientos en el mar ? » — 

Sintiendo un frío que le llega al alma. 

Dice el héroe : — «Es verdad : 

Buscando el agua en su nivel la calma, 
Busca la libertad. 

La insurrección del agua de esta fuente 

No se podrá calmar 
Hasta que halle cabida suficiente 

En la extensión del mar. 

Con los diques que alzó mi tiranía 
He faltado al deber, 

Y trajo, en vez del orden, la anarquía 

Mi omnímodo poder. 

¡Si! ¡sí! ¿Pese á mi nombre, no es la historia 

Una vieja locuaz. 
Cuando dice que el mundo, antes que gloría. 

Pide á los dioses paz. » — 

Y terminó diciendo : — «En el planeta. 

La loca humanidad, 
Como esa agua que corre, estará quieta 
Cuando esté en libertad. » — 



540 CAMPOAMOR 



j Y al pensar que ha llevado el desconcierto 

Al mundo su poder, 
Con la cara más lívida que un muerto 

Mira el agua correr !... 



' 



DOLORAS 347 



CXXXVII 

LA FE DE LAS MUJERES 



Qerto monte por su altura 
No dejaba ver el mar 
Desde la casa del cura 
De un luear. 



Para ampliar el horizonte. 
Con un cuento baladí 
Trasportó el cura aquel monte. 
— ¿ Cómo ? — Así : 

— «A las que una piedra — dijo 
Lleven de aquel monte, Dios 
Les dará á algunas un hijo, 
Y á otras dos. » — 



348 CAAIPOAMOR 



Hubo mujer diligente 
Que se llevó de una vez, 
No una piedra solamente. 
Sino diez. 

Con fe rubias y morenas 
Fueron al monte á buscar 
Más hijos-piedras que arenas 
Tiene el mar. 

Despojando grano á grano 
Las niñas el monte aquel. 
Lo pusieron con el llano 
Á un nivel. 

Perdió así el monte su altura, 
Y al fin vino á resultar 
Que desde casa del cura 
Se vio el mar. 

i Como cree con las entrañas 
Toda mujer, cuando cree, 
Trasporta hasta las montañas 
Con la fe ! 



DOLORAS 349 



CXXXVIII 
EL SOL PERDIDO 



I 



Un sabio, á cuya hija fué la muerte 

De la cuna á arrancar, 
Como sabio, á la madre de esta suerte 

La quiere consolar : 

— « ¡Oh, qué inmenso dolor! ¡ esas estrellas 

Que ves resplandecer. 
Circundaban á un sol más grande que ellas 

Que se ha apagado ayer! 

¡ Cuántos hijos y padres sin consuelo 

Habrán muerto quizás 
En ese sol que se perdió en el cielo 

Para siempre jamás! » — 

20 



3)0 CAMPOAMOR 



II 



Mirando con desprecio al firmamento 

Mientras el padre habló, 
— « ¿ Qué le importa tu ciencia al sentimiento ? 

La madre replicó : — 

Si hoy falta en el espacio de una estrella 

El pálido arrebol. 
La cuna de tu hija está sin ella 

Como el cielo sin sol. 

No hay locura mayor que la locura 

De querer comparar 
Un sol con aquel ser cuya hermosura 

Al cielo fué á alegrar. 

¡ Ha muerto un sol, mas de la niña bella 

Al invencible imán, 
En el espacio azul, al paso de ella. 

Mil soles brotarán. 

¡Ay! ¡desde el día en que sus labios fríos 

Quedaron sin color, 
No habrá sol que á los tuyos ni á los míos 

Les devuelva el calor 1 



DOLORAS 



351 



j Ya esta cuna vacía nos condena 
Á eterna soledad ! . . . » — 

Y el sabio murmuró con honda pena : 

— a ¡Es verdad! ¡Es verdad! » — 



TU 

j É implorando los padres sin fortuna 
La clemencia de Dios, 

Se abrazaron, cayendo ante la cuna 
De rodillas los dos! 



352 



CAMPOAMOR 



CXXXIX 

EL BUEN EJEMPLO 



Dejó un proyectil perdido, 
De una batalla al final, 
Junto á un asistente herido, 
Medio muerto d un oreneral. 



Mientras grita maldiciente 
El general : — « ¡Voto á brios!... » 
Resignado el asistente 
Murmuraba : — « ¡ Creo en Dios ! » 

- Callan, volviendo á entablar 
Este diálogo al morir : 
— ; Tú qué haces, Blas ? — ¿ Yo ? Rezar. 
¿Y vos, señor? — ¡Maldecir' 



DOLORAS 533 

¿Qiiiénte enseñó á ornr? — Mi madre. 

- La mujer toda es piedad. 

- ¿Y á vos á jurar? — Mi padre. 

- Claro, siendo hombre... — ¡Es verdad! 



— Rogad, señor, como yo. 
— Eso es tarde para mí. 
Yo no creo... porque no. 
Tú, ¿ por qué crees } — 'Porque sí. 



— Ya liay buitres en derredor 
Que nos quieren devorar. 
— ¡ Son los ángeles, señor, 
Que nos vienen á salvar ! — • 



Y ambos decían verdad. 
Pues á menudo se ve 
Que halla buitres la impiedad 
Donde halla ángeles la fe. 



— ¡Adiós, señor! — ¿Dónde vas? 

— Voy allí... — ¿Dónde es allí? 

— Á la gloria. .. — ¿Y dejas, Blas, 
A tu general aquí ? 



354 



CAMPOAMOR 



No me dejes, mal amigo. 
— Pues venga esa mano. — Ten; 
Y aunque dudé, iré contigo 
Creyendo en tu Dios también. — 



Y así, cuando ya tenían 
Una misma fe los dos, 
Abrazados repetían 
El « ¡ creo eií Dios ! » « ¡ creo en Dios ! » 



Y como era ya un creyente, 
Pasó, lo que es natural, 
Que, abrazado á su asistente. 
Subió al cielo el general. 



FIN DE LA aUINTA ÉPOCA 



Índice 



Pág. 

Prólogo vii 

DOLORAS 



PRIMERA PARTE 

I. Cosas de la edad i 

II. Glorias de la vida 5 

III. Ventajas de la inconstancia 7 

IV. Los sollozos 10 

V. Quien vive olvida 11 

VI. Las dos almas 14 

VIL No hay dicha en la tierra 17 

VIII. La virtud del egoísmo 19 

IX. Propósitos vanos 21 

X. La ciencia de la vida 25 

XI. Vanidad de la hermosura 27 

XII. Vivir es dudar 29 

XIII. Poder de la belleza 31 

XIV. Todo se pierde 35 

XV. La compasión 37 

XVI. Corta es la vida 42 

XVII. Virtud de la hipocresía 44 

XVUI. El concierto de las campanas 47 

XIX. Glorias postumas 49 

XX. Vivir muriendo 52 

XXL Nada de nada, nada por nada 55 

XXII. Vaguedad del placer 57 

XXIII. Últimas abjuraciones 61 

XXIV. Quien más pone pierde más 64 



356 



IXDICE 



XXV. 

XXVI. 

XXVII. 

XXVIII. 

XXIX. 

XXX. 

XXXI. 

XXXII. 

XXXIII. 

XXXIV. 

XXXV. 



XXXVI. 

XXXVII. 

XXXVIII. 

XXXIX. 

XL. 

XLI. 

XLII. 

XLIII. 

XLIV. 

XLV. 

XLVI. 

XLVII. 

XLVIII. 

XLIV. 

L. 

LI. 

LII. 

Lili. 

LIV. 

LV. 

LVI. 



Pág. 

Adiós para siempre 67 

Beneficios de la ausencia 6ti 

El amor inmortal 71 

Buenas cosas mal dispuestas .... 74 

¡Ay del que nace ó muere! 87 

Historia de un amor 88 

Porvenir de las almas 93 

Todos son unos gó 

Proximidad del bien loi 

Placeres tristes 103 

La dicha es la muerte 105 

SEGUNDA PARTE 

La opinión 107 

¡ Quién supiera escribir ! 109 

Amar al vuelo 113 

El beso 118 

Lo que es eterno 123 

Fuenie inagotable 126 

¡Más!... ¡Más! 131 

Cosas del tiempo 136 

Engaños del engaño 136 

Todo está en el corazón 137 

¿Qué es amor? 138 

Las dos grandezas 142 

Achaques de la vejez 145 

Sufrir es vivir 150 

Los dos espejos . . . 152 

La Fe y la Razón 153 

Las creencias 159 

Amor y gloria 167 

Nunca olvida quien bien ama 168 

Todo es uno y lo mismo. .... 169 

El se.\to sentido 177 



ÍNDICE 



357 



Pig- 

LVII. Los dos pecadores i8i 

LVIII. Muertos que viven ». • • 182 

LIX. Las dos linternas 183 

LX. El mayor castigo 186 

LXL Músicas que pasan 187 

LXIL El café 189 

LXIIL Dramas desconocidos 195 

LXIV. La metempsicosis 196 

LXV. Las dos tumbas 199 

LXVL La comedia del saber 200 



LXVIL 

LXVin. 

LXIX. 

LXX. 

LXXL 

LXXIL 

LXXIII. 

LXXIV. 

LXXV. 

LXXVL 

LXXVÍL 

Lxxvm. 

LXXIX. 



LXXX. 

LXXXL 

LXXXIL 

LXXXIH. 

LXXXIV. 

LXXXV. 



TERCERA PARTE 

La verdad y las mentiras 211 

La ambición 215 

Los grandes hombres 214 

Los relojes del rey Carlos 217 

Lo que hace el tiempo 220 

Fin y moral de la Iliacla 228 

La ciencia nueva de Vico 230 

La historia de Augusto 234 

Antinomias del genio 238 

Las doloras 242 

La gran Babel 250 

Todo y nada 255 

Los dos cetros 256 

CUARTA PARTE 

Los dos miedos 265 

La liitima palabra 264 

Á rey muerto, rey puesto 265 

Hastío 266 

Las dos copas 267 

Mal de muchas 269 



5S8 



índice 



Pág. 

LXXXVI. Bodas celestes 269 

LXXXVII. L* dos esposas 270 

LXXXVIII. Conversiones 271 

LXXXIX. Memorias de un sacristán 272 

XC. El anónimo • . . . . 274 

XCI. Nuevo Tántalo 275 

XCII. El almez 276 

XCIII. i Asi ! 279 

XCIV. El alma en venta 280 

XCV. El ojo de la llave 281 

XCVI. Mis lecturas 286 

XCVII. A 287 

XCVIII. Lo de siempre 288 

XCIX. Tejer y destejer 289 

C. La viuda y el filósofo 290 

CL 291 

en. No hay vida sin ti 291 

CIIL Ellos y ellas 292 

CIV. El amor y la fe 293 

CV. Cuestión de nombre 294 

CVI. El gaitero de Gijón 295 

CVII. Los extremos se tocan 299 

CVin. La condición 300 

ClX. Las tres Navidades 301 

ex. Cuestión de fe 303 

CXL Amor al mal 303 

CXn. Verdad de las tradiciones . . . , . 304 

CXIIL Mal de amor 305 

CXIV. La Noche-buena 306 

CXV. Las buenas pecadoras. ..... 310 

CXVL La ley del embudo 311 

CXVIL Rogad á tiempo 312 

CXVIII. Hero y Leandro 313 

CXIX. Guardas inútiles 316 

CXX. Contrastes 317 



índice 



359 



CXXI. 

CXXII. 

CXXIII. 

CXXIV. 

CXXV. 

CXXVI. 

CXXVII. 

CXXVIIl. 

CXXIX. 

cxxx. 



CXXXI. 
CXXXII. 

CXXXIII. 
CXXXIV. 

cxxxv. 

CXXXVI. 
CXXXVII. 
CXXXVIII. 
CXXXIX. 



Pig. 

Un cielo en el infierno 319 

Dos libros de memorias 320 

El gran Proteo 322 

Lo que se piensa al morir 323 

Los progresos del amor 326 

El último amor 328 

Venus Sacratísima 329 

Una cita en el cielo 331 

Rosas y fresas 332 

El gran festín 333 

QUINTA PARTE 

La ley del hambre 335 

Lo que es el Olimpo 337 

Los tres guardapelos 338 

Viaje redondo 340 

Caballos y caballeros 342 

La insurrección del agua 344 

La fe de las mujeres 347 

El sol perdido 349 

El buen ejemplo 352 



París. — Imprenta de Garnier hermanos. 



o 



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PQ Campoamor y Cgonpoosorio, 

6511 Ramón María de las Mercedes 

D6 de 

1892 Doloras y poemas por 

v,i Ramón de Campoamor